Titulo: Sentimiento Oculto
Autor: Akiko and
[info]benigirl
Serie: Castlevania COD
Personajes: Isaac x Hector
Clasificacion: NC-17
Capitulo 1: 
Isaac ha sido vencido por Hector. Todo lo que conoce se derrumba a su alrededor... incluso su vida. Sin embargo un deseo insatisfecho le salva la vida. Ahora Isaac busca a Hector y nada lo detendrá hasta que tenga respuestas a sus preguntas.

 

 Capítulo uno: Otra opción

 Un retumbo violento marcó el fin del poderoso sitio.

Finalmente había terminado y todo se dejaba ver en las rocas, rodando a través de los preciosos y caprichosos monumentos de la imponente construcción.

Destrucción.

Poco a poco se fue desintegrando el enorme castillo. Desboronando paredes, descansos, escaleras y estatuas.

Poco a poco... marcando el final de un poderío oscuro que se veía abajo junto con su amo y señor.

Escondida en las entrañas del castillo, la alcoba que dirigía a la cámara principal, seguía intacta.

Su interior reflejaba el abandono al que fue expuesta.

Los candelabros y las armaduras decían más de lo que se pudiese imaginar. Sin embargo, la oscuridad escondía algunos detalles importantes.

La presencia de los últimos forgemasters que, habiendo dado todo por proteger sus creencias, yacían como seres indefensos antes la destrucción que se aproximaba sin misericordia alguna.

No había nada que hacer para impedirlo.

Todo su poder se había reducido a una mínima proporción y ninguno tenía fuerza para ponerse en pie.

Además, tampoco parecían querer hacerlo.

No al menos él, Hector... quien permanecía con una resignada expresión en su tranquilo rostro.

Morir no era tan malo, ¿verdad?

No si él lo deseaba.

Y lo cierto es que ya no había muchas cosas que deseara realmente.

Así que podría mirar con tranquilidad ese impresionante lugar derrumbarse poco a poco, pese a que ello marcaba el tiempo que le quedaba de vida.

Podía esperar paciente a que el momento llegara, estando seguro de que no cometía un error.

Pero esa idea no era compartida por su acompañante.

A una corta distancia, se podía ver el cuerpo de aquél que le enseñó la imperfección del amor, contrarrestando las enseñanzas que Rosaly instruyó con tanto esmero y devoción.

Isaac.

El segundo forgemaster quien, con menos suerte, estaba sumido en la debilidad absoluta.

Totalmente a merced del destino que la vida misma le ofreciera sin más alternativas.

El mismo que, a diferencia de Hector, daba indicios de rebelarse ante su merecido castigo.

Lamentablemente no era mucho lo que podía hacer… tan sólo esperar a que su fin llegase.

Una pobre alma sin alternativas... Ese pensamiento provocó un vacío en Hector y gimió de debilidad antes de posar su mirada en aquel que tanto dolor le había causado.

Desde ahí podía ver su tupido cabello rojo, cubrir de manera caprichosa ese rostro maltratado por la pelea. Por su pelea.

Al final de cuentas era inocente...

Hector suspiró cerrando los ojos.

No le parecía justo.

Aquel que compartiría su destino querría vivir, sin duda... Querría enmendar todo... ¿verdad?

Aquél que moriría ahí, con él, lucharía de tener fuerzas para hacerlo.

Usando lo último que le quedaba de fuerzas logró ponerse de pie, enfocando su energía, a satisfacer ante todo sus instintos de justicia.

Cerró sus ojos y extendió sus brazos creando un aura incolora, la cual forjó con tremenda devoción.

"Que la energía que siempre he reprimido salga, y se convierta en la nueva esperanza de aquellos que aún desean continuar"

Concentró todo su poder en uno de los querubines rechazados, dándole el  aliento de vida.

Este comenzó a tomar la forma de un pequeño angelito de tez sombría, cuyas delicadas alas fueron reemplazadas por aquellas semejantes a las de un murciélago, conservando aún así una belleza casi perfecta.

En su pecho, tenía incrustado un fino pedazo de amatista que daba el balance a su delicado cuerpo. Exponiendo la calidad de vida al brillar con envidiable perfección.

Su rostro, a corta distancia parecía perfecto, sin embargo al tenerlo cerca se apreciaban la venas que transportaban la sangre plenamente contaminada con la maldad de su creador.

Sin embargo, lo más cautivador era el aura invertida que, en lugar de estar sobre su pequeña cabecita, estaba situada sobre sus pies. Y aún a pesar de que acababa de nacer, estaba conciente de su función.

El querubín sonrió con malicia y voló como un pequeño travieso entre las paredes de la alcoba, hasta llegar sobre la cabeza de Isaac. Se detuvo de inmediato y lanzó una risa traviesa, Retumbando en todo el lugar.

