Titulo: Sentimiento Oculto
Autor: Akiko and
[info]benigirl
Serie: Castlevania COD
Personajes: Isaac x Hector
Clasificacion: NC-17

Capítulo dos: Aceptando la verdad

En las entrañas de las ruinas del Mortvia Aqueduct, detrás de una foresta que encubría celosamente una pequeña caballa en ruinas se podía distinguir una luz tenue perteneciente a una vela solitaria que se esmeraba hasta el final por no extinguir su velo.

Sentado, no muy cómodamente, en una de las muchas sillas extrañas situadas en diversos lugares del castillo, el honorable Trevor Belmont, aguardaba a que Julia, quien descansaba con un ceño inquieto, se liberara del embrujo al que había sido expuesta.

Ya había pasado una luna desde que la encontró inconsciente en una de las cámaras inundadas del lugar.

Lamentablemente, su ilustrado y venerado apellido no podía ser de mucha ayuda en ese momento, ella no era un nosferatus a quien destruir; tan sólo una pobre bruja que fue atacada por la espalda.

Impaciente, se puso de pie y se acercó al lecho donde la dama descansaba.

No era algo digno de ella, a decir verdad, pero no se le podía ofrecer más.

-Señora LaForeze -murmuró sin atreverse a tocarle aún.

Un gemido alertó al joven, quien la miró apretar un poco los párpados, luchando por abrir sus ojos.

Finalmente ella reaccionó y lo miró confundida.

- Trevor... - musitó ella al reconocerlo.

El trigueño la miró agradecido.

No había pasado mucho tiempo desde que la gentil dama le cuidó hasta que sus heridas fuesen sanadas.

Era tan difícil creer que ella e Isaac fuesen hermanos

-Veo que ha despertado mi Señora. ¿Está usted bien?

- ¿Qué ha pasado? - Julia intentó levantarse, pero un dolor agudo le hizo gemir nuevamente y desistió

- Duele...

Belmont no dudó en asistirla, y sin pedir su autorización le sujetó la mano.

-No haga esfuerzo mi señora. Usted todavía esta débil.

La muchacha sintió un estremecimiento por el contacto que atribuyó al dolor.

- Estoy herida - comprendió al recordarlo-... Alguien me atacó cuando iba a casa...

Pero, ¿por qué?

Ella no tenía enemigos ya.

¿Quién le atacaría?

Trevor se percató del cambio en su semblante, como si algo no estuviese bien.

-Disculpe tal atrevimiento -agregó antes de soltarle la mano.

Retrocedió unos cuantos pasos para darle más espacio.

-La encontré inconsciente en una de las cámaras... y al ver que no reaccionaba, decidí traerla a este lugar.

Julia miró el sitio y se tocó la frente.

- Pero yo iba camino a casa... - murmuró - ¿Qué pasó?

Trevor se quedó pensativo, considerando cualquier tipo de amenaza.

-Desde algunas noches atrás he percibido un aura maligna por estos alrededores -comenzó su relato, no muy seguro de que su intuición fuese correcta.

Le dio la espalda a la chica y caminó hacia la puerta.

-He tratado de cazarle, pero se mueve con gran facilidad de un lugar a otro. ¿No ha escuchado comentario alguno por parte de Hector?

- ¿Hector? - preguntó ella como si fuese incapaz de reconocerle, pese a su íntima relación y se llevó una mano a la boca y recorrió el sitio con la mirada - No esta aquí - señaló innecesariamente - ¿Cuánto tiempo he estado aquí?

-Apenas una luna mi señora.

Se volvió hacia ella y la observó detenidamente, parecía nerviosa, como una presa en peligro que algo oculta.

¿Era acaso que le temía a él?

-Traeré algunos frutos para que recupere un poco de energía. Es necesario que descanse... Mañana la escoltaré a su morada.

- ¡No! - pidió ella con angustia y atrapó la manga de sus ropas con las pequeñas manos - ¡Hector esta en peligro! - dijo con seguridad - Siento... - se mordió el labio inferior - Puedo sentir a mi hermano...

¿-¡Isaac, ha dicho?

El rostro del legendario mostró un desprecio natural al identificarlo.

Tomó su látigo de cuero, sujetándolo con fuerza.

-Entonces no estaba equivocado... esa energía maldita solamente puede pertenecerle a él.

Sin perder más el tiempo, tomó su daga y algunas pócimas.

-Su presencia no puede significar nada bueno - caminó apresurado hacia la puerta - Le pido que permanezca en este lugar. Pondré una barrera al rededor y sólo podrá ser destruida por mi o Hector.

Y sin decir más salió del lugar.

 ~.o.~

La frescura de la mañana despertó a Hector.

Con un suspiro cargado de languidez estiró su cuerpo hasta sentirlo aprisionado a unos fuertes brazos en su vientre.

Fue cuando se percató de ese cálido aliento en su espalda y de ese cuerpo que se amoldaba a la perfección al suyo.

Que extraño.

Jamás había despertado con unos brazos enredados a su pecho.

Hector retiró esas manos con delicadeza y se sentó a la orilla de la cama para alisar sus cabellos grises en un intento por acomodarlos en su sitio.

Fue entonces que pudo apreciar la borrosa visión que la luz brindaba al amanecer, junto con ese especial eco que reproducía el canto de alguna ave.

Reaccionó antes de observar la paz en la que su acompañante descansaba…

La sensación de vació a la que fue dejado, fungió como un despertador que le obligaba a despertar.

Lo primero que movió fueron sus manos, las cuales buscaban lo que minutos antes cuidaba con celo.

-Hector... -llamó casi en silencio.

