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Titulo: Sentimiento Oculto Capitulo tres: Hasta el infierno La habitación se había convertido en el escenario principal en donde los deseos y sueños fueron encontrados. Dentro de ésta, Isaac descansaba; debatido en el contraste del profundo dolor en todo su cuerpo y el calor envolvente que hacía hasta lo imposible porque esas heridas no fuesen intensas. Como un guardián, el querubín emanaba toda su energía mitigando el sufrimiento en el cuerpo del joven que cuidaba con tanta pasión. No era una tarea difícil debido a que ésta era la segunda vez que lo rescataba del sufrimiento. “Esta sensación.... la conozco..." Pensó el forgemaster. Movió sus dedos, esforzándose por despertar. Necesitaba saber de Héctor, cerciorarse de que estaba bien, fuera de peligro alguno. Gimió, y fue apenas audible. El ID abrió sus ojos y sonrió satisfecho, entendiendo perfectamente el deseo del pelirrojo; y con mucho cuidado le tocó la mejilla, evitando que sus afiladas uñas le hicieran algún daño. Inclinó su cabeza y los rizos acariciaron ese rostro de porcelana. "Despierta ya" ordenó el ID en su interior. Los ojos de Isaac se abrieron de inmediato, como su hubiesen sido liberados. Su mirada se clavó directamente en la del ID; en esos ojos aparentemente fríos e insensibles. Eran como dos joyas vírgenes, listas para ser pulidas. El ser correspondió a ello estrechando el cuerpo de Isaac con sumo cuidado. Transmitiéndole el calor de su energía y la seguridad necesaria. El cuerpo del pelirrojo se tensó al sentir un extraño placer por todo su ser. -¿Héctor? -preguntó inseguro... El ser era idéntico a su obsesión, pero no era él. No físicamente. Sin embargo, había algunos detalles que eran idénticos... tan exactos. Levantó su mano y acarició esos rizos perfectos. Una sonrisa suave adornó ese rostro y se acomodó mejor en la cama. Colocando a Isaac sobre él. Isaac palpó lentamente el pecho de aquel que le recordaba a Héctor. La piel se sentía fría como el hielo; áspera como si se tratase de un material corrugado. Ese ser era tan idéntico, y tan diferente a Héctor. Cerró sus ojos y delineó cada músculo marcado... se sentía tan perfecto Bajó su cabeza y la colocó a lado de esa piedra brillante. La amatista desprendía una mezcla de colores carmesí, rosados. Todos en una danza que probablemente iba acorde a las emociones del ID. Trazó una sonrisa antes de acercarse a los labios agrisados y sin vida. Deseaba besarlos. Verificar cual era su sabor y sentir al fundirse con ellos. El ID pareció adivinar esas emociones y eliminó la distancia entre los labios de Isaac. La presión con la piel caliente de los labios de Isaac pareció mezclarse en perfecta sincronía hasta entibiar un poco aquellos que asemejaban al frío hielo... frotándose con suavidad una y otra vez hasta entreabrirse un poco y tocar los labios de Isaac con la punta de la lengua. Isaac jadeó y dio acceso total a esa frialdad. Preguntándose una y otra vez, que sucedería si ambos se fundiesen. El pelirrojo colocó una de sus manos sobre la piedra, palpando toda la energía que irradiaba. Un cuerpo sólido emanando una energía que pareció erótica a Isaac. Bastante erótica. Una energía que le invitó a continuar y chupó con descaro esos labios fríos, deslizándose hacia el cuello para hacer lo mismo, hasta dejar una marca. Suyo... ... ambos... Isaac mordió los labios del ID, arrancando un gruñido que le hizo estremecer. Deslizó sus manos por ese cuerpo de piel gruesa hasta llegar a las nalgas que ya estaban esperando atentas por ser atendidas. Ese simple tacto estremeció al ser, quien separó las piernas para permitir el acceso a la mano de Isaac. Esperando expectante cada idea. Atento a todo. Isaac tragó saliva, ansioso de tomar a ese ID que no ponía resistencia alguna. Estrechó las nalgas, levantándolas contra él para