Inmediatamente su aura, que podría haber pasado como indefensa, se tornó roja y poco a poco, fue invadiéndolo por dentro, recorriendo cada una de sus venas, fungiendo ser la sangre indispensable para subsistir.

El proceso fue tardío, pero no lo suficiente.

En cuestión de segundos fue capaz de emanar todo su poder y ubicarlo sobre Isaac.

El aura se desintegró por completo sobre el cuerpo del pelirrojo, devolviéndole lentamente sus fuerzas.

Hector suspiró lleno de satisfacción al presenciar eso.

Ahora podría estar seguro de que había hecho lo necesario.

Ahora todo estaba bien.

- Ya... - musitó - puedo esperar el final con tranquilidad.

La habitación continuaba sucumbiendo a lo inevitable. Destruyéndose poco a poco,  llevándose la seguridad que alguna vez tuvo.

Sin embargo los ruidos monótonos de esa destrucción se vieron acompañados de pasos.

Pasos que se acercaron hasta Hector y le proporcionaron un tacto gentil en su cabellera húmeda por el sudor.

- Sabía que dirías eso.

Hector sintió un movimiento gentil que lo enfrentó a ese precioso rostro femenino.

Ella.

- Julia.. - sonrió - Que lista...

- Viendo tu tarea terminada, era fácil suponérselo. - aseguró ella con gala de paciencia.

- Y ahora me das una tarea más... - aseguró él, entendiendo a la perfección.

Julia sonrió.

- Partamos entonces - pidió ella y alcanzó ese antiguo báculo con el que invocó su energía, rodeando ambos cuerpos. Ajustó el cuerpo de Hector y levantó la mirada hacia su hermano.

No tenía caso llevarlo con ella. No si su alma seguiría en ese tortuoso camino.

- Adiós... Isaac - musitó ella llamando la atención de un Hector que no se atrevió a

apartar la mirada del suelo.

Finalmente ambos desaparecieron, poniéndose a salvo de la inminente destrucción.

La fineza de esa energía, llamó la atención de aquél que fue dejado a su suerte.

Isaac abrió sus ojos, y buscó distinguir las dos figuras que apenas eran separadas por unas pulgadas, y fue antes de que estas desaparecieran cuando las identificó.

Extendió su mano en un movimiento innato y mencionó el nombre de su antiguo compañero.

-¡Hector! - exclamó como si le faltase el aire.

Cerró su mano hasta convertirse en un puño sin voluntad y lo bajo.

Fue entonces cuando se dio cuenta de la situación en la que se encontraba.

-No caeré de esta manera. - después de tales palabras, el querubín voló sobre de él, buscando su atención.

 -Sabía que no podía ser abandonado. -sonrió con la malicia que lo identificaba.

El querubín junto sus pequeñas manos, y cerró sus hermosos ojos entonando un canto perfecto.

Una plegaría que desgarraba el alma de cualquiera que la escuchase, tan profunda que se podía escuchar en toda la alcoba, y sus lamentos eran más profundos que aquellos producidos por el derrumbe.

Isaac, confió y se dejó encantar por la melodía.

-Muy pronto... -fue lo último que pensó antes de perder la conciencia.

 

~.o.~

 

Hector llegó a casa al atardecer.

Como ya era costumbre, se despojó se la ropa pesada y avanzó hasta la sencilla habitación en donde lavó su cara en el cuenco que estaba acomodado junto a la cama.

Estiró una mano buscando una toalla, pero no la alcanzó.

Ese detalle le hizo levantar la mirada solo para comprobar que Julia no estaba a un lado suyo, ofreciendo la prenda con la que solía secar su rostro.

Que extraño.

Pensando que ella había necesitado salir, tomó la toalla él mismo y secó la piel de su cara.

Caminó hacia la mesa y buscó los adornos que siempre solían estar a su llegada.

No había nada.

Tampoco había comida.

Extraño.

Hector sacudió la cabeza alejando sus caóticas ideas y tomó una fruta para comerla a la vez que acomodaba su cuerpo en la sencilla cama.

Esperaría a que ella regresara.

Pasados unos minutos en los que se había aburrido de entretenerse con el corazón de su manzana, pensó que ya había tardado mucho.

¿Habría salido por una urgencia?

Con esa idea volvió a ponerse de pie en busca de alguna nota escrita por ella.

No había nada.

¿Debería preocuparse?

¡Qué situación! ya estaba preocupado.

Pero Julia había demostrado ser capaz de cuidarse a sí misma...

¿Verdad?

Hector arrugó el ceño y tomó de nuevo ese pesado atuendo con el que abrió la puerta para ir a buscarla.

