Título: Tras la Lucha
Autora:  Jei Farfy
Clasificación: +18, lemon, Iori x Kyo, Kyo x Beni,

Capitulo 7: Tras el Combate


             Te odio. Te odio. Te odio. Te odio. Te odio. ¡TE ODIO!

            Los chorros ardientes de agua de la ducha dañaban su piel como puñales. Aquella sensación de intenso calor era extrañamente reconfortante, dolía en todo su cuerpo por igual, no como los golpes de Yagami. Además era un dolor causado por él mismo, sólo porque Kyo así lo deseaba.

            Te odio con todas mis fuerzas, Yagami.

            ¿Cómo he podido ser tan débil? Humillarme, rogarte... ¿Cómo has sido capaz de hacerme perder la compostura de esa manera? Olvidé dónde estaba, quiénes éramos, que millones de personas nos miraban... Hubiera deseado que me tomaras ahí mismo, sin importar las consecuencias.

            Te odio. Te odio. TE ODIO.

            No sé ni cuánto tiempo llevo aquí debajo, restregando mi cuerpo con saña, arañando la piel, quemándome la carne. Sólo deseo borrar tu contacto, arrancar de mi dermis cualquier rastro que quede de ti, olvidar tu boca en mi cuello... pero sigues ahí, puedo sentirte en cada centímetro, en cada poro. Pese al jabón, mi cuerpo aún retiene tu perfume, huelo a ti, apesto a ti. Cualquiera que me vea podría olerlo, cualquiera podría ver a leguas que estoy sucio, marcado por ti, que soy tu territorio...

“¿Desde cuándo te excitas tanto por mis golpes, Kusanagi? ¿Tanto te gusta demostrar que eres mío? Te encanta humillarte ante mi, perra”.

No, por todos los dioses. No.

Su mano giró desesperadamente el grifo del agua caliente al máximo, hasta que la presión fue tan fuerte que sintió mil alfileres clavándose. El ruido del agua al chocar se intensificó ruidosamente a su alrededor, pero Kyo no pudo acallar la voz profunda y sensual que retumbaba en su cabeza.

“Te encanta humillarte ante mi, perra”

-...no no no, no, no. No. No. No. NO. ¡NO!  ¡¡¡NOOOO!!!

Se llevó las manos a los oídos intentando inútilmente acallar las duras palabras del pelirrojo. Pero su voz seguía ahí, grabe, bronca, insinuante... era esa voz que él escuchaba jadear en sus sueños. Esa voz que le dominaba con una sola sílaba.

“¿Desde cuándo te excitas tanto por mis golpes, Kusanagi?”

Kyo volvió a restregar el jabón con sus uñas con nuevas ansias hasta levantar la piel. En delicioso escozor contra la carne viva fue un alivio momentáneo que acalló la voz de Yagami por un instante. Limpió su mente de pensamientos mientras se recreaba en esa sensación.

Te odio.¡Te odio!

Pero seguía sucio, seguía oliendo al pelirrojo cada vez que se movía. En sus dedos. En su cabello. En su boca. Sucio. Corrupto. Manchado. Había purificado cada milímetro de su cuerpo... cada pulgada menos una parte...  Lentamente cubrió con ambas manos su entrepierna. Estaba erguida y sensible. Desde que había entrado en la ducha había intentado olvidar su hombría con la esperanza que el odio la relajara.

Pero ahí estaba, y parecía que contra toda idea racional, su miembro se negaba a olvidar esa idea fugaz que Kyo procuraba mantener alejada en su subconsciente. Era un simple hecho que había apartado cada vez que el hilo de pensamientos le llevaban hasta el. Se negaba siquiera a planteárselo, a pensar en...

Pero ahí estaba. Volvía una y otra vez. Demasiadas implicaciones. Demasiados cambios... Sujetó suavemente su sexo con su mano. No. No quería hacerlo. No. Sin embargo la mano no le obedeció y comenzó a moverse lentamente. Se sentía tan sucio por dejarse llevar por la excitación... procuró no pensar en nada mientras sus dedos incrementaban el ritmo y la presión. Era amargo y magnífico. Sintió el deseo primario anteponerse a los remordimientos.

Descubrió con rabia e incapacidad para detenerse cómo las manchas que se había esforzado tanto por borrar volvían a surgir. Su cuerpo de nuevo era más fuerte que su raciocinio y se negaba a obedecer su voluntad. Demasiado excitado, su mano se movía con fuerza y rapidez, arrancando de su garganta gemidos ahogados.