Abrió sus hermosos ojos, y con dificultad comenzó la búsqueda por la razón de su despertar.

No tardó mucho en encontrarlo.

-Has despertado... –dijo Isaac un poco incomodo.

Y como no estarlo si no sabía lo que sucedería desde ese momento en adelante.

Retiró la sabana de su cuerpo y avanzó lentamente sobre el otro joven.

-¿Qué es lo que piensas? -pregunto el pelirrojo abrazándolo por detrás.

Hector bajó la mirada.

Pensaba muchas cosas. Tenía muchas dudas también. Todas relacionadas con lo ocurrido con Isaac.

- ¿Cómo llegamos a esto? - murmuró con voz tranquila - No es... normal.

-¿Lo dices por tratarse de mi?

El rostro del pelirrojo tomó una triste expresión, y no le importó demostrarla.

No ahora que tenía la única oportunidad de ser...feliz.

¿Pero tenía derecho a serlo?

- No lo sé - admitió Hector - Las emociones fluyen en mi interior como líquido hirviendo - murmuró - Puedo aceptar ese comportamiento viniendo de ti, pero... - bajó la cara  - ... ¿es normal que yo los consienta?

Isaac se levantó de la cama y caminó hasta estar frente a él. Lo miró en silencio, buscando identificar las confusiones que pasaban por su sensata cabeza.

Le sonrió.

Ofreciéndole por primera vez una expresión sincera libre de mascaras.

Se puso de rodillas frente a Hector, clocando las manos sobre sus piernas desnudas.

Nuevamente, frente a frente.

Fundiendo la mirada hasta convertirse en una sola, indagando en los finos detalles de cada pupila, buscando, deseando una respuesta…

Sin que alguno de los dos dijera algo, ambos cerraron lentamente sus ojos, aproximándose hasta contactar un suave y delicado beso.

Hector agradeció el tacto.

Normal o no, lo hacía estremecer de forma deliciosa. Así que abrió un poco sus labios, permitiendo que la lengua de Isaac penetrara en su boca, buscando danzar en el dulce interior.

Fue entonces cuando Hector lo comprendió.

Era... una emoción silenciosa que siempre había estado ahí, pero... que hasta ese momento notaba.

- Isaac - musitó al romper el beso y lo estrechó, acomodándolo contra su cuerpo.

Las emociones se atiborraban luchando por salir, pero ese nudo en su garganta le impedía expresarlas de otra manera que no fuera a través de ese abrazo.

La reacción expresada fue como el perdón supremo a todos sus pecados.

-Hector... mi Hector -musitó con dulzura mientras acariciaba la plateada cabellera.

Lo separó un poco y observó su bello rostro para después acariciarlo con sus manos contaminadas.

¿Es que acaso tenía derecho a amarle de tal manera, más osado, a ser correspondido?

"Ya basta" protesto ante los remordimientos que le asechaban.

Suspiró resignado...

A expresar lo que se ocultaba detrás de su enferma obsesión.

Acarició el labio inferior de Hector, y lo besó con intensidad...

Con deseo de trasmitir lo que había en su interior.

Hector sintió de nuevo esa emoción.

¿Qué era eso que había cambiado tanto a Isaac?

Era ridículo preguntarlo cuando podía admitir que habría sido más fácil vivir con él si fuera de esa manera desde siempre.

Pero no pedía mucho.

Si era así ahora, podía aceptarlo.

Le desconcertaba, pero podía aceptarlo.

Sin embargo, una lista de amargas experiencias le aconsejaba ser precavido.

Le aconsejaba no darlo todo.

- Isaac - Hector rompió el beso y se las arregló para escapar de esas manos... Tomando la orilla de la sábana con la que se habían cubiertos - Esto no esta bien... No debemos...

...rechazo...

Fue lo único que quedó en la mente del pelirrojo.

Después de haber expuesto sus sentimientos... obtuvo un frío rechazo..

Isaac lo pescó antes de que estuviese totalmente fuera de su alcance y entre forcejeos logró colocarlo sobre la cama.

-A dónde crees que vas -preguntó en tono amargo.

Colocó sus manos sobre las muñecas de Hector, logrando lastimarlo.

La mirada de Isaac volvía a ser la de antes, y Hector lo notaría de un momento a otro.

Esos ojos azulados, envueltos por el odio, deseosos de lastimarle.

¿Era acaso ése el verdadero Isaac?,

¿Pero es que acaso el otro fue irreal?

-Debería de tomarte y  destrozarte por dentro. -exclamó entre dientes, obligándose a creer en sus propias palabras.

- ¿Isaac? - Hector intentó liberarse, pero de nuevo sintió esa fuerza arrolladora y cerró los ojos para no seguir viendo esa furia en él. - ¿Por qué me haces esto? - musitó - ¿Tanto es el odio que me tienes? ¿Tanto daño te provoque?

Pero Isaac no podía escucharlo, la maldición que padeció por muchos años a lado de su Señor, parecía querer despertar.

Tomó los delicados cabellos de Hector y los estrechó fuertemente en un puño. Logrando que el otro gritase, más sorprendido que por el dolor.

Pero la reacción no duró mucho... pues de inmediato le liberó.

Pasó ambas manos por su fino rostro, dejando un rastro ardiente al ir deslizan

Hector giró la cabeza.

De alguna manera las cosas se habían tornado bastante bruscas.

Y era ridículo, ya que podría intentar pelear con Isaac.... Sin embargo esa imperiosa necesidad por el combate había sido ahogada poco a poco, con ayuda de Julia... con su propia convicción.

Solo tenía que convencerse de que no perdía nada... ¿no?

Per-... ¿permitirlo?

La mente traicionera de Hector le hizo recordar las sensaciones en su cuerpo hace poco.