Ya se encargaría después de calmar el carácter de la lista mujer, quien lo reprendería por apresurarse en algo que no tenía importancia.

Sin embargo, al levantar la mirada, la vio.

Inmediatamente se sintió ridículo y bajó los hombros dejando escapar un largo suspiro.

- Iba a buscarte - señalo innecesariamente.

El cuerpo de la rubia se paralizó un segundo, extrañada de verlo con signos de preocupación.

-Salías a buscarme, ¿cierto? -murmuró indagando la mirada del antiguo forgemaster.

Éste se sintió descubierto y no pudo ocultarlo.

La chica sonrió.

-¿Podrías ayudarme con esto? -remarcó al señalar unas ramas que traía en sus manos.

-¿Qué es todo esto? –Hector corrió de inmediato .

-Solo son hierbas y cosas raras que he encontrado por ahí.

Hector sonrió sin saber que más decir, y se emparejó a su lado.

Ambos entraron al cottage y acomodaron las cosas sobre la mesa.

Julia también tenía preguntas

-Te desapareciste en la mañana, ¿Dónde estuviste? -su mirada lo recorrió, estudiando a detalle cada centímetro de su musculoso y bien recuperado cuerpo.

El guardó silencio, como si pensara en que responderle.

La chica se aproximó y colocó su mano sobre el hombro derecho.

El tacto era ardiente, inusual.

-Espero no hayas ido al castillo... –sonrió. -Nunca me has querido decir la razón por la que acudes... casi a diario.

Hector sintió que su corazón se agitaba con ridícula violencia ante esas palabras.

- No es nada importante - dijo a Julia.

¿No lo era?

¿Entonces porque iba a diario?

-Siento que algo me ocultas, más no puedo descifrarlo... no todavía. -sus palabras se agudizaban hasta quedar en un femenino susurro.

Uno que era capaz de derretir a cualquier hombre; sus hermosos ojos verdes brillaban con peculiar intensidad, deseosos de probarlo.

Acercó su rostro, temerosa de no hacer lo correcto, pero el miedo no duró mucho. Su deseo era todavía más fuerte

Hector notó esa mirada de inmediato.

Una sonrisa cargada de comprensión se dibujó en su rostro y se inclinó para presionar sus labios contra los de ella.

Suave y gentil...

Como siempre había sido con ella.

La delicadeza con la que Hector accedió al beso, no fue la que ella imaginó en sus sueños; ésta era capaz de llenarla de sensaciones y deseos que jamás sintió anteriormente.

Una intensidad que, si no controlaba, podría perderla en la ilusión de la que era presa.

No muy segura de sus acciones, se dejó envolver por tan peculiar placer, tomando la libertad de participar en la acción.

Sus manos femeninas tomaron a Hector por los hombros, deslizándose hasta mediación. Una vez ahí, los estrechó para sentir lo bien formado que estaban.

-Hector. - Murmuró agitada, con la respiración cortada.

Sus mejillas se sonrojaron, exponiendo su inocencia.

Hector acarició ese cabello rubio, atado a la perfecta coleta.

Con un gesto delicado liberó las rubias hebras y dejó que el cabello enmarcara ese precioso rostro.

- Eres hermosa... - musitó acercando el cuerpo femenino para apretarlo un poco contra el suyo, sintiendo la calidez de ella, a través de la ropa.

Julia se paralizó al sentir la cercanía; sin embargo poco podía hacer al respecto, su cuerpo, su corazón, todo su ser necesitaba de ese ser en el que confiaba plenamente.

El mismo que era capaz de derrotar todas sus defensas, orillándola a abortar su voluntad como mujer.

Temerosa a que Hector lo notase, cerró sus ojos antes de desabrocharle la camisa, y fue cuando apenas liberó el tercer botón, que aceptó finalmente su derrota.

Lo amaba y no había manera de seguir ocultándolo.

-Hector- gimió la chica de manera involuntaria.

Ese gemido dio a Hector el permiso de guiarla hacia la habitación. La tendió en la cama y desnudó su cuerpo femenino con delicadeza. Deteniéndose siempre a besar esos labios y cara para tranquilizarla, acariciando sus pechos con esas manos fuertes y tiernas.

Verla totalmente desnuda provocó en Hector un vuelco en su pecho que se manifestó en ese extraño rubor en sus mejillas.

Con cuidado se desnudó también y se acomodó en el cuerpo de ella. Siempre al pendiente de sus expresiones.

- No te preocupes - murmuró para tranquilizarla - seré cuidadoso...

Fue entonces cuando Julia entendió lo que estaba a punto de suceder.

Su mundo sucumbió sin saber la verdadera razón.

Pero algo estaba claro, eso no estaba en sus planes.

