Título: Tras la Lucha
Autora:  Jei Farfy
Clasificación: +18, lemon, Iori x Kyo, Kyo x Beni,

Capitulo 2: Tras la Ironia


         Kusanagi esperaba en la cola a que alguien le lanzara su desayuno con despecho. Unos cuantos puestos más adelante, Yashiro recibía un pegote grumoso de algo que en sus mejores tiempos debía parecerse remotamente a las gachas. Contuvo una nausea y empezó a plantearse seriamente marcharse de la cola, pero una mano en su hombro se lo impidió.

            -¡Kyito! ¿Reponiendo fuerzas para la pelea de hoy? -dijo Benimaru con una gran sonrisa.

            -...

            -Mhhh...Se te han pegado las sábanas, ¿No?

            -...

            -Ya veo -el rubio se mesó el cabello y le dedicó una mirada de arriba abajo-. Deberías ponerte esa camiseta de cuello vuelto más a menudo, te queda de vicio.

            -...

            -Me apasionan estos monólogos matutinos, ¿A ti no? -dijo con una risita. Su vista se desvió hacia la entrada-. Mira, Kyito. Ahí está tu Yagami.

            El moreno se volvió en redondo para enfrentarse a la puerta. Allí estaba Iori. Le dedicó una mirada cargada de odio mientras el pelirrojo le devolvía una sonrisa cínica y burlona. Sin dejar de mirarle, avanzó hacia la fila y se puso detrás de Benimaru.

            -¡Yagami-chan! ¿Tuvo buena noche? -preguntó el rubio intentando desviar su atención para evitar un desastre.

            -Nikaido-SAN... Una noche relativamente agradable, gracias -susurró Iori, sin apartar la mirada de los profundos ojos de Kyo-. Aunque supongo que no tanto como la suya. ¿Con cuál de los hermanos Bogard la pasó? ¿Con Terry? ¿Andy? ¿Con los dos?

            -¡Oh! Nada tan americano, más bien me decanté por el espíritu nacional. Por cierto, Kyito -dijo, volviéndose hacia el moreno-, tu aprendiz domina a la perfección el arte de encender llamas... Le tienes muy bien “amaestrado”.

            Kusanagi desplazó la mirada de odio del pelirrojo a su amigo.

            -Beni, cierra la puta boca.

            -Oh, genial: “Beni, cierra la puta boca”, es una frase estupenda para ser las primeras palabras que me diriges en el día de hoy. No están nada mal -dijo el rubio algo resentido-. Pues ¿sabes? Sólo quería quitarte esa cara larga de niño pretencioso. Ahí te quedas, con tu querido Yagami; y si acabáis destruyendo el salón, o el hotel entero, no me sentiré responsable -sentenció, mientras se apartaba de la cola-. Además, ese desayuno tiene una pinta infesta. Que te sea leve, Kyito. Yagami-SAN, buenos días. ¿Ves? Ya cierro la puta boca, capullo.

             Estaban de nuevo frente a frente. De nuevo con la mirada prendida el uno del otro. Kyo sabía bien lo que iba a ocurrir. Pasaría el tiempo, ninguno cedería, no apartarían la mirada. Él tendría que poner toda su fuerza de voluntad en evitar que sus ojos descendieran y recorrieran el cuerpo del pelirrojo. Sabía que, justo en el momento en el que creía no poder aguantar más aquella intensa mirada rojiza, Iori hablaría.

            Diría cualquier cosa hiriente, un comentario humillante. Y Kyo le tendría que dar las gracias, porque ese comentario sería el único incentivo para apartar la vista y salir en busca de un lugar adecuado donde luchar.

            Pero esta vez los profundos ojos de Yagami tenían un tinte diferente, no había sólo odio en ellos. No sabía que era, pero a Kyo le gustaba aquella mirada algo confusa acompañando a la siempre irónica sonrisa del pelirrojo.

Tuvo que contenerse para no alzar una mano y retirar los mechones de cabello que le impedían ver la totalidad de su rostro.

Entonces, por primera vez, fue Iori el que dejó caer la mirada. Kyo notó sus iris incandescentes deslizándose por su cuello, su torso, sus piernas. Sintió aquel intenso escrutinio quemándole como fuego y no pudo contener el escalofrío que recorrió su cuerpo.

Y Iori lo notó.

Kusanagi se tensó al ver que el otro avanzaba un paso y le dedicaba una mirada sesgada, irónica  y sensual.

-¿Tiemblas, Kyo? -susurró con su profunda voz-. ¿Tienes frío? Eso es fácil de arreglar.

Iori levantó una mano e hizo danzar una llama en su palma hasta que se esfumó. Luego alargó el brazo y rozó con los dedos de cuello de su enemigo.

El moreno temblaba de miedo, pero no podía moverse. Un deseo enfermizo le instaba a quedarse quieto, a descubrir que iba a pasar después. Esa mirada profunda le tenía atado por cadenas invisibles.

El roce de sus manos contra la sensible piel del cuello fue una sensación tan intensa que a duras penas pudo evitar el gemido que pugnaba por salir de sus labios. Furia, miedo, placer... eran demasiados sentimientos mientras Yagami bajaba el cuello alto de su camiseta.

-¿Quién te ha hecho esto, Kusanagi? -preguntó el pelirrojo rozando levemente las marcas amoratadas. 

Kyo volvió al mundo de los vivos de golpe. Mientras pensaba en aquellas señales, un intenso rubor tiñó sus mejillas. Apartó la mirada de Yagami.

Al mirarse al espejo por la mañana, había encontrado aquellas trazas rojizas en su cuello, como si alguien hubiera querido estrangularle. Debía haberse enredado con las sábanas, pero recordaba que la sensación de ahogo había formado parte de su sueño. ¡Y qué sueño! Más real que ningún otro de los que había tenido con Yagami. Tanto que al despertarse, creyó sentir en su boca el sabor de aquel último beso con el pelirrojo.

Notó el cálido aliento de Yagami en su oído.

-Si alguien vuelve a intentar estrangularte, Kyo -susurró-, recuérdale que eres mío. Dile que sólo yo tengo derecho a acabar con tu vida y mancillar tu cuerpo, y que si alguien lo intenta, morirá.

-Yo... en realidad... no fue nadie, sólo que.. -masculló intentando dar una explicación. No sabía por qué lo hacía, pero necesitaba explicarle que no le había sido infiel...  ¿Infiel? ¿Y a qué tenia que ser fiel? ¿A dejarse matar por Yagami?

-Si necesitas darme una excusa, es que sabes que me perteneces -dijo Iori.

Entonces se apartó de Kyo -y cuan cerca había estado-, borró la sonrisa de su rostro y se alejó hacia la salida, pero antes de marcharse, se detuvo un instante en la puerta.

-Te veo en dos horas, Kusanagi -dijo sin darse la vuelta-. Este promete ser un buen combate, acaso el día en el que tu clan pierda a su primogénito. Deséate suerte, porque vas a necesitarla -giró el rostro levemente, clavando en Kyo una mirada inescrutable-. Te haré  chillar entre mis manos. Lo juro.

Y salió del comedor dejando tras de si sólo silencio.

Los luchadores congregados intercambiaron miradas aliviadas y cuchicheos. Lo normal en esta clase de encuentros es que ambos luchadores terminaran calcinando medio comedor. Dentro de lo que cabía, todo había salido bien.

El estrépito de una bandeja al estrellarse contra el suelo hizo que todos volvieran las miradas hacia el moreno. El rostro de Kyo era una máscara de furia y odio. Tras pegar un puñetazo a la pared, salió por la puerta a toda prisa.

   
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