Título: Tras la Lucha
Autora:  Jei Farfy
Clasificación: +18, lemon, Iori x Kyo, Kyo x Beni,

Capitulo 8: Tras la Derrota


             Benimaru contemplaba el fondo de su vaso  mientras los hielos se derretían lentamente. Estaba tirado en un enorme sillón en el bar del hotel. Llevaba allí desde que terminara en combate. Le hubiera gustado ir a ver a su amigo, pero no se atrevía.

El vaso brillaba reflejando la escasa luz anaranjada del local. Aquella era la tercera bebida que tomaba desde que estaba allí y comenzaba a sentirse bastante deprimido y autocompadeciente.

-Qué demonios... -susurró y levantó una mano pidiendo otra más al camarero.

A sus espaldas, un pésimo pianista se empeñaba en conseguir que él fuera el único cliente del local. Beni nunca tuvo buen oído para la música y le importaba poco cómo sonara aquel instrumento. Al parecer al pianista le pasaba lo mismo.

Kyo.

Ahora comenzaba a pensar que había hecho una tontería. Si al menos... si por lo menos no se hubiera marchado... Odiaba la maldita moral. ¿Quién dictaba lo que era correcto e incorrecto? Si al menos no hubiera apartado a su amigo, ahora estaría igual de deprimido, pero al menos habría estado con él una vez.

Por todos los dioses... ¡Se suponía que era un hombre de moral relajada! ¿No? ¿Por qué habría de importarle en quién pensara el moreno? Pero le importaba, vaya si le importaba. Y no sólo porque fuera Yagami, que ya en sí mismo le molestaba. Era porque Kyo jamás le había comentado nada.

Beni miraba al pasado y ahora podía ver mil indicios. Desde que le conoció en el 94 siempre había sido absolutamente evidente en quien pensaba Kusanagi cuando hablaban de sexo.

Había estado tan ciego...

Se tomó su bebida de un trago y siguió pensando en Kyo. Se había comportado de un modo violento y a agresivo, pasional. Jamás pensó que su amigo pudiera ser tan lanzado.

Ese beso... casi lo deja en el sitio. Era como si cada gesto que hiciera fuera el último justo antes de un orgasmo. Pudo sentirlo en su beso. Nunca le habían besado de un modo tan apasionado, tan intenso. Kyo había violado su boca, tomándola por la fuerza, penetrando en ella hasta el más profundo rincón. Había sido mucho más que un beso. Era el acto carnal más sensual y erótico que había compartido con nadie en su vida.

Con un solo beso, Kyo le había llevado al borde del éxtasis, enloqueciéndole.

¡Y él que se jactaba de hacer el amor como los dioses! Y Se había quedado quieto y sumiso, incapaz de corresponder a todo aquel placer que su amigo le estaba causando. Era la primera vez en la que alguien le obligaba a estar debajo.

Beni dejó el vaso sobre la mesa. Estaba un poco azorado. Pensar en Kyo estaba consiguiendo que su cuerpo reaccionara de manera evidente. En estas ocasiones era cuando se planteaba seriamente el dejar de vestir ropa tan ceñida al cuerpo.

Alguien se dejó caer sin hacer ruido a su lado. El rubio giró levemente la cabeza para ver de quién se trataba. Encontró al pelirrojo con la cabeza gacha y el pelo cubriendo sus ojos.

-Eh... -dijo el otro a modo de saludo y le dio un golpecito con el codo en las costillas.

-...nas -respondió Beni saludándole con un suave empujón en el hombro.

Ramoru resopló para apartar sus cabellos, levantó una mano y pidió un zumo. Luego siguió tan callado como de costumbre.

Nunca había hecho muy buenas migas con aquel muchacho silencioso. Beni siempre había sentido cierta envidia de él. Ramoru era el mejor amigo de Kyo, había crecido con él. Nunca podría llegar a ser para el moreno lo que él había sido. Nikaido suponía que el pelirrojo sentía más o menos lo mismo. Siempre se había comportado como si tuviera celos de él.

La cuestión es que cuando se veían obligados a estar juntos ambos se ignoraban mutuamente. No tenían ojos más que para Kyo. Si, como hoy, se encontraban en el desagradable lance de permanecer juntos sin su amigo común, simplemente eran lo más cortes posible dentro del silencio.

Sin embargo hoy Beni miró al muchacho con otros ojos. Ahora que lo pensaba... Ramoru era bastante parecido a Yagami. Lo único que los diferenciaba era el rostro. El amigo de Kyo tenía los rasgos mucho más suaves y amigables, no tenía esa carga de odio. Pero el pelo era igual, incluso se peinaban de manera bastante similar. Beni suponía que si el de la correa no se pusiera fijador en el flequillo, probablemente su pelo tendría el mismo aspecto.