-No puedes... -gritó antes de que Hector la pudiese tomar, y sin dar lugar a que éste reaccionase, lo tomó del cuello, colocando sus dedos a los costados de la manzana de adam.

Aprensando fuertemente.

-Julia –murmuró él casi sin fuerzas.

La chica cerró sus ojos y mencionó unas palabras en idioma desconocido.

No paso mucho tiempo antes de Hector perdiera el conocimiento.

La bella joven se puso se pie de forma brusca, mirando desde lo alto el bello cuerpo masculino, inconsciente.

Por poco...

... por poco lo descubría.

La figura que hace un instante era semejante a Julia, cambió representando fielmente a la imagen de Isaac.

El pelirrojo se sentó sobre la cama, quedando a unos centímetros de Hector.

-¿Qué fue lo que…? –las palabras se perdieron en sus pensamientos.

Se miró a si mismo y al cuerpo inconsciente, ambos estaban desnudos.

No pudo sonreír al percatarse de su suerte; en ese momento podría hacerle pagar a su antiguo compañero, de la manera que se le antojase.

La idea no era tan mala.

-Maldito. - musitó con un despreció efímero que terminó en una sonrisa enferma llena de maldad -Así que ahora disfrutas de esa traidora – le preguntó sin esperar respuesta.

Su voz no daba muestras de sentimiento alguno.

En ocasiones era difícil entenderle, o saber que pasaba por su mente.

Aunque… en algunas otras, Hector podía definir la situación... incluso en como resolverla.

Isaac se acercó como bestia lista para atacar a su presa, y una vez que estuvo frente a Hector, saco la lengua y lamió lentamente una de sus mejillas.

-Eres patético… - musitó entre sonrisas propias.

Sin esperar más se aferró a los labios carnosos de Hector, mordisqueándolos hasta satisfacer sus deseos.

Sus manos se postraron sobre el pecho, acariciando el cuerpo a su merced; trazando con esas uñas bien afiladas, diversas líneas que se asemejaban a las que él tenía tatuadas.

-Oh Hector, Hector. Siempre tan débil –colocó su rostro frente a él y lo besó nuevamente, en esta ocasión extendiéndose hasta el cuello.

Jamás pensó encontrar tanto placer en ese ser.

Mucho menos estar tan desesperado por pecar en ese sentir.

-… siempre mi Hector. –murmuró entre besos desenfrenados y caricias bruscas. Su respiración agitada ardía, y deseaba tanto que Hector pudiese sentir la intensidad con la que era provocada.

Deslizó sus manos hasta las pequeñas tetillas, que se ofrecían de manera inconsciente, pero sólo una cautivó su atención.

Se aferró a ella de inmediato y la chupó hasta marcarla de manera notable.

Mordiendo el pequeño botón hasta el punto de hacerlo sangrar.

-Hector – exclamó casi en un suspiro -Reacciona… -gimió frustrado mientras se aferraba al cuerpo inconciente, protegiéndolo de todo, menos de si mismo.

Maltratándolo.

Estrujándolo desquiciadamente…

Pero de nada le sirvió.

Hector no respondía.

Perturbado, lo tomó del cuello, dispuesto a terminar con su vida.

-¿Es por el hecho de ser yo, y no esa maldita traidora?

Las lágrimas se deslizaron por su fino rostro, cayendo sobre el de Hector.

-Te haré pagar por todo… cada una de tus mentiras y promesas falsas.

El dolor era inmenso, y su frágil estado fue presa fácil.

-Traidor…

Fue entonces cuando lo vio nuevamente.

Al antiguo compañero.

Tan perfecto.

Como él mismo siempre quiso ser.

 -Hector. - sus manos parecían haberse congelado al darse cuenta de lo que iba a hacer.

Permaneció en shock por un momento…

Y sin poder controlar el contraste de sus sentimientos terminó en amargos sollozos.

Tendido sobre el cuerpo del otro.

Suplicando en secreto…

Y el silenció mismo lo alertó de la presencia del aura a su alrededor.

Brillando al máximo.

De la misma forma en que su risa retumbaba en cada pared de la modesta habitación.

-Sería una estupidez terminar con tu miserable existencia.

Isaac toco su miembro, y comenzó a acariciarse.

-Mereces sufrir todavía más.

Sus movimientos tomaron velocidad, igualando la faz de su risa enferma.

El cuerpo se movía bruscamente, sobre el de Hector, fingiendo ser poseído una y otra vez.

-… y ese privilegio, solo te lo daré yo.

Al terminó de sus palabras, expulsó su semilla.

Se detuvo de inmediato y la observó.

Sin titubear, alcanzó la mejilla de Hector y lo acarició con cuidado.

-Volveré. –musitó antes de ponerse de pie y dirigirse al cuenco donde lavó sus manos y rostro.