que la hombría de ambos se restregaran fuertemente. Un gruñido extenso escapó de la garganta del ser. Con un movimiento ágil enredó ambas piernas en torno al cuerpo de Isaac y se frotó contra él con total entrega. Isaac sonrió ante la reacción tan inocente de ese Devil Separó esos glúteos e introdujo un dedo, enterrándolo completamente. Siempre atento a las reacciones del que dominaba. Ese ser era parte de Héctor... Tenerlo a él era tener a Héctor también. Quizá por ello lo reclamó como suyo; acariciando por dentro a ese precioso ser que comenzó a jadear en sus manos sin dejar de ofrecerse. Suyo... Isaac introdujo un segundo dedo, maniobrándolos una vez dentro. -Héctor... - musitó mientras trazaba la viva imagen de él en su mente. Amarlo a través de ese ID le pareció excitante. Por ello se apartó para acomodar a ese ser y levantar sus caderas, colocándolas justo donde necesitaba. Miró desde arriba la bella energía que parecía agitar ese pecho y sonrió. Sin pensarlo más tomo esa entrada, hasta el fondo de un solo golpe. Causando dolor en ambos; uno que desapareció casi de inmediato. Isaac cerró sus ojos, deseaba disfrutar esa oportunidad que tal vez sería única en su existencia; realizando movimientos eróticos, marcados por su propia necesidad. Ese interior se amoldaba a la perfección a Isaac rodeándolo de manera exquisita y un tanto extraña. Todo acompañado de sonidos estrangulados que el ser emitía. ... sin lograr a ser palabras... Sin convertirse en gemidos por completo. Solo sonidos que acompañaban el movimiento de las caderas de Isaac en absoluta entrega. Isaac levantó con ambas manos las caderas que tomaba, buscando una posesión absoluta; de sentir esa calidez cautivada en tan pequeño lugar. Su miembro profanaba lugares jamás tomados anteriormente, rincones cada vez más húmedos profundos y ardientes. No le tomó mucho para explotar dentro tan prohibido rincón, depositando su semilla hasta el limite de lo posible. Cayo exhausto, sobre el ahora reconfortante ser, encontrando la temperatura exacta que consolara su cuerpo en llamas. La respiración de Isaac estaba agitada. Aun así pudo percibir ese aroma fuera de lugar y arrugó el ceño. Algo se quemaba. Con esa idea se apartó del ID, dispuesto a salir de la cama; sin embargo la figura quieta de Héctor, recargada en el marco de la puerta, le detuvo. La mirada de Héctor estaba atenta a la escena. - ¿Debería sentirme halagado? - preguntó Héctor con una sonrisa. Isaac lo miró anonadado, con la boca abierta, buscando las palabras que parecían no querer salir sus hermosos labios. Hizo un sin fin de gestos, justificándose como si hubiese sido descubierto por alguna travesura. -¿Desde cuándo es que estas ahí? -preguntó esquivando esa mirada insistente... - Lo suficiente - dijo Héctor y llamó a su ID, quien se acercó justo a un lado suyo - No comeremos - agregó tocando los labios de su criatura - ... todo se ha quemado por tu culpa - miró con interés la respiración, apenas agitada en el ser. Isaac sonrió nervioso. -¿Mi culpa? -agregó en tono inocente. -Es más bien tu culpa por ser tan hermoso. Extendió una mano, llamando a Héctor -Supongo que me merezco un castigo... Satisfacer tu apetito. - ¿Castigo? - Héctor enargó ambas cejas y avanzó sin ponerse al alcance del pelirrojo - ¿Satisfacerme lo será? - musitó. Isaac se movió un poco, haciendo espacio a su lado. Las heridas aun no estaban sanadas, pero no podía quejarse mucho. -¿Qué es eso que huele a...? -No fue capaz de terminar su pregunta. -Supongo que te ocupaste en otras cosas y olvidaste lo que tenías en el horno. Trazó una sonrisa burlona sobre sus labios, conteniéndose de no estallar en risas caóticas, que probablemente pondrían de mal Humor a Héctor. - Es difícil concentrarse en comida cuando mi ID me transmite sensaciones tan precisas - dijo Héctor con las ceja fruncidas y se acercó