Todas ellas provocadas por Isaac.

Sensaciones que le arrancaron un sonido ahogado al ser consciente de ese cuerpo masculino sobre el suyo y que suavizaron sus facciones, permitiendo que Isaac enmarcara nuevamente su cara y se diera cuenta del momento exacto en que el muchacho entreabrió los labios.

El pelirrojo se estremeció al ver el semblante de Hector, como si confiase en el....

¿Era eso acaso?

Arrepentido de haberlo lastimado, decidió ser gentil en lo que restaba del camino. Se detuvo en las caderas de otro joven, sujetándolas fuertemente.

Postró los labios sobre su ombligo.

Deslizando la lengua al rededor del pequeño hueco.

Hasta ese momento Hector no había sido enteramente consciente de su desnudez.

Ya la había notado, pero hasta ese momento le incomodaba.

Pese a ello dejó que Isaac lamiera esa sensible cicatriz y se movió inquieto. Intentando llamar su atención al resto de su piel, que parecía gritar por la misma atención.

- Isaac.... - musitó olvidando de nuevo sus dudas y le miró de reojo dejando que su respiración se agitara.

No se atrevía a pedirlo directamente.

La sola idea le encendía el rostro con ese tenue colorete en las mejillas.

Las manos del pelirrojo se ocultaron por debajo del cuerpo de Hector, haciendo contacto con sus firmes nalgas. Las estrechó fuertemente mientras su lengua se deslizaba hacía abajo, dejando un trazó húmedo a su paso.

Hector dejó escapar un jadeo audible.

Se arqueó un poco y un nuevo rubor tiñó sus mejillas al levantar las rodillas poco a poco... abriendo espacio a Issac.

Y el pelirrojo se permitió llegar hasta el área púbica, que de inmediato mordisqueó, siempre percibiendo la esencia muy personal de su amante que se ofrecía tímidamente.

-Oh Hector -musitó de manera alarmante. -Tu eres el culpable de mi locura...

- Lo siento... - musitó Hector de manera casi automática y estiró las manos hacia Isaac, atrapándolo para acercar su rostro y besarlo con urgencia.

Quería darle el mismo placer... Quería que... supiera "eso" que no podía decir con palabras.

Por ello repartió besos en todo el rostro al mismo tiempo que su mano escapó haciendo caricias por su piel hasta tocar esa firmeza asombrosa.

Hector se ruborizó al tomarlo por completo y miró a los ojos de su amante.

- Isaac... - susurró con suavidad y frotó con su mano.

El pelirrojo sonrió ante el inesperado movimiento de Hector.

-¿Es que finalmente estas encontrando respuesta a esas dudas que no te dejan en paz? -murmuró mientras tomaba la mano que le acariciaba y la llevaba sobre su propio pecho -...No puedes ocultarme lo que sientes. -Lo besó por última vez antes de ponerlo boca abajo.

¿En verdad no podía?

Hector se retorció contra la sábana de la cama, incapaz de soportar el roce que la suave tela hacía contra su excitación y apretó los puños.

- ¿No puedo? - gimió mordiéndose el labio inferior con fuerza - Isaac... tócame - musitó.

-Esas voces son las que siempre he obedecido -gimió el pelirrojo antes de que sus labios tomaran posesión de una de las orejas de Hector; liberando la respiración ardiente que le quemaba por dentro.

Deslizó una de sus manos sobre uno de los costados, estrechando cada centímetro de ese cuerpo que tanto deseó.

-Quiero que me digas donde quieres que te toque -Preguntó lascivo.

Hector dejó escapar un gruñido de frustración y atrapó esa traviesa mano del pelirrojo para deslizarla hasta sus caderas, que levantó suavemente para abrir un pequeño espacio entre su cuerpo y el cómodo colchón.

- Isaac... - insistió,

Éste abandonó la oreja a su suerte, dejándola marcada con sus fuertes succiones.

-Aun no... -Se postró sobre el cuello del otro forgemaster y lo besó a voluntad, recorriendo un largo camino hasta el termino de la bien formada espalda.

Introdujo su ardiente lengua en la pronunciada división, al tiempo que introducía su mano entre el hueco formado. Acariciando, con el pulgar e índice, la punta del pene, mientras que los otros dedos sostenían el resto del miembro.

Hector no pudo contener que los sonidos escapasen con mayor volumen.

Su cuerpo se había comenzado a mover ignorando todo recato y ahora sus caderas se movían incontrolables en torno a esa caricia en su miembro a medida que su trasero buscaba el contacto de Isaac.

Era enloquecedor imaginar lo que pasaría a continuación, pero lo estaba esperando con ansia.

El rostro de Isaac no daba crédito a la satisfacción que sentía al ver lo bien que Hector respondía

Su mano parecía tener pensamiento propio, sus movimientos eran lentos pero profundos, logrando que la movía que tenía a su merced regalara los indicios de su esencia.

La otra mano del pelirrojo se introdujo por el otro lado, y se aferraron a los testículos que parecían hasta ahora abandonados.

-... No dejes de llamarme Hector. -musitó entre las profundidades del territorio que exploraba tentativamente.

- ¡Isaac! - exclamó Hector y apoyó su cuerpo sobre los codos para levantar más su trasero - ... Hazlo... - gimió - Ya no lo soporto.

El pelirrojo se detuvo casi en seco ante esa súplica, y sin poder evitarlo sonrió y dejó el miembro a su suerte.

-Esos deseos ocultos, siempre han sido mis ordenes -colocó ambas mandos sobre cada una de las firmes nalgas de Hector y las abrió, exponiendo la parte más intima de éste.