Y fue al momento que se secó, que percibió un aroma muy familiar.

Molesto, aventó la toalla sobre el suelo, y maldijo al dueño de tan exquisito aroma.

…confusión, rabia, deseo.

Todos aquellos sentimientos que Hector le producía lo inundaron rápidamente, dejándolo en una peor situación.

Con una nueva razón para odiarlo más.

Sin embargo, descargar todas esas emociones, donde el único espectador sería él, no resultaba enteramente divertido.

Quería escuchar sus jadeos de dolor. Ver su rostro desfigurado por todo lo que le hacía a su cuerpo.

Isaac gruñó.

Tendría que esperar.

Mil veces demonios.

 

 

~.o.~

 

 

Un pequeño dolor en su garganta lo despertó.

Un dolor que apenas se atenuaba y que le provocó una tos en busca de aliviarlo un poco.

Tras eso percibió otro dolor. Extrañamente diseminado en algunas partes de su piel y no parecía haber sido causado por alguna actividad que realizara cotidianamente.

Hector gimió y parpadeó luchando por terminar de despertar.

Tuvo la sensación de que... estaba en otro sitio. Todo adornado con esa extraña sombra a la que su actual hogar no estaba inmerso.

Se levantó lentamente, intentado adecuarse a la  atmósfera a su alrededor.

Justo a sus espaldas…

Isaac le observaba insistente, seguro de que Hector le sentiría de inmediato.

Trazó una sonrisa en su rostro, anhelando nuevamente, deseando deleitarse con el rostro de sorpresa que pondría el otro a verle.

Sería genial de esa forma, atacar su mente...

- Ju... lia... - murmuró Hector justo instantes antes de sentirlo.

Podía sentirla.

Atenta y profunda. Intensa.

Su cuerpo se tensó al instante y bajó la cabeza, negándose a voltear a corroborar lo que había percibido.

- Isaac - musitó con voz baja.

El pelirrojo no era muy dado a la paciencia, y aborrecía darle vueltas a un asunto; sobretodo cuando eran sus asuntos.

Sonrió nuevamente, sabía que era una perdida de tiempo esperar. Toda su juventud espero, por un sin fin de cosas, sueños y promesas...

Pero nada de eso llegó.

Avanzó lentamente, tratando de imitar el andar de su aborrecida hermana.

Al cabo de unos instantes quedó justo detrás de Hector.

El estar en esa situación, era todavía más emocionante, tenerlo parado ahí a su total merced, dándole completamente la espalda...

Sin defensa alguna.

 "Oh Hector... nunca dejaras de ser el mismo sentimental de siempre" pensó satisfecho.

Pero no podía quejarse, él mismo lo disfrutaba, y siempre trataba de manejarlo a su propia voluntad.

Colocó su mando sobre el hombro derecho del joven forgemaster, y antes de que pudiese reaccionar, recargo su frente sobre la espalda de éste.

En silencio...

Esperando...

Entreteniéndose con la respiración agitada...

Asustada tal vez…

Como le gustaba indagar, suponer...

Era tan divertido.

- Estas vivo... - fue lo único que Hector dijo y cerró los ojos - Elegiste por vivir... No me lo habría imaginado.

-¿Es que acaso pensaste que podrías librarte de mi? -respondió mientras colocaba la otra mano sobre el hombro hasta ahora libre de su tacto.

Lo estrechó fuertemente, pero no al grado de lastimarlo.

-Vamos Hector, sorpréndeme. ¿Qué no te da gusto de verme? -agregó entre risas sarcásticas, acercando su peligrosos labios a uno de los costados de el otro joven, a la altura del oído.

- No lo sé... - admitió Hector y colocó sus manos encima de las de Isaac - Suéltame - ordenó.

Isaac no era del tipo que gustaba recibir órdenes, y en esta ocasión no haría excepción alguna.

-¿Por qué razón debería de hacerlo? -deslizó sus manos hasta llegar al pecho de Hector, acariciándolo sobre el fino camisón que traía puesto.

El rozar de la tela con lo suave de su piel, erizaba el cuerpo del pelirrojo.

-¿Pensé que me habías extrañado?-exclamó con su típico sarcasmo.

Hector parpadeó.

Se sentía diferente.

- ¿Isaac? - murmuró, ahora no con tata calma - Suéltame - dijo con mayor firmeza.

No le gustaba la manera en que lo tocaba.

Sabía que Isaac era impredecible. Pero eso no le gustaba.

El pelirrojo metió una de sus piernas entre las de Hector, al tiempo en que una de sus manos lo tomaba por el cuello, encajándole las uñas.

-Vamos, no empieces con esa patética actitud de siempre... -musitó levantando su rostro en modo de protesta -... aunque admito que la has mejorado después de que tu pobre Rosaly fue linchada y quemada en aquel pueblucho.