Entre el placer y la vergüenza recordó el cuerpo de Yagami sujetándole por la espalda, en una posición demasiado erótica. Recordó los fuertes brazos agarrándole, atrayéndole con fuerza. Recordó que el pelirrojo le había embestido con sus caderas con golpes secos y rítmicos.

Y entonces volvió aquella idea que se negaba a admitir, sólo que esta vez no pudo contenerla y se filtró imperceptiblemente dentro de las fantasías de la masturbación. Kyo recordó que durante todo ese tiempo había sentido a Iori  erecto y apremiante contra su espalda. Incluso había creído notar cómo se endurecía un poco más al escuchar sus propios gemidos.

“¿Desde cuándo te excitas tanto por mis golpes, Kusanagi? ¿Tanto te gusta demostrar que eres mío? Te encanta humillarte ante mi, perra”.

Volvió a escuchar aquel degradante susurro en su cabeza. Entonces la ira se apoderó de Kyo. Una rabia demasiado profunda y abisal que se incrementaba con cada embestida de su mano contra su pene. 

Te odio, Yagami. Te odio. Te odio. ¡Te odio! ¡¡TE ODIO!!

“Perra”.

¡¡¡TE ODIOOOOO!!!

Kyo siguió apretando su miembro con furia, moviendo su mano con golpes secos y dolorosos mientras se corría contra los azulejos de la ducha. Siguió así unos instantes, deseando que aquella molestia por seguir tocándose tras eyacular no se convirtiera de nuevo en placer. Cuando notó que su cuerpo volvía a reaccionar sin rechazo a esas caricias, cerró el grifo del agua y salió de la ducha sintiéndose infinitamente más sucio que cuando entró.

Tomó la toalla y se secó levemente los cabellos. Luego se la anudó a la cintura y levantó la vista para salir de la sala de baños.

En la entrada, Iori le contemplaba con una expresión de absoluta perplejidad en el rostro.

 

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 De todas las personas que podría haberse encontrado en los vestuarios, Kusanagi hubiera sido el último que esperaba ver saliendo de las duchas.

Tras vencerle hacía poco menos de una hora, Iori no había tenido ningún problema para enfrentar a sus dos compañeros de equipo de esta edición. Le daba exactamente igual ganar o perder el torneo.

Sin embargo, desde que luchara con Kusanagi, no se había podido quitar su imagen de la cabeza. Esa mirada de odio, furia, rabia, humillación... le encantaba el Kyo que había dejado tirado en el ring y le gustaba aún más saber que esta vez le había vencido con palabras.

Cuando llegó a los vestuarios no esperaba encontrarse con nadie. Todos los combates habían sido anteriores al suyo, y se había retrasado dedicando a los medios un par de miradas cansadas y alguna frase prefabricada que sonara algo espontánea.

Pero todavía había alguien en las duchas. No le dio ninguna importancia y comenzó a cambiarse de ropa. Dejó en las taquillas su chaqueta negra y la camisa blanca. Se quitó las botas y estaba comenzando a desabotonar los pantalones cuando se percató de que habían cerrado el grifo del agua.

Yagami giró con curiosidad la cabeza. Y se encontró con un espectáculo que jamás había imaginado.

Ante él estaba el cuerpo desnudo de Kusanagi, sonrojado por el calor y perlado de mil gotas de agua brillantes. El muchacho secaba sus cabellos con una toalla sin siquiera percatarse de la presencia de su enemigo.

Su cuerpo era simplemente perfecto, delgado pero fibroso, perfectamente moldeado. Cada movimiento de sus brazos hacía que un nuevos músculos se marcaran ligeramente bajo su piel escarchada. Iori no pudo más que lamentarse internamente cuando el moreno anudo la toalla a su esbelta cintura.

Entonces Kyo alzó la vista.

Y se quedó tan perplejo como Yagami.

 

 

            Su sorpresa duró un instante infinito. Tras un breve pero intenso escrutinio al torso desnudo del pelirrojo, la expresión de Kyo se convirtió en un máscara de odio y venganza.

Yagami tardó un poco más en reaccionar  y cuando lo hizo, su sonrisa prepotente no pareció muy confiada.

Kyo se armó de valor, miró al frente y avanzó hacia la puerta sin intercambiar una palabra con el pelirrojo. Al pasar a su lado le propinó un empellón intencionado para apartarlo de su camino. El contacto con el torso desnudo de Yagami hizo que se le erizaran todos los pelos del cuerpo, pero siguió andando sin vacilar.

-No tan rápido, Kusanagi -exclamó el pelirrojo. Una mano como una zarpa se aferró a su muñeca y tiró de Kyo con fuerza.