Lentamente comenzó a acariciar con su húmeda lengua el principio y final de la zona, sin tocar aún la parte que Hector deseaba.

-¿Tanto lo deseas? -preguntó con esa voz que tanto desesperaba al otro.

- ¿Tanto disfrutas haciéndome esperar? - replicó Hector y levantó más su trasero, provocando que esa sedosa lengua se internara más y dejando escapar un jadeo audible - Isaac... no puedo...

Hector deslizó una de sus propias manos y abarcó su miembro rígido para comenzar a acariciarse.

Isaac detuvo la mano de Hector en seco, de ninguna manera dejaría que éste tuviera placer alguno, al menos que el mismo Isaac se lo diese.

-Travieso, indeciso... -musito con molestia -Siempre dándome más trabajo.

Dejó de jugar con la parte secreta de Hector y abrió espacio para colocar su rostro debajo de las caderas de este, quedando frente al pene que lucía erguido y doloso.

Sin decir más lo introdujo en su ardiente boca, dirigiendo las caderas de Hector con sus dos manos; estrechando las nalgas que se contraían de placer, hasta hacerlas sonrojar.

Hector jadeó de sorpresa ante eso y enterró la cara entre los pliegues de la sábana, incapaz de controlar los sonidos de placer que comenzaron a tornarse ruidosos sollozos.

- Más... - pidió - Tócame más, Isaac.

Isaac trató de mantener una distancia con las caderas de Hector, pero no pudo ante la reacción del otro.

Trató de mantenerla toda dentro de su boca, contrayendo sus músculos para dar más placer.

Una de sus manos sujetó firmemente uno de los glúteos que hasta hace rato dominada, y dio espació para que uno de los dedos de la otra mano entrara lentamente.

Hector dejo escapar un sonido que resultó novedoso a Isaac.

Un sonido que le pareció terriblemente sexy y que le invitó a empujar un poco más hacia dentro; siendo capaz de sentir esa caliente carne cerrarse en torno suyo apretando de manera deliciosa en torno a su dedo. Invitándole a hacer más.

La sensación era inmensa y no podía imaginar lo desquiciante que podría llegar a sentirse si clavara su miembro hambriento dentro de tan estrecho lugar.

Siguió jugando con la pequeña entrada de Hector, introduciendo un segundo dedo, enterrándolos y  entreabriéndolos lentamente para ambientar la zona.

Hector lanzó otro gemido y contrajo sus glúteos, sintiendo parte de la mano de Isaac.

El pelirrojo sentía el cuerpo de Hector sobre el suyo y al tenerlo de tal forma, como su estuviese peleando por su vida le excitaba todavía más.

Incrementó sus movimientos, emparejándolos con las succiones que le daba al órgano, sintiendo toda su longitud.

Finalmente dio la última succión,  mostrando toda su pasión contenida, asegurándose de que Hector alcanzara el clímax.

Hector se tensó.

Una corriente eléctrica traspasó su cuerpo de una forma absolutamente novedosa y se centró en su excitado miembro; derramándose en los labios de Isaac; temblando debido a la intensa sensación que le hizo morderse los labios con fuerza hasta sacar sangre.

El pelirrojo se apresuró en beberse el líquido que esperaba con ansias; por alguna razón este sabía todavía mejor que la primera vez.

No tardó mucho en desaparecerlo, e incluso se atrevió a succionar hasta la última gota.

Lo quería todo de Hector.

Hector jadeó y se dejó caer en la cama, tras apartar un poco al pelirrojo.

Su vista nublada se posó en la expresión satisfecha de Isaac y suspiró de manera ruidosa.

-Espera un poco -musitó Isaac mientras desaparecía algunas gotas que quedaron en sus dedos - Quiero todo... todo. –agregó impaciente.

Se clocó a lado de Hector y colocó la mano sobre su espalda.

Éste temblaba debido al orgasmo intenso que había tenido.

Le tomó del rostro y lo besó, dejando que probara su propia esencia.

Las mejillas del chico de los cabellos de plata estaban rozadas, y en esa pose parecía un sueño hecho realidad.

-Pareces un ángel -musitó Isaac -Al que voy a tomar hasta perder el conocimiento... como siempre lo he deseado. -Tomó la mano de Hector y lo colocó sobre su miembro -Puedes sentirlo lo necesitado que esta por ti... Hector.

Hector sintió calientes sus mejillas y evadió esa intensa mirada.

- Tómalo - dijo con un susurro y volvió a mirarlo - Tómame, Isaac.

Isaac lo miró con esos ojos que hasta hace unos instantes parecían perturbados.

-Necesito un lubricante para poder tomarte... ya no deseo causarte más daño. -confesó casi con timidez.

Hector dejó escapar una risita y estiró una mano hacia el único mueble que había cerca de la cama.

De él, extrajo una preciosa botella, diseñada con delicadeza.

- En ese caso necesitarás de esto - le dijo con una sonrisa coqueta y se la tendió.

Isaac la tomó sin perder el tiempo.

-Quiero que me tortures un poco -comentó con malicia mientras la abría y  tomaba las manos de Hector -Enséñame esa crueldad que aun duerme en ti -agregó antes de esparcir el liquido concentrado sobre ellas.

Hector enarcó una ceja ante la petición.

Frotó el líquido entre sus manos hasta calentarlo y se acercó a Isaac para reclamar sus labios, acariciando la piel de su pecho hasta tocar ese endurecido miembro, que comenzó a acariciar, untándolo con el resbaloso líquido.

- Así que quieres verlo - ronroneó Hector mordiendo esos labios. Tironeando con suavidad de ellos - Te lo mostraré, Isaac... Te satisfaceré...