Un doloroso pinchazo atacó el corazón de Hector y realizó un violento movimiento que terminó de separarlo del pelirrojo, a quien golpeó con todas sus fuerzas en el abdomen.

- ¡Te prohíbo que hables de Rosaly! - exclamó dolido y  sus ojos brillaron con furia - ¡Aun cuando no eres (enteramente) culpable! ¡No tienes derecho a hablar de ella!

Isaac cayó sobre el suelo, y no se molestó en levantarse, limitándose a mirarle con lástima.

-¿Qué más Hector? –preguntó -Dime que fue aquello que te enseño que te hizo cambiar de tal manera.

- Me enseñó todo lo que no aprenderías ni en un millón de años - escupió Hector sin perder su enojo - Ella creyó en mí... pese al horrible ser en que me había convertido... Me enseñó a amar. Me amó.... Por ella aprendí a amar también...

¿Tan difícil era que Isaac lo comprendiera?

Ya no eran iguales pese a sus semejanzas.

Rosaly marcó una importante diferencia en su corazón.

Las palabras de Hector hirieron demasiado, y tal hecho lo sorprendió.

Jamás pensó que eso pudiese suceder alguna vez.

Se puso de pie, observando el suelo sobre el que estaban. No podía mostrar su dolor, su reacción.

No a él.

Hizo un esfuerzo por mantener su personalidad, y una vez que sintió como el dolor le abandonaba decidió enfrentarlo.

-..Y qué de lo que has sufrido desde niño, el desprecio de tus padres, la persecución a la que fuiste expuesto por ser diferente a los demás...¿Qué no fue nuestro maestro quien creyó en ti?

Esas palabras no eran las que él debió de haber dicho.

Pero era muy tarde para arrepentirse, una parte de él quería decirlas.

-¡Nos traicionaste¡ -exclamó furioso -sobretodo a quien creía ciegamente en ti. A quien te siguió en todo...

Isaac debía controlarse, estaba hablando más de lo que podía permitirse...

-Maldito seas, Hector -gritó finalmente antes de caer de rodillas sobre el suelo.

Sus manos sujetando ambos lados de su cabeza, como si se rehusara a escuchar las palabras que salían de su interior.

- Es tu incapacidad de perdonar lo que te causa todo este dolor, Isaac - murmuró Hector con más tranquilidad, notando todo su sufrimiento.

Tenía que salir de ahí.

"Esta vez no correré a buscarle. No lo haré al menos que esté decidido a..."

Levantó su rostro en dirección a Hector, sin darse cuenta de que estaba llorando.

Cerró sus puños en completa frustración.

-No te librarás de mí... -murmuró de forma inaudible. -No te... Hector. -el sonido de su voz desaparecía ante el nudo que tenía en su garganta.

Bajó su rostro y dio un golpe sobre el suelo; tratando de sonreír nuevamente, de recobrar la imagen que tanto le había costado crear.

Hector se detuvo.

El corazón le dolía de nuevo.

De nuevo se sentía responsable de él.

¿Por qué?

Con un suspiro volteó y caminó hasta estar frente al pelirrojo. Se arrodilló y aceptó posar su mano en el hombro masculino, para demostrar su apoyo.

Quizá... después de todo... Isaac pudiera comprender.

Quizá pudiera aprender... como Hector.

-No quiero tu lástima -reclamó el pelirrojo; sin embargo en su intento por sonar amenazador sólo parecía un noble aristócrata que se negaba a recibir ayuda alguna. -¿Por qué se me concedió el deseo por vivir?

Se volvió hacía Hector, su semblante ahora confundido.

Hector frunció el ceño, solo para ocultar ese gesto gemelo que compartía con Isaac.

¿Qué decir?

Ni él mismo lo sabía a ciencia cierta.

Podría intentar cualquier tontería noble, pero.... ya no estaba seguro de que fuera a ser la verdad.

- Yo... - musitó - no quería que murieras.

Si. Esa era la verdad. Al menos una parte.

¿Cuál era el resto?

¿Por qué su corazón bombeaba con tanto dolor e insistencia

Hector sintió que la duda le hacía flaquear.

- Tu... - tragó en seco - ... eres parte de mi...

Esas palabras parecían encerrar un significado oculto, al mismo Hector.

Lo que Isaac escuchó no podía ser cierto. Hector no podía perdonarlo...

No después de cuanto lo lastimó.

-Tus palabras me confunden. -mencionó más para él mismo que para el otro joven.

Y sin pensar en sus acciones, se puso de pie y abrazó a Hector tan fuerte como pudo; como si fuese la última vez.

Necesitaba tanto de ese calor, de ese momento que siempre anhelo desde niño...

El ser abrazado por otra persona.

