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Titulo:
LIBERACIÓN: Ven por mí... Autor: I-Chan Serie: Castlevania COD Personajes: Hector x Isaac Clasificacion: PG Capitulo 1: PG beta: None
El bosque se encontraba silencioso. Pero de tanto en tanto, el sonido de arbustos moverse, provocaba que el joven mirase con aire inquisidor y amenazante. Parecía un animal herido, pero a la vez daba miedo por su presencia. Su respiración era errática, y su cuerpo se movía con pesadez entre los árboles. De sus heridas manaba sangre, y los animales estaban al tanto de esto. Miró por encima de su hombro, y vio los destellos de las antorchas a la distancia. La gente del pueblo todavía le perseguía, y solo pudo sentir un leve alivio al saber que su hermana se encontraba a salvo. A salvo... lejos de esos malditos. Los odiaba. Odiaba como nunca antes había odiado un ser vivo. Les detestaba. “Me vengaré... Los mataré...”, pensó lleno de ira y una rabia ciega. Clavó su vista en el camino delante de él. Su cabello se encontraba enmarañado, al haber sido tironeado por su propio tío por toda la plaza del pueblo. Su brazo sangraba, porque el sacerdote había querido demostrar que era un ser sin sangre. Y todo su cuerpo estaba cubierto de las marcas de piedras lanzadas por todas las personas, que alguna vez fueron llamados “amigos”. Pero eso ya no importaba... Debía seguir, no podía detenerse o moriría allí mismo. Su vista se nublaba, la energía le abandonaba. Y solo la desesperación y el deseo de vivir para vengarse le daba las fuerzas para continuar. Tropezó cayendo de bruces, ensuciando su rostro ceniciento con tierra y lodo, y a su vez, manchando el suelo con su propia sangre. A duras penas logró reincorporarse. Avanzó cuanto pudo, cada vez tambaleándose más y más. No pudo avanzar más de diez metros, cuando finalmente su cuerpo cedió ante el dolor y el cansancio. Estaba en el suelo, completamente expuesto ante la crueldad de los seres humanos. Quería moverse, debía moverse, pero su cuerpo, testarudo como su dueño, no reaccionaba. —¡Allí está!— escuchó que gritaban. Solo atinó a encogerse en posición fetal, rogando que al menos le diesen una muerte rápida. Sentía las patadas vapulear su ya magullado cuerpo, sentía como los palos le rompían los huesos. ¿Por qué eran tan crueles? —¡Monstruo!—le gritaban —¡Hechicero!— decían otros. Pero él no decía nada. Por más dolor que sintiese, no emitía ningún sonido. Se clavaba las uñas en sus palmas, se mordía la lengua, apretaba los dientes. Hacía cualquier cosa, menos darles el gusto de escucharlo implorar o gemir de dolor. —¡DEMONIO!— gritó alguien, y los otros vitorearon. “¿Soy un demonio?”, se preguntó vagamente. Pero sabía que no lo era. Porque de serlo, los hubiera matado a todos. Los haría hervir en agua hasta ver su piel abandonar sus huesos mientras gritaban de agonía. No... no era un demonio... Pero como deseaba serlo... Sintió algo... un movimiento en el aire. Una energía extraña, envolvente, familiar y a la vez ajena. Se escuchó un grito, y pasaron varios momentos de confusión. Él no se atrevía a abrir los ojos. Escuchó como los aldeanos gritaban sobre la ira del demonio, y como el bosque estaba corrompido. Que los demonios andaban sueltos, y que el vampiro rondaba cerca. Supo, que esas personas escapaban de algo que se aproximaba. Y solo por un instante se permitió sonreír. De seguro un verdadero demonio había salido esa noche. Estaba contento, porque al menos podría morir de mano de un verdadero demonio. De mano de un semejante, y no en manos de unos humanos patéticos. Sintió algo frío contra su mejilla, y con pesadez abrió los ojos. Y nada de lo que hubiese soñado, y visto durante su vida, lo habría preparado para lo que vio. —¿Te encuentras bien?— murmuró esa visión de apariencia angelical. Cabellos grises, con cierto tono plateado, ojos celestes, rasgos finos y amables. Un ángel simple y llanamente. Más por miedo y confusión, solo atinó a alejarse. No era un demonio quién había venido a reclamar su alma. No... Era un ángel, el que se había apiadado de él. —Tranquilo, se fueron. Ya no te lastimarán...