Título: Tras la Lucha
Autora:  Jei Farfy
Clasificación: +18, lemon, Iori x Kyo, Kyo x Beni,

Capitulo XIII: Tras la Indiferencia


           

            Qué fácil se ignora ¿Verdad? Qué pronto se olvida.

            Sabía que Yagami acababa de entrar. Podía sentirlo. Kyo se limitó a sorber de la pajita de su pequeño tetra-brik de zumo. Se reclinó en el asiento y giró el cuerpo imperceptiblemente, dándole la espalda. Rió animadamente ante una de las tonterías de Benimaru.

            El silencio que invadió la sala ante la llegada del pelirrojo fue breve. Sin necesidad de mirar atrás, Kyo supo lo que había ocurrido. Yagami entró, dirigió una ominosa mirada a todo el comedor y se colocó en la cola de desayuno. Supo que ni siquiera había dado la menor muestra de reconocerle. Los luchadores debieron pensar que hoy Yagami no estaba de ánimo para sarcasmos.

            Qué fácil es fingir que nada ha pasado.

“Esto no volverá a repetirse, Kusanagi. Jamás”

Y si no va a volver a ocurrir, ¿para qué molestarse en recordarlo?

Hagamos como si  todo siguiera igual.

Alzó la cabeza con su usual prepotencia. Contemplaba con una media sonrisa al rubio. Benimaru tenía cara de no haber dormido muy bien esa noche, pero no dejaba de parlotear incesantemente, haciendo extensas y detalladas descripciones de las más variopintas semejanzas inimaginables entre el desayuno de aquel día y cualquier tema escatológico que se le pasara por la cabeza.

            -...ni mencionar a qué me recuerdan estos donnuts tan... pringosos... Un agujero con toda esa cosa pegajosa y transparente que... Por cierto, Kyito, ¿Hoy no saludas a tu Yagami?

            El moreno le dirigió una mirada penetrante y fría.

            -No es “mi” Yagami. Y no me importa lo más mínimo lo que haga –sentenció. Se revolvió un momento en su asiento, incómodo ante la mirada sorprendida de su amigo. Luego sonrió levemente, quitándole importancia. Golpeó un momento su tostada con el dedo-. Eh, lo siento... es que no estoy para soportar sus tonterías. ¿De qué hablabas?

            Mientras intentaba concentrarse en la renovada y continua cháchara del rubio, sus pensamientos vagaban por otros lugares. Captó un movimiento a su izquierda. Aquel destello rojo era inconfundible. Si volvía la mirada, se encontraría al pelirrojo.

            Qué fácil es ignorar el pasado.

            La duda fue más fuerte que él, y sus ojos se giraron apenas un instante. Fue una milésima de segundo. Lo suficiente como para comprobar que Yagami le ignoraba abiertamente. Miraba al frente mientras removía el azúcar de su café. Su expresión era la de siempre. Ese rostro de eterna ironía, de frío asesino.

            Le había mirado en el tiempo que dura un parpadeo, pero cuando volvió la vista al rubio, su corazón había dado un vuelco. Esa ignorancia, esa mirada despreocupada, indiferente a su presencia. Como si realmente pudiera olvidar todo lo que había pasado.

            Una voz en su cabeza. Maldita voz. Decía: Tú también tienes que olvidar. No ha significado nada. Para él no ha pasado. Si él puede ignorarlo, tú también. Será lo mejor.

¿Qué querías? ¿Qué esperabas de Yagami? ¿Una relación estable? ¡Ja! ¿Una vida en común? ¿Comprensión? ¡JA! ¿Amistad? ¡¡JA!! ¿Qué querías? No te engañes Kyo... eso eran sólo sueños, fantasías con las que masturbarte por las noches.

            Sigamos fingiendo, Yagami.

            Pero en verdad... ¿Qué esperabas? Ya lo sé. Querías que, cuando te besara, descubriera que todo era mágico, que se había equivocado, que a tu lado todo parecía ser perfecto. Como en esos cuentos que leías de pequeño. ¿Por qué nunca te paraste a pensar en lo que ocurriría?

            ¿Y para qué, eh? Si yacer con Yagami ya en si mismo era un sueño inalcanzable... ¿por qué no podía fantasear sobre su futuro? Porque es mentira, Kyo. Porque sólo podían pasar dos cosas: que te matara o que te ignorara.

            Y, desgraciadamente, ha sido la segunda.

            Bien. Finjamos que nada a ocurrido, que ayer no te rogué que te quedaras a mi lado. Olvidemos la humillación más grande de mi vida. Y te miraré por encima del hombro con prepotencia e ignoraré que, justo en ese lugar que estoy mirando, mi boca ayer mordía tu piel antes de llegar al clímax.         

            Si no se habla de ello, si no se piensa en ello, si se ignora, no existe, ¿verdad?

            Así que... ¿Para qué molestarme en darle vueltas? Los romances idílicos no son compatibles con Yagami. Sólo la violencia y el dolor... y esa brutal sensualidad animal. Esa lujuria. Esa pasión que sólo había mostrado por verter la sangre del moreno y por poseer su cuerpo.

            Haz como si no ocurriera.

            Aún cuando deseas que todos lo sepan, girarte y decirle: Yagami, ayer me follaste. Y fue real. Tanto como tus marcas. Soy tu territorio.