hasta sentarse a la orilla de la cama - Mientras veía cómo tomabas a mi ID, me preguntaba si tenía esa misma expresión en mi rostro - se rió - No puedo comprender a mi propio deseo pese a que fui yo quien lo creó. Isaac se acercó, quedando a escasos centímetros frente a él. -¿Por qué no tratamos de encontrar esos deseos que hasta ahora desconoces? -su voz era clara, suave y algo tímida. Tomó la mano del otro forgemaster y la colocó sobre su pecho, para que pudiera sentir ese corazón que palpitaba con locura. -Descubre lo que realmente siente por este ser -agregó temeroso a ser rechazado. Héctor sonrió y se inclinó a tomar esos labios de manera posesiva y firme. Chupó y mordió un poco el húmedo músculo hasta tironear un poco y romper el beso. - Creo que puedo aceptarlo - admitió, perdiéndose en esa mirada. El cuerpo de Isaac dio un sobresalto, sacudiéndose en perturbantes sensaciones exóticas. Le ayudo a despojarse de esas vestimentas, hasta verle completamente desnudo. Admirando cada detalle de ese cuerpo perfecto y poderoso. El mismo que cambió la vida de muchas personas una vez que decidió abandonar su hogar, para seguir lo que era correcto. Héctor posó su mirada en los ojos de Isaac. Odió el calor en sus mejillas, pero aun así se acercó para besarlo nuevamente, quizá con menos atrevimiento que la vez anterior. Isaac ya lo esperaba con ansias y no dudó en devorar esos labios tímidos que le pedían fundirse con los de él. Puso sus manos sobre la larga cabellera de Héctor y la acarició, expresando todo su sentir, toda su desesperación. -Héctor –gimió. Isaac sin atreverse a mirarle, temblaba bajo esos brazos indecisos aún. Se separó un instante, cortando el beso y le tomó el rostro en ambos lados. -Quiero que seas tu el que me tomes... que encontremos los sentimientos que no pueden comprenderse todavía. Ambos.. juntos. Esas palabras revolucionaron el interior de Héctor. Incapaz de creerlo aun, se inclinó a chupar esa piel pálida, saboreando la sal en ella y deslizándose hacia la parte inferior, dejando un hilo húmedo. Sus manos acariciaron ambos costados hasta posarse en el pecho, pellizcando las tetillas con suavidad antes de sentirlas endurecerse y apretarlas de manera exquisita. Podría tomarlo todo. Absolutamente todo. No dejaría nada, ya que en ese momento podía admitir que lo deseaba. Quería sentirlo suyo, como ya se había sentido de él. Acariciarle por dentro y conocer cada expresión de placer que cruzará por su rostro... ... pero... Héctor tuvo que admitir que no estaba seguro de la manera en que debería hacerlo. -... Isaac - susurró lamiendo la piel de su pecho - Enséñame... Quiero saberlo... Sentir ese contacto de Héctor, fue inexplicable. Su interior tembló, enviando sensaciones a cada uno de sus nervios. Sin duda alguna deseaba ser tomado por tan gentil hombre, descubrir toda la pasión contenida hasta ahora. Cuando el pelirrojo escuchó esas palabras, se quedó sorprendido. Héctor jamás ha tenido contacto con otra persona. Isaac se sintió ridículo al recordar aquellas noches en la oscuridad del castillo, cuando se torturaba una y otra vez que su amado compañero y maestro compartía los afectos que aclamaba suyos. ¿Cuántas marcas yacen en su cuerpo por tal causa? ¿Cuantas desgracias provocó en nombre de tal traición? Sus mejillas se sonrojaron, buscando el perdón sin decir palabra alguna, como si pretendiese que Héctor lo escuchase. -Oh, Héctor, mi Héctor... -gimió intentando no quebrarse en mil pedazos. Le tomó de las manos y las besó, como siempre deseó hacerlo. -Sigue tus deseos Héctor... de la misma forma en que yo seguí los míos cuando te ame por primera vez. Héctor sonrió y enmarcó el rostro del pelirrojo con ternura. - Típico de ti - susurró - No me darías instrucciones aun si de eso dependiera tu vida. - le besó la frente - Voy a hacerme mío, Isaac - prometió - Todo