Beni sintió mil pensamientos amargos recorriendo su mente. A lo mejor Kyo se había enamorado de Yagami porque se parecía a Ramoru. ¿Y si él había sido su primer amor? O... Puede que el muchacho sólo adoptara ese look para parecerse a Yagami y poder conquistar a Kyo. Hacer el rol de muñeca para el moreno, de sustituto de aquella pasión imposible... siempre tuvieron una relación extraña, pegándose en broma todo el rato, y susurrándose secretos al oído para que él no los escuchara. O...

-¿Qué miras, Nikaido San, si no es indiscreción? -preguntó el pelirrojo.

El rubio se dio cuenta de que debía llevar un buen rato con la mirada muy fija en el otro muchacho. En este momento no estaba de humor para mantener conversaciones políticamente correctas con el jardinero de los Kusanagi. Tenía mil preguntas en mente. Sabía que debía estar contemplando al otro con una expresión indescifrable, mezcla de curiosidad, odio y celos.

Tenía que preguntarle o iba a estallar.

-¿Te lo has follado?

Ramoru sopló su flequillo y le contempló con sus enormes ojos verdes abiertos como platos.

-¿Q... qué?

-Ya sabes ¿Habéis follado? ¿Le has echado un polvo? ¿Te lo has tirado? ¿Te lo has pasado por la piedra? No me digas que no sabes a qué me refiero, porque sí lo sabes. Si quieres que sea más delicado, delicadísimo como una flor... ¿Te lo has llevado a la cama? ¿Le has hecho el amor a KYO?

Ramoru enrojeció de indignación y vergüenza. Sin decir media palabra se puso en pie dispuesto a irse.

-De eso nada, no vas a irte ¡Contesta! -dijo Beni, cogiéndole de la muñeca y haciéndole sentarse de nuevo en el sillón.

-¡No es asunto tuyo, Nikaido! -exclamó el pelirrojo.

Benimaru se apartó con los ojos encharcados y dejó que sus hombros se hundieran en una absoluta depresión.

-No lo niegas -susurró-. Entonces es que lo habéis hecho.

Ramoru apartó la mirada y continuó en silencio.

La expresión de Benimaru era de absoluta tristeza. Aquel chico siempre había estado más cercano a Kyo, claro. Tan cercano... y él no lo había supuesto. Envidiaba su amistad... ¿sólo su amistad? No, tenía celos de la complicidad de aquellos dos, de sus contactos casuales y sus miradas. Sentía celos cada vez que ambos se acercaban demasiado para hablar.

-¿Sois pareja? -preguntó tristemente, sabiendo que con esa pregunta no hacía más que torturarse a si mismo.

Ramoru le miró levemente de refilón.

-No -respondió-. Nunca hemos salido juntos

-¿Y entonces... cómo...?

Ramoru se recostó en el sillón, perdido en sus propios pensamientos. Llevaba tanto tiempo siendo "el amigo de Kyo" que ya no recordaba si alguna vez alguien le había considerado como una entidad única. Nunca había tenido a nadie más, ni lo había necesitado. Siempre había visto a los amigotes del moreno como molestas alternativas al silencio o, como mucho, competencia con quien compartir a Kusanagi.

Benimaru era un ejemplo de esto último.

Ahora... ahí sentado se daba cuenta de que su amistad con Kyo no era perfecta y absoluta. Junto a aquel desconocido, Ramoru se percató de que había un tema del que nunca podría hablar con Kyo: sobre Kyo. Y... ¡maldición! necesitaba hablar con alguien, aunque fuera aquel desconocido.

-Kyo chan y yo... bueno -susurró con tono neutro-... a veces, no sé... surge. Estamos los dos y... simplemente pasa algo, un roce, o yo qué sé, y ocurre... Él nunca ha querido que pase de ahí, ni lo hemos hablado... sólo es algo que pasa de vez en cuando... sólo eso.

-¿Sólo eso? -chilló el rubio-. ¿Sólo un polvo por casualidad? ¡Anda ya! Eso no te lo crees ni tú -sentenció Beni en tono acusatorio-. Te pasas los días esperando a que Kyo se digne a tocarte ¿verdad? A ti te encanta Kyo ¿No? Pero tienes pánico a lo que pueda pensar si se lo dices.

-T... tú no lo entiendes...

-¡Oh! Claro que lo entiendo. Yo también he tenido "amigos" con los que descargarme.

Ramoru le miró con una expresión de absoluto enfado y remordimiento. ¿Cómo era posible que aquel desconocido le dijera verdades tan directas? ¿Tan transparente resultaba?  Y al tiempo, una parte de él se repetía una y otra vez que él significaba algo para Kyo, que no era sólo un "amigo con el que descargarse". Soy algo más, se repetía como un mantra cada vez que la razón le decía que lo más probable es que no lo fuera.

-No... no es sólo eso... hay algo más -murmuró-. Él siempre vuelve a mi ¿No lo entiendes? Pase lo que pase, él siempre vuelve... y sólo lo hace conmigo... soy especial para él...