Se sentía tan bien estar así.

Sin embargo, no era suficiente.

Su naturaleza no conocía los límites.

-Hector... - murmuró suprimiendo los sollozos.

Deslizó sus manos por los costados del cuerpo del otro forgemaster, sintiendo cada uno de los músculos que estaban ocultos debajo del fino camisón.

Hector dejó que sus ojos se abrieran ante el contacto.

¿No era ese mismo tacto el que acababa de rechazar hace poco?

¿Entonces?

El hombre se mordió el labio inferior, sintiendo que su cuerpo se tensaba ante las manos de Isaac.

Por un momento pensó que se lo debía.

Le había causado tanto sufrimiento que...

¿Pararía el llanto de Isaac pronto?

-¿Podrías confiar nuevamente... en mi? -lentamente, como si diera oportunidad a que Hector protestase, introdujo sus manos por debajo del camisón dispuesto a despojarle de tan suave prenda.

Hector evitó mirarle.

- Yo... - no estaba seguro - ... no lo sé... - se puso tensó  - ¿Isaac? - se alarmó.

La respuesta fue la esperada.

El pelirrojo jamás hubiese esperado un si, o cualquier tipo de aprobación alguna. Tan sólo debía observar el rostro de Hector. Después de todo había aprendido a interpretar sus gestos y reacciones.

Lo despojó de camisón y lo arrojó sobre el suelo, a unos centímetros de ambos.

-Eres hermoso -musitó tentativamente, entrecerrando sus bellos ojos al perderse en el bien formado cuerpo de Hector.

Colocó sus manos sobre la cabeza de éste, acercando su rostro para darle un beso...

Tal vez el primero que ambos compartirían por deseo propio.

Hector empujó a Isaac con ambas manos para romper ese beso y ladeó la cabeza.

- ¿Qué demonios...? - frunció el ceño - ¿Qué diablos haces?

Pero...

No podía quitarlo de encima. De pronto lo sentía más fuerte.

Aún con esa débil protesta, Isaac le acarició una de las mejillas, deslizando su mano hasta estrechar sus finos cabellos plateados; tan sedosos y delicados al tacto.

-No te resistas.  -musitó con firmeza, volviendo el rostro de Hector hacía el, hasta que sus miradas se encontrarán frente a frente.

Se acercó con delicadeza, hasta tocar los finos labios del joven forgemaster.

Una corriente eléctrica acompañó ese gesto.

Hector tuvo que retener un jadeo de sorpresa y comprendió la desventaja en la que se encontraba.

Confundido, desnudo y tan... tan...

- No quiero hacerte daño, Isaac - advirtió como último recurso. Sin embargo no fue consciente de que esas palabras provocaron que su suave aliento acariciara la piel del rostro del pelirrojo.

Isaac disfruto de tan maravillosa sensación; por un momento deseó que Hector siguiese hablando.

-¿Es que me puedes dañar todavía más? -preguntó entre besos profundos.

Hector intentó apartar el rostro.

Evitar los besos.

Lo cierto es que había algo ridículo que se lo impedía, pero no podía comprender de qué se trataba.

- Yo... - dudó - ... te golpearé...

Eso pareció arrancar satisfacción en su interlocutor.

No era lo que pretendía. Pero era cada vez más difícil recordar su enfado cuando su cuerpo comenzaba a reaccionar.

Isaac aprovechó el titubeo en sus palabras y no dudo en introducir su lengua. Deseaba tanto explotar a ese ser, probar cada uno de sus rincones hasta saciarse de él.

Gimió sin pudor, disfrutando el sin fin de placeres que encontraba en esa boca que todavía se rehusaba a entregarse totalmente.

Un gemido escapó del pecho de Hector.

Si, había sido suyo... ¡suyo!

El hombre hizo un último intento por apartar a Isaac, pero al lograrlo se sintió terriblemente vacío. Y antes de que pudiera analizar la sensación se sintió invadido nuevamente, con mayor intensidad.

Isaac apenas si pudo reaccionar ante el fallido intento de Hector. Esta vez no lo dejaría escapar, no ahora que había pasado el límite de sus deseos.

Le volvió a besar, de forma violenta, abarcando completamente sus labios, mordiendo el labio inferior, provocando que éste tomara un color más oscuro.

Sus manos, se aferraron a la espalda de Hector, estrechándolo fuertemente, palpando cada parte de ella.

Hector jadeó ante las caricias y arqueó su espalda.

Si alguna vez había tenido razón para detener aquello, lo había olvidado. Ahora solo se concentraba en cada sensación que ese pelirrojo le regalaba; sucumbiendo en su trampa sin poderse negar.

- Isaac... - murmuró con la voz tomada por el deseo.

