Título: Tras la Lucha
Autora:  Jei Farfy
Clasificación: +18, lemon, Iori x Kyo, Kyo x Beni,

Capitulo 1: Tras la Puerta


            Ligera, débil puerta de contra chapado. Probablemente su interior estaría surcado por finas hojas de cartón endeble. Tan fácil de tirar abajo. Ardería como una tea impregnada de aceite.

            Sin cerradura, sin pestillo. Tan sólo un pomo dorado que le tienta y le susurra frases zalameras. Ábreme, ábreme... Aquí estoy, para ti. Sólo para ti...

            Contiene la mano justo cuando va a tocar el frío metal. Desesperado, la retira. No la puede abrir, no puede. Se deja caer sobre la cama, aferrando con locura sus cabellos rojizos.

            Si abre esa puerta no sabe lo que ocurriría. Tan sólo un resquicio, le susurra una voz profunda desde algún rincón de su cabeza. Apenas un atisbo de su figura dormida. Acaso un poquito más, ya que es de noche y apenas hay luz. Puede que te adentres un  de paso para verle mejor.. sólo eso, dos o tres pasos hacia su cama y...

            -¡NOOOO! -gritó a la voz de su cabeza-... no...

            Maldijo una vez más a la organización del torneo por darle esa habitación. Esa habitación y esa puerta... esa maldita puerta que comunicaba con el cuarto de Kusanagi. Al principio la idea le había parecido “encantadora”. Pensaba en hacerle una última e inesperada visita cuando estuviera durmiendo placidamente.

            Pero las horas pasaron, y Yagami no se decidía a abrir la puerta.

            Kyo... sí, estaba dormido desde hace mucho rato. Si prestaba atención podía escuchar su respiración suave a través de la endeble y liviana puerta. Dormía. Era el momento de matarle, y lo sabía

            Por la espalda, a traición, sí. Pero matarle al fin y al cabo. Se acercó de nuevo a la puerta dispuesto a terminar con todo de una vez. Así su clan le dejaría en libertad, y aquello era lo que más deseaba. No más peleas, no más torneos.

No más Kyo Kusanagi.

            Su mano se detuvo ante este pensamiento y comenzó a temblar de nuevo, incapaz de obedecer a la orden que Iori le enviaba.

            Ábrela, maldita sea, abre la maldita puerta y mátale de una maldita vez, cobarde.

            Pero allí se quedó con la cabeza gacha, derrotado por una débil puerta de papel. Hundido, humillado, vencido... Vencido.

             -...Yagami...

            Su cuerpo se puso tenso al escuchar la voz de su rival. A través de la puerta había escuchado su nombre. ¿Le llamaba?

            Apenas se percató del momento en que su mano giró el pomo y abrió la puerta. No notó como sus piernas le llevaban dentro del dormitorio de su enemigo. Sólo cuando vio el cuerpo del muchacho tendido en la cama, fue consciente de que había entrado.

            Entonces fue cuando se quedó quieto, allí, junto a la cabecera de Kusanagi. Viendo el cuerpo de su contrario retorcerse entre las sábanas, gimiendo entrecortadamente, repitiendo su nombre.

            El moreno tenía el rostro perlado de sudor, el pelo revuelto y una expresión desencajada. Sin saber muy bien por qué, mirar sus rasgos contraídos hizo que Iori tragara saliva.

            Veía lo que pasaba en la habitación como si de una película se tratara. Allí estaba él, junto a la cama, inclinándose inconscientemente sobre el lecho del chico dormido. Kyo soñaba, y era evidente que no era una pesadilla lo que veían sus ojos cerrados. Sus jadeos, el rubor, los movimiento rítmicos...

            -...Yagami...

            ...Su nombre en sus labios.

            Rogando.

            Y se vio a si mismo inclinado sobre el muchacho, llevando ambas manos a su cuello. Sin poder detenerse, sin saber con exactitud si deseaba matarlo o sólo tocar aquella piel que ya en sueños sentía su tacto.

            Sus dedos rozaron a Kyo, y una sacudida eléctrica recorrió su espalda. Entonces comenzó a apretar el delgado cuello. El cuerpo entre sus manos incrementó el nivel de sus gemidos y el movimiento de sus caderas. Los suspiros fueron jadeos y luego gritos de excitación según Iori aumentaba la presión, hasta que el cuerpo dormido se convulsionó en una sacudida extasiada.

            El pelirrojo separó las manos, contemplando el calmado rostro, sintiendo como quedaba exangüe el lúbrico cuerpo. Puso el índice sobre sus labios para comprobar su respiración. Era suave, pero aún algo agitada.

            Ahora. Mátale. Ahora. No va a resistirse.

            Kusanagi le contemplaba con aquellos enormes ojos negros aún adormilados.

            Despierto.

Iori sintió el deseo de salir corriendo, de huir como aquel que ha sido descubierto cometiendo un delito. Pero Kyo sonrió suavemente y alzó una mano para acariciar el cabello de fuego.

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