Benimaru contempló al muchacho con una expresión triste. Sabía muy bien lo que sentía. También conocía lo que debía pensar Kyo sobre todo este tema.

-Ramoru-san, te está utilizando. No eres para él más que un objeto. Y créeme, si él tuviera lo que quiere en realidad, nunca volvería a ti. Además, no me creo que no te hayas dado cuenta. No te engañes. No eres especial para él, sólo resultas más entretenido que su propia mano...

Beni no tuvo tiempo de reaccionar. De pronto sintió el lacerante dolor del dorso de la mano de Ramoru contra su rostro. Le había cruzado la cara con una fuerza inusitada. El rubio saboreó por un instante el acre aroma metálico de la sangre en su boca. Sonrió para si mismo.

-Parece que hoy todos los pelirrojos del mundo habéis decidido atacarme.

Nikaido dirigió una mirada retadora al otro chico. Ramoru apretaba sus dientes con furia, intentando contener las ansias de destrozar el hermoso rostro del rubio. Beni se dio cuenta de que se sentía bien diciendo todo aquello, viendo como aquel chico se estaba destrozando por dentro. Se sentía bien por conseguir que el pelirrojo lo estuviera pasando tan mal como él  durante toda la tarde.

Así no sería el único que sufriría.

El rubio sonrió con una mirada prepotente. Un hilo de sangre se deslizaba por la comisura de su boca. Sin apartar la mirada de su furioso acompañante, entreabrió los labios y lamió la sangre con el gesto más lascivo que fue capaz.

-Seguro que ni siquiera es tu nombre el que pronuncia entre gemidos.

Esta vez estaba esperando un ataque que no vino. Aquello debía haberle llegado hondo. Sonrió más abiertamente.

-¿Sabes? Tampoco pronunciaba el mío esta mañana cuando estábamos desnudos -susurró, sin dejar de estudiar cada mínimo cambio en el rostro del pelirrojo-. Además, sabes que no es a ti a quien vuelve una y otra vez. Tú eres su muñequita hinchable. Él sólo tiene que entornar los ojos e imaginar que se está tirando a Yagami.

Aquel nombre fue como un golpe físico para Ramoru. Yagami... la persona que más odiaba sobre la faz de la tierra. Desearía... desearía poder rogarle a Kyo que le dejara a él cumplir con su labor como descendiente del clan. Quería matarle con sus propias manos. Cuando Kyo conoció a Iori... oh, dios... le odiaba con todas sus fuerzas. Le aborrecía tanto que dolía.

No podía soportar la idea de que Yagami fuera tan importante para Kyo. Y Ramoru en el fondo sabía que todo aquel que le miraba, de un modo u otro pensaba en Yagami.

Soy tan cobarde...

Valgo menos que el estiércol. Si tanto odio ser parecido a Él ante los ojos de todo el mundo... ¿Por qué nunca he hecho nada por evitarlo? Mi cuerpo, mi ropa, mi cabello. Movimientos felinos, elegantes. Cientos de batallas escondido, observando. Horas delante del espejo imitando cada expresión, cada gesto, cada mirada.

Por Kyo. Sólo para Kyo. Para ver como sus ojos brillan cuando señalo la luna decreciente. Me arrastro para conseguir que me desees, aunque odie a ese mal nacido sobre cualquier otra persona en el mundo.

No sé dónde termino yo, dónde empieza Iori. Ya no sé qué es mío o suyo, no distingo mis gestos de los de Él. Sus gestos son tan naturales en mi que ya ni lo pienso cuando los utilizo. Qué bajo has caído Ramoru. Qué bajo.

-¡Oh, Dios! -Susurró, llevándose una mano a los ojos siempre cubiertos por el flequillo-. Dios... Yo estaba primero. Yo lo conocí antes. Ya era mi amigo cuando Le vio la primera vez. ¿Por qué tengo que ser yo el que me parezca a Él? ¿Por qué no al revés? Yo estaba antes.. es Él el que debería parecerse a mi. ¿Por qué? Cuando me mira, sé que piensa en Él. Pero... estoy seguro que, cuando mira a Iori, nunca jamás ha pensado en mi. ¡Pero yo estaba primero! Yo estaba primero...

Benimaru escuchó como Ramoru susurraba con tono monocorde y apagado. Escuchó sus palabras, y la ausencia de inflexiones de su voz le hizo pensar en un discurso recitado por una máquina. Se dio cuenta entonces de que no había dicho nada que el muchacho no se hubiera dicho a si mismo muchas veces antes. Nikaido no tenía ni una remota idea de lo que habría tenido que tragar aquel chico solitario.

No lo quería como amigo, pero tampoco lo deseaba como enemigo. Beni se conformó con alzar una mano y posarla sobre el hombro del pelirrojo.

-Tranquilo. Ya veras como todo se arregla -dijo.

Parecía que al final, aquélla velada iba a terminar igual que empezó.

Con un cortés y molesto silencio.

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