Título: Tras la Lucha
Autora:  Jei Farfy
Clasificación: +18, lemon, Iori x Kyo, Kyo x Beni,

Capitulo 3: Tras la furia


           -¡Maldito Yagami! ¿Quién te crees que soy? ¿Tu juguete? ¡Bastardo!

Kyo golpeó con furia la pared de su dormitorio. Sintió como las protuberancias del yeso se clavaban en sus nudillos. Notó punzadas de dolor, y deseó sentir más, mucho más. Quiso que el dolor físico fuera más intenso que cualquier pensamiento o recuerdo de Iori.

-¡Mierda! -gritó, estallando en un llanto furioso-. ¡Maldito seas, Yagami! Voy a humillarte como tú a mi, lo juro. ¡¿Me oyes?! -Otro puñetazo contra la pared-. Por reírte de mi, joder... -su voz bajó poco a poco hasta convertirse en un sollozo-. Por burlarte de lo que siento por ti... por hacerme sentir todo esto... ¡lo juro! Bastardo, te lo prometo...

 Iori se dejó caer contra la endeble puerta. Escuchaba a Kyo detrás como si no existiese pared de por medio. Podía oír su sollozos de rabia contenida. Casi podía verlo morderse los puños con desesperación.

El pelirrojo sonrió tristemente para sí mismo. Conseguir tanta furia de Kusanagi era todo un logro. Combatiría bien, sin duda. Un recuerdo fugaz pasó por su cabeza.

Su cuerpo tirado en el suelo, calcinado. Sentía las quemaduras pegadas a la tela chamuscada del kimono. El zueco de su padre se clavó en su esternón con saña, contra las heridas recién abiertas por sus propias llamas.

-¿Te duele, hijo? El dolor te hará fuerte.

El pequeño Iori apretó los dientes para no gritar. Clavó una mirada cargada de odio en su padre.

-¿Me odias, hijo? Eso es todo un halago. Deberías saber que conseguir que alguien te quiera es fácil. Es muy sencillo lograr que alguien de la vida por ti. Pero conseguir que una persona te odie... eso sí tiene mérito. Lograr que esté dispuesta a matarte sin importarle los remordimientos y el dolor que causará, eso sí que es un logro.

El joven Yagami rodó sobre sí mismo ignorando el intenso dolor de las quemaduras que ya comenzaban a desaparecer. Se puso en pie y volvió a fijar la mirada en su padre. Luego escupió a sus pies y alzó la barbilla con orgullo.

Yagami sama estalló en hirientes carcajadas.

-¡Muy bien, hijo mío! Ahora sólo tienes que recordar que los culpables de que tú odies a tu padre son los Kusanagi. Tienes que pensar que ellos son los causantes de todos tus problemas. Y tienes que odiarles tanto que disfrutes pensando en su muerte.

            Iori se sintió tristemente orgulloso por lograr aquel odio de su enemigo. Al fin y al cavo, su padre tenía razón. “conseguir que alguien te quiera es fácil”, había dicho él. Y era verdad.

            Porque... ¿para qué engañarse? Kyo estaba furioso por no poder enfrentarse a sus burlas, por sentirse tan débil en su presencia, tan humillado, tan manejable. Era eso lo que le hacía estallar de rabia: sentirse tan sumiso ante Iori como un perro faldero ante su amo.

            Y Iori lo sabía.

            Y le gustaba sentirse el amo de Kusanagi. Ahora que conocía su punto débil, iba a aprovecharlo al máximo. Sentía que si le decía que se pusiera a cuatro patas, el moreno lo haría sin miramientos.

            El problema es que comenzaba a descubrir que la idea de tener a Kyo en esa postura le resultaba demasiado excitante.

            ¿Qué a ocurrido allí abajo, Iori? ¿Estabas aprovechando su punto débil o descubriendo el tuyo? Reconócelo, no recuerdas el momento en el que te acercaste para susurrarle al oído, simplemente estabas ahí, sin poder evitarlo. Podías oler el perfume de su cabello contra tu rostro, sentir su piel bajo las yemas de tus dedos. Veía su nuez subir y bajar, tragando saliva. Y tuviste que sacar fuerzas de la flaqueza para evitar recorrer con tu boca aquel cuello tembloroso.

            Se sincero, temblabas igual o más que él.

            ¿Qué te está pasando, Iori? ¿Por qué todo se ha complicado tanto?

Ayer sólo tenías que matarle.

   
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