mío. Por ello sus manos se deslizaron de manera peligrosa hasta las caderas de Isaac y trazaron un travieso camino por los muslos, evadiendo con toda intención el centro de su placer. Resbalando hasta tocar las rodillas y colocar justo sobre sus ojos esa firme excitación que se erguía orgullosa ante Héctor. Precioso. Héctor de inclinó y tocó con la lengua. Se deslizó traviesamente hacia ese tronco caliente y avanzó hasta encontrar la punta del pene, donde jugueteó de forma circular. Isaac lo tomó de la cabeza, sin guiarlo, limitándose a jugar con esos finos cabellos color plateado, perdiendo sus dedos en los delicados rizos. -Héctor... -gimió tratando no gritar a los cuatro vientos el terrible placer que sentía. Sentir ese calor en esa parte tan urgida, sólo lo volvía más loco. Se llevó ambas manos sobre su cabeza y se dejó caer sobre la cama, abriendo sus piernas un poco más para que Héctor no batallara. -Devórame... te lo suplico, hazme sentir que estas aquí, y que en esta ocasión no me abandonarás jamás. - No te abandonaré jamás - aseguró Héctor y tomó ese miembro en su boca; chupando hacia dentro y hacia afuera, sin meter demasiado. Al mismo tiempo ascendió nuevamente hacia sus caderas con una mano. Tocando y acariciando alrededor de su pene. Metiéndose unas cuantas veces hacia dentro y atreviéndose a sentir sus testículos, los que acarició con dedicación antes de adentrarse mas y abrir un poco una nalga... dando espacio a tocar ese precioso hueco con la punta de un dedo. Isaac estrecho las sabanas a su alrededor, conteniendo hasta lo posible ese placer al ser prácticamente devorado por Héctor. Jamás pensó que fuera a ser tan intenso, mostrando esa desesperación por abarcar todos los puntos más sensibles de su cuerpo. Sus nalgas se contrajeron una vez que su mente interpretó lo que seguiría. Levantó una pierna, colocando la rodilla cercas de su propio pecho. -Vamos Héctor -musitó entre gemidos ardientes - introdúcelo de una vez... hasta lo más profundo de mi ser. - Esa impaciencia - regañó Héctor abandonando ese miembro erguido y se inclinó para lamer los testículos - , deberé mostrarte los beneficios de esperar... Dicho eso, Héctor levantó las piernas de Isaac exponiendo ese sensible punto escondido entre sus nalgas. Sostuvo ambas piernas con sus brazos y acudió a lamer y chupar las perfectas nalgas, disfrutando hacer marcas en ellas. -Muérdelas -ordenó Isaac - hazme sentir que no estoy muerto... Sus labios estaban fuertemente marcados por las mordidas de labio que el mismo se propinaba para evitar explotar en mil gemidos. -Haz que este cuerpo viva por primera vez... Que enloquezca totalmente por ti. Héctor sonrió internamente ante esas palabras. Le resultó curioso que Isaac despertara un deseo primitivo en él, pero no le molestó. Ser así le satisfacía. Por ello dirigió su lengua hacia ese sensible punto y se dedicó a humedecer con ahínco. Recordó vagamente que Isaac había utilizado un líquido especial para no lastimarlo y se incorporó, sonriendo al ver que aun se encontraba donde lo había Puesto. Por ello, y pese a las protestas que Isaac dejó escuchar, se puso de pie para tomarlo y regresó a su lado... viendo su cuerpo sudoroso. - Voy a hacer lo que he aprendido - dijo con travesura y acarició las piernas de Isaac, tras haberlas acomodado de una forma menos incomoda, recostándolo de lado. Isaac hizo una mueca de inconformidad. -Maldición.. -murmuró antes de aferrarse a Héctor y besarlo, mordiéndole el labio inferior. -quiero que sea así de intenso. -agregó antes de lamer e hilo de sangre que salía. Succionando hasta absorber la última gota. Héctor sonrió. Vertió una generosa cantidad de aceite en sus dedos y se acomodó sobre Isaac, obligándolo a abrir las piernas nuevamente, posesionándose de ese miembro excitado al que acarició con la resbalosa sustancia y asegurándose