Los labios del pelirrojo se deslizaron por el cuello de Hector, encontrando algunos rastros de lo sucedido anteriormente.

No pudo evitar sonreír al recordar la frustración con las que los propinó; muy diferente ahora que el cuello parecía darse en sacrifico para ser castigado por esos labios que desbordaban tanta pasión.

-Me gustaría ser vampiro -murmuró antes de dar pequeñas mordidas al área ya sensible...

Sus manos se deslizaron por esa espalda perfecta hasta detenerse en el nacimiento de las firmes nalgas que parecían abandonadas; no dudó en tocarlas y estrecharlas como si deseara destrozarlas.

Al ver la reacción dada, sonrió y chupó los labios masculinos, que se entreabrían jadeando.

En un gesto atrevido levantó las caderas de Hector y se apretó a ellas, al mismo tiempo.

... sintiendo y haciéndole sentir ambas erecciones.

Hector ahogó un grito de sorpresa.

Su cuerpo se retorció incontrolable, pero Isaac lo tenía firmemente sujeto, haciendo presión contra su sensible erección.

- Isaac... - rogó jadeante.

-No dejes de llamarme -murmuró el pelirrojo cercas de su oído.

Lentamente se deslizó hacía abajo quedando justamente frente a la hombría erecta de Hector.

Cerró sus ojos para después introducir la punta dentro de su ardiente boca.

Hector jaló aire hacia sus pulmones de manera brusca y arqueó la espalda a la vez.

Sintió la boca de Issac, cerrarse de esa manera íntima y succionar una... y otra.... y otra vez.

-¡Isaac! - exclamó tomando los cabellos rojos entre sus manos, sin atreverse a detener la caricia.

Al sentir las manos sobre él, y saber que Hector le llamó, no pudo evitar jadear y dejar que su cálido aliento chocara contra el delicado miembro que atesoraba en sus manos.

Volvió a tomarlo entre sus labios, en esta ocasión devorándolo casi en su totalidad, contrayendo su garganta para ejercer presión sobre Hector.

Sus manos se entretuvieron con los testículos del otro joven, propinando pequeñas caricias en el área de su nacimiento.

Hector emitió un mudo grito y volvió a arquearse, intentando acercar más sus caderas a Isaac.

Un cosquilleo en su cuerpo le hizo saber que pronto alcanzaría el éxtasis.

Ahí, con él.

Con Isaac, acariciándolo con descarada delicia.

Eso... era... terriblemente hermoso.

Era... perfecto.

Isaac interpretó el lenguaje corporal de Hector.

Se detuvo un momento en sus succiones, para posteriormente sacar el miembro de su boca, sintiendo cada una de las venas exaltadas del órgano.

Estaban a punto de explotar.

Y el lo deseaba tanto, probar tan peculiar tesoro que podría asegurar que Hector jamás lo había compartido con nadie.

Volvió a introducirlo con mas rapidez y precisión, para después volverlo a sacar. Sus manos se aferraron a las nalgas de Hector, las cuales eran marcadas por sus delineadas uñas, dejando trazos rojizos a su paso.

No tardo mucho en encontrar el ritmo exacto; estaba seguro que Hector no tardaría en liberar su semilla, y el estaba más que listo para recibirla.

Un último esfuerzo terminó por liberar a Hector completamente.

Sintió esa corriente eléctrica llenar su cuerpo para liberar el dulce semen dentro de la boca de Isaac.

En el instante en que sintió un extraño sabor en su boca, apresuró el movimiento sobre los testículos de Hector, obligándolo a entregar todo de si mismo.

Ese era Isaac en realidad, siempre cruzando los límites cuando se trataba de Hector.

Trató te beber lo más que pudo; jamás imagino su verdadero sabor. Un contraste entre lo salado y lo amargo, cuyo aroma era semejante al hierro.

Eso era Hector y no dejaría que su esencia se escapase de sus manos...

Una vez que terminó con las últimas gotas esparcidas sobre sus manos. Se volvió a otro joven, y no dudo en besarlo nuevamente, permitiéndole conocer su propio sabor.

Hector correspondió a ese beso de forma febril. Devorando los labios de Isaac; probando ese sabor novedoso con su lengua.

Un último jadeo hizo que apoyara su cuerpo satisfecho. Hasta ese momento no había sido consciente de que lo habían hecho.

Pero no importaba realmente. Estaba tan relajado que podría quedarse dormido ahí mismo, desnudo en ese lugar.

Isaac lo recogió entre sus brazos...

-Era en serio cuando te dije que no te dejaría en paz jamás.

Hector sonrió y cerró sus ojos.

Isaac lo cargó y lo llevó a la cama, recostándolo para después colocarse a su lado.

Esperando a recuperar sus fuerzas para volver a enfrentarse con más calma.

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