-Siempre he buscado eso. -abrió sus piernas para que Hector tuviera acceso total del órgano erguido -Hector. -gimió Isaac perdido en la sensación de ser tocado de tan especial manera. -Te estas buscando problemas al hacer eso...

- Quiero problemas - susurró Hector con malicia y se inclinó para tocar la punta de ese pene con la lengua - Todos los problemas posibles - ronroneó untando más aceite para hacer más resbaladizo la piel.

Isaac tomó las manos del otro y las guió por su propio miembro. Pero no bastó mucho para que éste miembro se engrosara, exponiendo su urgencia.

-Ven acá -le ordenó entre besos cortados.

Atendiendo la petición de Isaac, Hector se acercó, acomodando su cuerpo en la mejor posición, sin dejar de besar esos labios finos.

Hector se recostó de nuevo y colocó ambas piernas alrededor de las caderas de Isaac, exponiendo la entrada a su cuerpo y untando el aceite entre sus nalgas, sin dejar de ver la atenta expresión del pelirrojo.

- Ahora, Isaac... - ronroneó - Ven aquí... Dentro.

El pelirrojo cerró sus ojos al sentir tanta cercanía con quien alguna vez fue su enemigo.

Colocó la punta de su hombría sobre la entrada de Hector, tentando, jugando con sus propios deseos.

-Seré gentil -apenas si pudo decirlo correctamente, porque la sensación de penetrar ese cuerpo que alguna vez odio controlaba de sobremanera -... aunque sólo será por un momento -agregó una vez que introdujo la punta.

Hector ahogó un gemido de dolor.

Apretó los labios a medida que Isaac se adentraba en su cuerpo y agradeció que esperase antes de comenzar a moverse en su interior.

Acto seguido atrajo a Isaac y lo acomodó encima de él; levantando sus caderas para permitirle ese bello movimiento.

- Ahora, Isaac... Hazlo.

El pelirrojo empujó lentamente contra esa apretada entrada, sintiendo como se vencía ante el vigor de su hombría.

-Oh Hector. -lloró con placer. Tomó las caderas del chico que poseía, -Quiero llegar hasta el punto más intimo de todo tu ser.

Hector lamió sus labios lastimados y dejó escapar todo el aire que estaba reteniendo en sus pulmones.

- Isaac - levantó sus caderas y sintió ese firme miembro hundirse más en su cuerpo - ... por favor... - le urgió.

-No entones esa voz -musitó con desafino. El placer era tan inmenso que podía sentir su misma sangre recorrer rápidamente  por todo su cuerpo.

Cerró sus ojos y dejó que sus gemidos se escucharan en cada rincón de la habitación.

Incremento sus penetraciones, casi de la misma manera en que el sudor brotaba de cada uno de sus poros.

Profanando cada milímetro de Hector.

Sintió la manera exacta en que sus cuerpos se sincronizaban en esa erótica danza acompañada por la música de sus gemidos.

Movimientos que se aceleraron poco a poco, aumentando el eco de sus voces y susurros entrecortados.

Movimientos que se acercaron al éxtasis cada vez más.

Isaac sujetó a Hector fuertemente de las caderas y sin dar aviso alguno lo sentó sobre de él, llegando hasta ese punto exótico que podía desquiciarle, martirizando esas nalgas que se contraía al sentir el placer en todo su ser.

No titubeo en  tomar preso uno de los pezones que se ofrecían plenamente. Sin embargo, en esta ocasión fue gentil y lo lamió un par de veces con la punta de su lengua. Deleitándose con el extraño sabor de la mezcla del sudor y la sangre seca.

Sus manos gozaban de vida propia, al mover a diestra y siniestra  las caderas de Hector, penetrándolo cada vez con más intensidad.

Hector acompañó ese movimiento al apoyar sus manos en ese pecho sudoroso.

Cada envestida parecía ser capaz de acercarlo al mismo infierno.

Pero no le importaba.

Quería gozar de todo aquello que le había negado a su corazón, gozarlo sin reservas. Quería pertenecerle por completo.

Un escalofrío sacudió el cuerpo de Hector, haciéndole temblar y emitir un grito de satisfacción que se evidenció en ese líquido blanco que bañó el pecho de Isaac.

El líquido le quemaba como si fuese una bendición por todos sus pecados.

Y no faltó mucho para que él mismo explotara con intensidad dentro de Hector.

Y se lo hizo saber al instante en que encajó sus afiladas uñas por esa espalda perfecta, marcándola hasta que unas finas líneas de color rojo carmesí aparecieran, embelleciéndola aún más.

-Oh Hector, -exclamó su nombre un sin fin de veces, hasta sentir como el conocimiento le abandonaba por completo. Sin duda alguna, se había entregado totalmente.

Hector sonrió agotado.

-... te amo... - susurró con cansancio.

¿Amor?

Solo había murmurado esas dos palabras a una persona.

... esa persona estaba muerta...

Precisamente por él.

- A pesar de todo el dolor que me has causado no pude dejarte morir - dijo apretando los dientes - No pude...

Isaac suspiró, confundido ante las palabras de Hector.

Movió un poco su mano, apenas notable.

¿Era acaso que buscaba la de aquel por quien decidió no perecer en las ruinas del castillo?

- Lo mantuve oculto todo lo que pude... - susurró Hector - Ya no puedo... Esta emoción me ahoga...

La silueta de Isaac parecía como si estuviera a punto de desaparecer.

-Hector -musitó en dos silabas débiles.

Hector rodeó con el cuerpo de Isaac y lo apretó con cariño.

- Ahora todo esta bien... - aseguró.

Isaac respondió a la calidez que lo abrazaba con una sonrisa pura;

Confiando plenamente en que todo estaría bien desde ese momento en adelante.