— dijo la visión con suavidad, mientras acariciaba su cabello con amabilidad. Sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas. Sentía amor y gratitud hacia ese ángel, pero al mismo tiempo, sentía ira, odio y rencor hacia los pueblerinos. Derramó un par de lágrimas traicioneras. Solo las caricias de ese ángel evitaban que gritase del todo el dolor tanto físico como espiritual. Simplemente, no podía dejar de mirarlo. Aún con el cansancio, aún con el dolor y con la visión nublada, no podía dejar de mirar como la luz de la luna hacía brillar esos cabellos y darle un aspecto casi etéreo. La expresión del ángel, era una mezcla de tristeza y de ternura. —¿Cómo te llamas?— preguntó él. El joven, dudó unos instantes, pero respondió en un murmullo apagado y ronco. —I... Isaac...—dijo —No te preocupes Isaac....— le contestó el ser de cabellos cenizos mientras le sonreía amablemente— Yo cuidaré de ti. Soy Hector. Hector, lo levantó con cuidado. Isaac sonrió, mientras sentía como Morfeo lo llevaba al reino de los sueños. “Hector.... Mi ángel...”, pensó poco antes de que la dulce oscuridad se cerrase entorno a él. Hector, despertó con una sensación de irrealidad total. Una semana, solo una semana había pasado desde que había enfrentado a Drácula, una semana desde que había conocido a Julia, y a la leyenda, Trevor Belmont.... Una fatídica semana... desde que había abandonado a Isaac de nuevo... Se levantó con lentitud, viendo el ambiente como si fuese la primera vez. Desde que esos sueños le perseguían, no había podido dejar de pensar en Isaac ni siquiera un instante.... Salió de la habitación por la puerta lateral, y fue al jardín. Era temprano, el sol todavía no se aproximaba, y el frío matinal calaba en los huesos. Se quedó mirando el horizonte y no pudo suprimir el suspiro que se le escapó. Los sueños, eran sin duda memorias de Isaac. Pero no comprendía el por qué. ¿Por qué le perseguían los recuerdos de aquel loco pelirrojo? ¿Era así como debía pagar la culpa de haberlo abandonado a su suerte por segunda vez...? —No debí abandonarte Isaac... No debí...— susurró con cierto pesar. Recordó el sueño, y sintió su estómago encogerse. Cuando se conocieron, Isaac lo había visto como un ángel. Realmente había creído de Hector era un ángel... Y él, había traicionado esa amistad, esa confianza.... No una, sino dos veces... La maldición de Drácula, no tenía nada que ver. Hector, creía con toda el alma, que de haber sido más fuerte de haber convencido a Isaac de la verdad, nada de lo que había pasado, se habría llevado a cabo. No habrían tenido que pelear... No habría tenido que abandonarlo... Y tal vez fueron los recuerdos de Isaac, pero su mente le evocó el recuerdo de Rosaly. Rosaly, su sonrisa, su calidez, su alma caritativa. Su amor por la vida. También la había abandonado. Podría haberla salvado, pero no lo hizo... —Yo... soy el verdadero demonio...—se reprochó con amargura. Tanto Isaac, como Rosaly, le habían visto como un ángel. Y él los había traicionado a ambos..., los había abandonado.
Su mirada, se posó en el sol naciente. Y solo por un momento, creyó que tal vez había hecho lo correcto. Lamentablemente, conforme avanzaba el tiempo, y el sol se elevaba cada vez mas alto, los sentimientos de culpabilidad regresaban más fuertes que antes. Quiso gritar, quiso llorar. Pero el dolor era tan grande, tan inmenso, que ni siquiera podía encontrar la fuerza para respirar. —Hector...— escuchó una voz fantasmal que le llamaba. Una voz que conocía a la perfección. —¡¿Isaac?!— llamó con aire tembloroso, esperanzado y a la vez dolido. —Ven por mí Hector... Ven por mí...
Silencio...
El joven, no podía concebir que esa voz hubiese aparecido de la nada, sin siquiera dar rastros de una presencia aunque fuese etérea. Buscó, con tonta esperanza, algún indicio de que Isaac hubiese estado allí. Sin sorprenderse, no encontró lo que buscaba. Pero con el amanecer, llegó una nueva decisión. —Iré por ti... —murmuró al aire, inconscientemente rogando que Isaac escuchase sus palabras. El pelirrojo, seguramente estaba atrapado en las ruinas del castillo. Dentro de ese mundo aparte que también servía a los designios de su antiguo amo y señor. Pero no lo abandonaría, no de nuevo... —Iré por ti.— repitió, sintiendo cierta paz finalmente. Isaac le necesitaba, y el le había prometido protegerlo. Saldaría su deuda, pagaría su error. “Isaac..”, pensó con una sombra de sonrisa en su rostro. Se reencontrarían. Y esta vez, se aseguraría de que todo saliese bien... Continuará...?
Porque la verdad no se si vale a pena que siga esta cosa.... No me termina de convencer.... TOT |