de que el líquido resbalara por entre sus nalgas, justo al sitio que deseaba invadir. - ¿Impaciente? - murmuró chupando el lóbulo de su oreja y se rió un poco - Pronto verás que todo tiene su recompensa. Y sin previo aviso su mano se deslizó hacia sus nalgas, dando espacio a un dedo para meterse en el resbaladizo pasaje, acariciando y preparando. -Toda mi vida Héctor... he esperado. Isaac relajó su cuerpo, enfocando sus sentidos en la sensación que Héctor le producía. Sentir ese dedo entrar y explorar su interior en busca de algo... de ese algo que le producía nuevas sensaciones, que le controlaban pidiendo cada vez más. Quería enloquecer, de la misma forma que Héctor lo hizo cuando lo tomó en aquella ocasión. Apretaba su entrada, una vez que lo sentía totalmente adentro, y esperaba un segundo para después liberarlo. Llegado a ese punto Héctor ya no podía distinguir quién de los dos estaba más impaciente. Su propio cuerpo temblaba de anticipación al imaginarse adentró de Isaac y se sentía ridículamente mareado por solo suponerlo. Por ello introdujo otro dedo, concentrándose en acariciar ese punto especial y se detuvo bruscamente para extráelos y acomodarse sobre el pelirrojo... sosteniendo su miembro con una mano y ayudándose a entrar poco a poco. La cadera de Isaac se movió bruscamente al ser invadido. Cerró sus ojos, conteniendo las lágrimas. Finalmente tenía a Héctor; tomándolo, aclamándolo como siempre lo deseó. Y en esta ocasión, no lo dejaría ir. Jamás. Aún si volviese a asesinar, no se alejaría de su lado. Lo volvería seguir como una sombra... pero en esta ocasión, no usará excusa alguna que no sea ese sentimiento que hasta ahora no lo ha dejado vivir. El miembro entró, dejando un trazo de dolor, de ardor. Sin embargo, al momento de llegar al fondo, era como si tocara un punto mágico que se transformaba en placer. Infinito y puro. ... como Héctor. Se aferró a él con sus piernas, haciendo presión para que se detuviese y permanecer unidos por unos instantes. -Besase... -suplicó lascivo, con ese rostro inocente y ardiente que animaría a Héctor a hacer lo que le pedía. Héctor accedió y se inclinó para reclamar esos labios en un ardiente beso. El peso de su cuerpo se amoldó al cuerpo de Isaac y tuvo que apoyarse para levantar un poco las caderas, saliendo del pelirrojo lo suficiente solo para disfrutar volverse a hundir en su estrecho interior. - Issac - ronroneó mordisqueando sus labios - Quiero escucharte gemir de sucio placer - volvió a besarlo - Enloquéceme provocando lo peor en mí... Quiero ser lo que nunca fui. Héctor volvió a deslizarse fuera solo para adentrarse de nuevo y gruñó. - Dame espacio, Issac - ronroneó sin poder librarse de la fuerza de las piernas del pelirrojo. Isaac no quería liberarlo. El quería sentir ambos cuerpos chocar entre sí, hacer contacto el uno al otro.... Pero tenía que admitir que las palabras de Héctor llevaban razón, por lo que dejó de hacer fuerza en sus piernas, cediendo, posándolas únicamente. Besó los labios de Héctor, introduciendo su lengua, rozándola con la otra; como si estuviesen en un juego, compartiendo el aliento y los sentimientos internos. -Héctor... -gimió entre besos húmedos. Sus manos ascendieron hasta los hombros, y lentamente se dirigieron a la espalda. Jugando con esos músculos sudados, dibujando un sin fin de líneas suaves, hasta formar un mapa... dejando su marca. Ambos cuerpos se sincronizaron en una rítmica y erótica danza. Dos cuerpos fundidos en uno. Demostrándose amor mediante una unión extasiante que no paraba de repetirse una y otra vez. Héctor se dejó abrazar... Se dejaría condenar si Isaac se lo pidiera. Ahora estaba seguro de lo que sentía y quería expresárselo de mil maneras. Por ello de incorporó un poco, sin dejar de salir y entrar de ese cuerpo, para tomar el miembro rígido de Isaac con una mano y