Ambos forgemasters cerraron sus ojos, y se perdieron en el delicioso cansancio que cerró sus ojos para dejarles dormir. 

~.o.~

Un tímido rayo de luz se filtró por la ventana para iluminar de forma tenue dos cuerpos entrelazados y cubiertos, apenas, por una pulcra y arrugada manta.

Fuera, se alcanzaron a escuchar los sonidos propios de criaturas diurnas... Criaturas que dieron la bienvenida al bello amanecer que renacía en ese momento de manera gloriosa.

El canto de esas delicadas especies se apreciaba suavemente por uno de los dos soñadores.

Isaac abrió lentamente sus ojos, enfocando su visión.

¿Estaba realmente ahí?

Se volvió a un costado y observó la pacifica expresión de aquél que le acompañaba.

Sonrió y dirigió una de sus manos hacia esa tierna mejilla que tanto quería tocar.

Lamentablemente todo quedó en un simple intento.

Un sonido ajeno a lo que había percibido hasta ahora, hizo que se levantara de inmediato.

Se puso rápidamente su pantalón de cuero y salió de la habitación sin hacer el más mínimo ruido.

Una vez fuera, tomó el Chauve-Souris.

-Esta lanza... -pensó con satisfacción al notar que Hector pudo conseguirla...

Sobretodo, de haber decidido conservarla... su lanza favorita.

- Ser de las tinieblas que osas perturbar la paz - se escuchó una tranquila voz - , puedo sentirte... No te molestes en ocultarte.

Isaac trazó una sonrisa en su rostro.

-¿Ocultarse?- respondió con sarcasmo mientras cerraba la puerta a sus espaldas, encarando a Belmont.

- No lo niegues, demonio - siseó Trevor, frunciendo el ceño - ¿Qué otro ser más bajo atacaría a su propia hermana? Eres despreciable.

-No sé de qué me estas hablando - respondió el pelirrojo mientras caminaba hacía su enemigo.

Se detuvo a un par de metros y le encaró.

-Cometí un error al no haber terminado con tu indeseable presencia. -agregó mientras se acariciaba el cabello.

Trevor sonrió con un evidente tinte de burla.

- Es tarde para lamentarlo, monstruo - susurró tomando su poderoso látigo para atacar.

Isaac se puso en posición de combate y extendió su brazo izquierdo, provocando al aperlado.

-Ven, mal nacido... que me estoy cansando de esperar. -agregó mientras maniobraba su lanza.

Trevor bufó.

Con un salto limpio se acercó un poco, blandiendo su poderoso látigo en busca de la piel desprotegida del pelirrojo.

-Predecible -se mofó el pelirrojo mientras saltaba acertada mente quedando a espaldas de Trevor -Muéstrame lo que tienes.... BELMONT! -gritó entre risas fuera de control.

Trevor sonrió.

Un veloz movimiento le permitió golpear ese rostro con un codo.

Claro que esperaba eso de Isaac. Estar a la espaldad de un oponente parecía describirlo al a perfección.

El rostro de Isaac ardió ante el contacto, más el golpe no fue lo suficientemente fuerte, pues de inmediato levantó sus manos, dirigiendo el arma contra Trevor.

-Demasiado fácil -exclamó al golpearle con una de las puntas en el costado -¡Vamos Belmont! -exclamó con burla mientras tomaba la punta del látigo, alejándose de su enemigo.

El material quemaba sobre sus manos, pero eso no importaba... no había más placer que humillar a un honorable descendiente de los Belmont.

Trevor apretó los dientes.

Ese sujeto le irritaba.

Con una agilidad envidiable alzó de nuevo su cuerpo por los aires y concentró energía para crear un Holy Cross que se encargó de lanzar al pelirrojo contra la rocosa pared que se derrumbó un poco con el impacto.

El cuerpo de Isaac cayó seriamente herido; se levantó con dificultad, maldiciendo al causante de su dolor.

... Sin embargo, no se dejaría vencer tan fácil.

Cerró sus ojos y su cuerpo se tornó erguido, concentrando toda su energía.

-Es hora de terminar este juego tan aburrido -exclamó mientras se dirigía a Trevor.

Trevor se preparó para recibirlo.

Una sonrisa retorcida apareció en sus labios y corrió para acelerar el encuentro.

Lo acabaría de una buena vez.

El encuentro entre ambos guerreros produjo un terrible impacto de energías que solo pudo manifestarse en una brisa violenta.

Trevor maldijo, había recibido un golpe doloroso.

La lanza de Isaac se incrustó profundamente en una de sus piernas, sin embargo, el látigo de Trevor logró capturarlo.

Trevor sonrió ante eso. Habría valido la pena recibir varias heridas, más si el resultado era ese.

- Estás perdido - dijo con satisfacción y comenzó a golpearle con todas sus fuerzas una y otra vez - Esta vez me aseguraré de mandarte a donde perteneces.

- !Aléjate! -exclamó Isaac al sentir como su cuerpo era torturado por el mismo látigo que extinguió la vida de su maestro.

En ese instante, apareció una luz sobre su ser, presentando al ID que le rescató de las garras de la muerte.

-¡Tu! -musitó sin fuerzas.

- No es posible - Trevor vio el ID también y recibió un poderoso golpe que lanzó lejos.

El látigo perdió su fuerza al ser separado de su dueño.

Isaac seguía tendido casi inconsciente, consecuencia del arma que consumió casi todas sus energías.

El querubín sonrió, y una cálida aura se formó a su alrededor.

Su cuerpo cambió, creciendo unos cuantos centímetros más, su cabello tomó forma, escondiendo su rostro perfecto bajo esos suaves rizos, revelando finalmente su verdadera imagen.