El moreno se encontró contra la pared, aprisionado por los brazos de su enemigo. Aunque no le estaba tocando, Yagami estaba muy cerca. Podía sentir el calor que desprendía su cuerpo y el olor, ese olor, intenso, profundo y asfixiante... embriagante. Kyo dio gracias al cielo por haber terminado con su excitación en la ducha. No quería ni imaginar qué hubiera ocurrido en esta situación si simplemente se hubiera decantado por abrir el agua fría y tranquilizarse.

Iori miraba al muchacho con profunda pasión. Aquel choque de sus hombros había sido la chispa que enciende una hoguera. Sentir al moreno tan cerca, tan vulnerable y tan digno era más de lo que podía aguantar. Ahora él estaba entre sus brazos, pero Kusanagi no parecía una muchacha desvalida, mantenía su mirada oscura encharcada en odio y prendida de la suya propia.

Yagami no había esperado esa actitud decidida de Kusanagi. ¿Qué había querido? Deseaba ver algo de miedo, sumisión, deseo. Le daba igual que Kyo intentara parecer digno... eso le excitaba pero también quería algo más detrás de su dignidad. Parecía demasiado poco turbado con su posición. Quería, deseaba, tocar aquel cuerpo, poseerlo; demostrarle que era suyo. Quería hacerle perder la razón, verle tan descontrolado como durante la batalla. Oirle gemir su nombre con aquella voz que había utilizado con el rubio.

La boca del Kusanagi estaba curvada en una irónica sonrisa. Los labios húmedos y sensuales, rojos e hinchados... Necesitaba escuchar esos labios pronunciando su nombre.

Sin darse cuenta, se había ido acercando al moreno, acercando su rostro al oído del muchacho. Sabía que el otro podía escuchar su respiración entrecortada. Nada de la actitud de Kusanagi revelaba la más mínima turbación. Parecía estar esperando y observando, como si se tratara de una película. Iori no podía soportar esta actitud pasiva en su enemigo. Cualquier cosa menos la pasividad. Tenía la sensación de que era el moreno el que dominaba la situación.... y eso no podía seguir así.

-¿Te gustó lo de antes? -susurró en su oído, muy cociente de que en cada palabra sus labios estaban rozando la piel húmeda del chico-. Porque por tus jadeos parecía que lo estuvieras disfrutando.

Yagami lamió la piel del cuello durante un instante. Su carne era cálida y atrayente. Sabía a gel de baño mezclado con aquel olor suave y picante del Kusanagi. Fue delicioso probar su gusto, y deseó seguir explorando con su boca el cuerpo de su enemigo.

Iori notó como las manos de Kyo se posaban tímidamente sobre su pecho, recorriéndolo con las palmas. Era tan deseable... los lánguidos dedos del joven se detuvieron un uno de sus pezones. Aquella caricia era deliciosa, erótica. Hizo que sensible piel se erizara y Iori quisiera pegar su  cuerpo completamente al de Kyo.

Pero no era una caricia lo que pretendían las manos de su enemigo. Kusanagi empujó con fuerza al pelirrojo, alejándole sin la menor oposición. Iori no pudo más que contemplarle con expresión sorprendida.

-¿Y a ti, Yagami? -dijo el moreno sin apartar de él su mirada de odio. Avanzó unos pasos decididos hacia su rival-. ¿A ti te gustó? Porque por tu erección parecía que tú también lo estabas disfrutando. ¿Tengo que recordarte que no era yo el único que jadeaba? -preguntó sin borrar su sonrisa irónica. Se detuvo a escasos centímetros del pelirrojo y comenzó a pasear un dedo por su torso desnudo-. ¿Desde cuándo te excitas tanto golpearme? ¿Tanto te gusta demostrar que soy tuyo? Te encanta que me humille ante ti.

Kyo detuvo el avance de su dedo en la marcada clavícula del pelirrojo. Alzó los ojos y le miró fijamente. Su expresión estaba vacía de todo sentimiento salvo el odio. Luego, de un golpe sujetó al Yagami por la correa de su cuello y con un fuerte tirón le acercó el rostro al suyo hasta que las bocas casi se rozaron.

-Perra... -susurró Kyo, sintiendo contra sus labios el aliento cálido de Iori.

Luego le besó apasionadamente, obligando al otro a ceder el paso a su lengua. Kusanagi no encontró ninguna resistencia, tomó el control absoluto de aquel beso profundo y salvaje. Se apartó justo, cuando Yagami comenzaba a reaccionar.

Y sin mediar palabra, se dio media vuelta y se marchó.

   
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