acariciarlo. Procurándole ese placer que sentía. Las manos de Isaac se convirtieron en garras, rasgando esa espalda perfecta con sus finas uñas. Héctor era suyo y de nadie más; tenía que demostrárselo de alguna forma, y hasta este punto, después de todo lo que había sucedido, las palabras ya no eran suficientes. El placer en el que se encontraba, lo perdía de la realidad, su mente solo enfocaba aquellos momentos compartidos con Héctor, esas sonrisas, esas lágrimas, lamentos y desencantos por lo que ambos tuvieron que pasar. No. La vida jamás les sonrió a ninguno, jamás fue benevolente... por eso él siempre supo que ambos se pertenecían. Habiendo sufrido y padecido lo mismo... Siempre juntos, en caminos diferentes. Inclusive ahora... Ese amor. Ese sentimiento tan frágil, que no importa de que manera sea expresado... todo lo justifica por alcanzarlo, atesorarlo hasta el último día en que se vive. Y eso era, lo que Isaac deseaba con tantas ansias... Amar a Héctor, y dejarse amar por él… Únicamente por el. Héctor dejó escapar un sollozo y se mordió el labio inferior al sentir esa descarga eléctrica que tensó su cuerpo y le permitió derramarse en el cálido interior de Isaac. La mano que había estando acariciando el miembro del pelirrojo se detuvo un poco, antes de volver a moverse y sentir ese palpitar acompañado de los espasmos de él, dando como resultado ese precioso líquido blanco con el que se encargó de manchar completamente la palma antes de derrumbarse encima de él intentando normalizar su respiración. - Te amo - dijo jadeante - No quiero que te alejes de mí jamás... No te lo permitiré - juró Héctor. Isaac reaccionó de inmediato al sentir el líquido ardiente de Héctor en su interior. Reconfortándolo. Cuando Isaac sintió el cuerpo de Héctor desplomarse sobre el suyo, le abrazo. Con todas sus fuerzas, hasta ahogarlo; evitando que éste se alejara aunque fuese por un centímetro. Deseaba sentirlo, saber que todo fue real... Que no había sido un sueño, mucho menos ilusión alguna. ¿Había escuchado bien? ¿Le confesó su amor? Si. Héctor estaba ahí, pronunciando tan bellas palabras. Promesas de amor... Le amaba, y el mismo pedía por que no fuesen separados. ¡Oh cuan benevolente era la vida ahora! No más noches frías, cobijadas por la maldita soledad. No más rencores disfrazando sus miedos por ser rechazado. Isaac suspiró y no pudo evitar que las lágrimas salieran de sus hermosos ojos. Pensando... en que tal vez, no era digno de merecer a tan hermoso ser. Cuando Héctor recuperó un poco el aliento, salió del cuerpo de Isaac y se acomodó a un lado suyo... tirándo de él para abrazarlo. Permaneció un momento en silencio, gozando de su compañía hasta que cayó en la cuenta de algo. - Vayámonos lejos - dijo a Isaac - Lejos de esta casa y sus recuerdos... Vallamos juntos. Los ojos del pelirrojo se iluminaron, albergando una nueva ilusión. Finalmente... llevar una vida normal a su lado. ¿Pero era eso posible... para ellos? -Héctor...-comenzó indeciso. -¿Apartados le la humanidad que tanto amas? -su pregunta iba orientada a que el había sido excluido de la humanidad... Isaac era una abominación. -Trevor... incluso la misma Julia... ¿Podremos ser felices, lejos de los deseos de otras personas? ¿Encontrar ambos la felicidad en nuestro mundo natural a lado de nuestros IDs? Sus ojos no había perdido esa esperanza... Sin embargo, deseaba escucharla de los labios del mismo Héctor. Héctor besó la frente de su inseguro Isaac. - Al lado del mismo infierno si lo deseas - le susurró con amor - Ya me he ido de tu lado... y he sufrido a pesar que aprendí a amar - besó sus parpados - He vuelto a mi hogar, Isaac... Ese hogar del que nunca debí salir - sonrió - He vuelto a tí. Un beso selló las palabras de Héctor. Un beso que encerró su alma para entregársela a Isaac por completo. Ya no tenía dudas. Ahora estaba seguro. FIN |