-Hector - musitó Isaac sorprendido.

Incrédulo de que ese travieso ser fuera idéntico a Hector.

- Has podrido el alma de Hector, rufián - acusó Trevor viendo al hermoso ser - ¿Cómo te has atrevido?

Isaac no respondió a las palabras dichas, ni siquiera las pudo escuchar.

Toda su concentración estaba enfocada en ese adolescente que resembraba la imagen de aquél que amaba.

Lo quiso tocar, sin embargo, el ID voló alejándose de él hasta postrarse cerca de la puerta de la morada de Julia.

-Hector- murmuró, mientras alzaba su mano en dirección al otro. Suplicando en silenció por una explicación.

- ¿Quien ha podrido mi alma? - se escuchó una tranquila voz.

El ID dejó ver una sonrisa burlona.

Por la puerta cuidadosamente cerrada, salió un hombre de ondulados cabellos plateados, avanzando paso a paso, con un pantalón arrugado y mal puesto; eliminando la distancia con sus pies descalzos hasta colocarse entre Trevor e Isaac.

Trevor señalo al ID que no dejaba de verle con profundo odio.

-Esa abominación que es idéntica a ti. -exclamó apuntando al otro ser -¿Es que acaso te has regalado tu alma al infierno... por este desdichado?

Hector miró a su fiel ID.

Ah, si... lo había olvidado.... Al menos lo intentó.

- ¿Y qué si es así? - musitó con calma y dio la espalda a Trevor, con clara intención de revisar a Isaac - Es mi alma después de todo... Puedo hacer con ella lo que me plazca.

- Patrañas. Este demonio ha ascendido desde los infiernos para tomar tu alma y seguir con sus planes perversos.

Hector se rió.

Con cuidado se inclinó para tocar el cuerpo de Isaac.

Sobreviviría.

- Hasta ahora sus... "perversos planes" no me han molestado - declaró con descaro y se puso de pie nuevamente, mirando a Trevor - Pero.... - arrugó el ceño - tus planes si me molestan.

-Lamento haberme equivocado. –la voz de Belmont parecía resentida - Siempre serás un sirviente del mal. -replicó mientras se preparaba para el combate.

Corrió hacia Hector, y saltó hasta quedar a cerca de el.

-Lo lamento por Julia.

Hector reaccionó rápidamente para no permitirle a Trevor estar a su espalda y comenzó a combatir cuerpo a cuerpo. Claro que Trevor era bastante bueno en eso, pero mientras Hector lo alejara de Isaac todo estaría bien.

Además su poderoso ID permanecía impasible, frente a Isaac. Alerta.

-¿Acaso darías tu vida por esa escoria del infierno?

Trevor maniobro el látigo y la bola de acero que estaba en la punta hizo contactó con el brazo de Hector, dominándolo hasta doblegarlo de dolor.

Hector se mordió los labios para no dejar escapar sonido alguno.

- Yo... - jadeó - Ese es... asunto mío... Yo no... quiero que Isaac... muera.

Trevor no daba razón alguna a las palabras de Hector.

- Es una perdida de tiempo -gritó Trevor con dolor de perder a una persona que alguna vez le consideró un buen camarada - Holy Water -exclamó un segundo antes de que una tormenta de agua cayera sobre el Forgemaster,

Hector maldijo ante el doloroso ataque.

Su piel expuesta comenzó a arder de manera agonizante y le obligó a caer de rodillas, intentando controlarse para continuar.

Trevor avanzó hasta quedar frente a Hector.

Lo miró un instante antes de levantar su Vampire Killer.

-Tendrás una muerte honrosa -comentó antes de dirigir su arma letal el forgemaster.

¿Morir?

Hector parpadeó sorprendido al notar que no deseaba eso.

Sin embargo el arma se dirigía a él con bastante fuerza y el hombre pensó que no podría remediarlo.

O al menos eso pensó.

Un poderoso impacto rebotó el arma y a Trevor, haciendo que Hector abriera los ojos y viera a su precioso ID desintegrándose repentinamente por el golpe.

Pese a ello no lo había comprendido.

Belmont cayó a unos metros, dolido por el impacto, tratando de conseguir aire para sus pulmones.

El golpe además de haber sido fuerte, fue certero al golpearlo rápidamente, dejándolo indefenso y sin posibilidad de seguir combatiendo.

- ¿Que sucedió? -jadeó con dificultad.

Ante él; un sereno ID se regeneró como si nada hubiese pasado.

Mirándole con esos ojos tranquilos... intentando transmitir un mensaje solo con ese par de pupilas serenas.

A lo lejos, Hector miraba con igual sorpresa.

-¿Es esta tu voluntad? -Trevor tosió y aventó un poco de sangre.

El ID sonrió.

Sin burla... sin arrogancia.

Una sonrisa limpia, llena de sinceridad.

Trevor se puso de pie, tomando su tiempo para determinar que haría dado que no estaba en condición de seguir luchando.

-Esto no termina aquí. La próxima vez que los vea…

Se quedó en silencio, como si dudara de sus propias palabras.

De esa forma avanzó su camino, alejándose de los dos devil forgemasters

Su mente no se tardó en formular preguntas que exigían respuesta.

"Ese ID… No puede ser resultado de una casualidad. "

- ...Hector. Me pregunto ¿Por qué? -siguió su camino decidido a encontrarse con Julia.

Seguramente ella podría aclararle sus dudas.

Sus pasos se tambaleaban con molestia, sin embargo no podía detenerse. Necesitaba llegar hasta el sitio y aclarar lo ocurrido.

Necesitaba respuestas.