            Pero sigues riendo los comentarios de Beni, reclinando la silla sobre las patas de atrás, con los pies apoyados en el tablón de la mesa. Te llevas una mano al cuello para apartar el cabello, pero tus dedos rozan la piel en el punto donde se extienden las marcas de uno afilados colmillos demasiado identificables. Benimaru mira con curiosidad la piel hasta ahora cubierta. Rápidamente, colocas los revueltos mechones sobre la carne magullada.

            Benimaru mira a Yagami y vuelve de nuevo su vista a ti. Parece no querer comprender lo que su mente le intenta decir. Tú le miras interrogante, intentando que no vea en tu actitud nada que le haga sospechar. Finalmente sonríe y sigue hablando.

            Podrías fingir que lo has olvidado.

            Pero las heridas son recientes.

            Aún con todo, sigamos fingiendo, piensas mientras pasas con tu bandeja vacía al lado del pelirrojo. Alzas la cabeza con supremacía, sin dignarte a mirarle.

            Como si no supieras, o no te importara que estuviera ahí. ¡Ja! Como si no te importara...

            Cuando sientes los dedos cerrarse sobre tu muñeca, sabes que es su mano la que te apresa. Pero sigues con la vista al frente, apenas te detienes. Con cara de repugnancia, apartas el brazo bruscamente. No intercambiáis ni una sola palabra. Sigues andando. Apenas nadie se ha percatado del incidente. Los que lo han visto piensan: Ya es raro. Ni se han mirado. Ni se han amenazado.

            ¿Ves que fácil es ignorar? ¿Ves lo pronto que se olvida el pasado?

            Una vez en el pasillo, te cubres el rostro con la mano para relajar tu tensión. Acaricias los pómulos, los párpados, la frente y el nacimiento del cabello. Entonces te das cuenta de que tus ojos se han cerrado y de que tu nariz aspira con fuerza. Notas aquel olor que impregna aún tu muñeca.

            Te descubres buscando en tu propio cuerpo las trazas de aquel leve contacto con Yagami.

            Qué humillante.

            Madera, canela y tierra húmeda.

            Qué fácil es fingir.

            Qué difícil olvidar.  

              Aprieta los dientes marcando los fuertes músculos de su mandíbula. Retira la mano maldiciéndose a si mismo. ¿Qué era lo que quería al sujetar su brazo? Tan solo que te mirara. Sólo eso. Que te mirara y reconocer en sus ojos un leve atisbo de... de que Kusanagi no había olvidado lo que ocurrió.

            Pero ni siquiera detuvo su paso. Ni siquiera volvió la vista. Retiró la mano con indiferencia, con la misma actitud que se tiene al pasar junto a un mendigo que alza la mano pidiendo limosna. Como si el pelirrojo no fuera más que una molestia pasajera que había que olvidar.

            Y aquella actitud tan suya durante el desayuno. Tan tranquilo, tan alegre, tan pagado de si mismo. Esa mirada altiva, esa media sonrisa. Kusanagi no había cruzado con él la mirada en todo el tiempo.

            Y dolía , vaya si dolía.

            Si él quería fingir que nada había pasado... realmente todo sería más fácil. Había temido la hora de su encuentro, la llegada al comedor. No sabía cómo iba a reaccionar Kusanagi. Esperaba... esperaba que se levantara de la mesa de golpe y pasara corriendo y llorando a su lado, como una colegiala herida.

            Pero Kyo era fuerte. Vio la absoluta indiferencia en su rostro, aquel leve giro que le dio la espalda. Y Yagami había perdido la incertidumbre del cómo se comportaría a cambio de una mezcla de rabia y tristeza al ver cómo se comportaba.

            Le ignoraba.

            Como si no hubiera tenido importancia.

            Y eso era lo que más humillaba a Yagami. Que pudiera comportarse así, frío, invulnerable. Porque Kusanagi era suyo, y actuaba como si lo que ocurrió la noche anterior no implicara nada.

            Tal vez era lo mejor. Tenerle lejos. Aquella era la manera más sencilla de alejarse de él. ¿No era eso lo que quería, apartarlo de su camino? Por que si lo de anoche se repetía, iba a matarle, lo sabía. Era mejor así, que le ignorara.

            Ignorarle.

            Pero había odiado tanto al rubio que le hacía sonreír... Tanto... Calladamente, los había odiado a ambos. A todos. A cada uno de los que le miraban esperando que se lanzara sobre Kusanagi.

            Deseando lanzarse sobre Kusanagi.

            Tal vez lo mejor sería matarle. Muerto el perro, se acabó la rabia. Si mataba a Kusanagi, se terminarían sus problemas. Y podría yacer una última vez con él, con su cadáver.

            O golpearle hasta que le mirara de nuevo a los ojos, admitiendo lo que había ocurrido.

            U obligarle a que volviera a rogar que se lo hiciera, sumiso y jadeante.

            O disfrutar esa mirada rebelde y prepotente, orgullosa, mientras le poseía.

            O, incluso, que fuera Kyo quien le  tomara...

            ... ¿En qué demonios piensas, Iori? Quítatelo de la cabeza. Cumple tu palabra. No volverá a repetirse, jamás. Ya te has humillado lo suficiente al sujetarle el brazo, Ya te ha humillado suficiente al retirarlo. Y tu no pides, Yagami. Tú no ruegas. Tú tomas o dejas.

            Así que déjale.

            Aunque aún puedas sentir en tus dedos el suave tacto se su bello erizándose con tu contacto.

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