Por ello agradeció atravesar la entrada de su refugio y caer de rodillas frente a la bella mujer, debido al cansancio.

- ¡Trevor! - ella notó al instante  su presencia y se inclinó para revisarlo - Por Dios... tu cuerpo...

-Estoy bien. -respondió de inmediato, rechazando su contacto.

Busco sus ojos color verdes y se adentró en ellos, intimidándolos.

-Necesito que me respondas muchas preguntas. -sus labios apenas si fueron capaces de pronunciar esas palabras, antes de expresar un terrible dolor por todo su cuerpo. -Esta energía que recorre todo mi ser... ¡Ese Innocent Devil de Hector!.

Sus dientes crujían ante la impotencia que sentía en ese momento.

¿Energía?

Julia se detuvo un momento a analizar las palabras de su interlocutor. Fue en ese mismo momento en que detectó la especial presencia y se cubrió los labios con horror.

- Algo así no puede existir - dijo ella con seguridad.

-Es idéntico a él. -extendió su mano descubriéndose la muñeca.

La energía parecía tener vida propia al desplazarse en el interior de sus venas.

-Es como si toda la maldad estuviese aquí dentro de este cuerpo.

Julia entendió al instante y se acercó de nuevo al hombre, aplicando su poder para detener la energía que parecía querer eliminar a aquel que invadía.

- Tranquilo - susurró ella - Lo expulsaré de tu cuerpo.

El cuerpo de Trevor se tensó y la energía fue transpirada a través de cada uno de sus poros.

Guardo silencio por un par de minutos mientras ajustaba su fuerza para ponerse de pie ayudándose de una silla.

-Usted.. no parece asombrada ante este acontecimiento.

Julia evitó mirarlo y suspiró.

- Hector hizo esto antes de que yo pudiera encontrarlo, en esa terrible batalla - murmuró - Algo que le quitó la energía... Algo realmente grande. - se apartó de él cuando lo hubo curado - No pude saber de lo que se trataba.

-Ese ID es su misma imagen. Tanto que hasta el mismo Isaac no daba crédito a lo que veía.

Observó a la bruja que se aclamaba como la hermana del pelirrojo.

-Tu sabías que ese despojo infernal estaba vivo. ¿O me equivoco?

- Nunca estuve segura - admitió ella - Hasta ahora... - miró a Trevor - Ese... ID... ¿En qué condiciones apareció?

Trevor no dejaba de mirarle como si fuera un ser peligroso que podría atacarle en cualquier momento.

-Apareció justo cuando iba a terminar con la miserable existencia de su "hermano"

- Ya veo - ella suspiró - Mis sospechas se confirman con esto - se puso de pie para sentarse de nuevo en la cama - Ese ID fue creado por el verdadero deseo de Hector - explicó - En este caso... fue proteger a mi hermano.

-¿Por qué razón? -respondió Trevor en total sorpresa.

-No encuentro la lógica a sus palabras.

- ¿Tan increíble es entender que Hector ama a mi hermano? - ella sonrió con tristeza. - Su obsesión con la venganza no podía justificarse y entonces... pensé en esa posibilidad... es posible que ni el mismo Hector lo supiera.

Belmont se puso de pie y se detuvo en la mesa, apoyándose en ella.

-Entonces esa es la justificación de ese ID, y del mismo Hector. -murmuró entre sonrisas incrédulas.

-Salvar a Isaac, inclusive de las garras de la muerte. -agregó con un tono que estaba seguro que le dolería a la bruja -Usted lo supo desde el comienzo. ¿No es así? ¿Por qué no me dice, que fue lo que sucedió desde un principio.? –comentó seriamente -Y nos ahorramos este juego de palabras, mi señora.

Julia sollozó y cayó de rodillas.

Comenzó a llorar sobre las piernas del hombre.

Ella siempre lo supo, si. Pero lo había negado con todas sus fuerzas.

Ahora solo podía admitir que había perdido a Hector.

Solo eso.

Trevor la miró sin sentimiento alguno.

-Así que su plan no le salió como esperaba.

Avanzó lentamente, dejando que la rubia se ahogara en su propio mar de lágrimas.

-Usted planeó la muerte de ese miserable desde un principio... siempre buscando que alguien le asesinase. –comentó con el ceño fruncido -Pero jamás contó con que Hector le diese otra oportunidad.

La chica detuvo su llanto, más no respondió a las acusaciones mencionadas.

Trevor suspiró incrédulo y cerró sus ojos.

-No duraría que Usted haya manipulado al débil de su hermano para traer al mejor candidato que podría usar Dracula como cuerpo.

Se volvió su rostro hacia ella, mirándola de reojo, mostrando cierta burla que no se atrevía a reflejar.

-Inclusive, haber organizado esa acusación contra Rosaly... Todo en nombre del amor. -abrió la puerta y se detuvo antes de abrirla. -Me pregunto hasta donde es capaz de llegar una bruja que ha sido señalada desde su niñez.

Y con esas palabras, dejó a Julia a su suerte.

Salió del escondite, pensando en que tal vez debería enclaustrarla de por vida...

A final de cuentas dudaba que la maldita saliera de ese lugar algún día...

Julia lloró sola.

Lloró por las palabras que ese hombre le dijo y por todo lo que ellas implicaban.

Derrotada.

Si... había sido derrotada.

... y dolía...

Trevor decidió abandonar ese lugar y volver a casa, donde sus Padres lo esperaban con noticias de lo sucedido.

La misión había sido cumplida. Drácula no volvería por ahora, y lo que sucediese con los forgemaster no era asunto suyo... siempre y cuando no se entrometieran en su camino.

Capitulo III >>>