Despedida de Soltero.
Pariging: Iori Solo
Autores: Jei, Benigirl.

Notas. Cosas muy raras que se nos ocurren después de tanto tiempo sin escribir. Hyne, estoy obZeXionada con mi perra...

Benimaru estaba recargado en la pared, mirando el teléfono. Pensando en como atraer la atracción principal del evento que estaba organizando: La despedida de Soltero de Kyo Kusanagi;

Volvió a leer la limitada lista de invitados; el primero de todos K', su pareja actual, el único con quién el rubio se sentía pleno, y no le importaba en lo absoluto si a Kyo le caía bien o no, total él estaba organizando todo y era justo tener a alguien con quién pasar el rato.

El segundo de ellos Shingo, quien seguramente no dejaría de acosar al festejado, pero bueno; la posibilidad de torturar al capitán del hero team, era una oportunidad que brillaba como un hermoso diamante.

Finalmente y  todo un reto para el rubio: Iori Yagami, aún no sabía como diablos iba a convencer a ese amargado para que aceptara ir a la despedida de su enemigo a muerte y mucho menos el como obligarlo a que se comportara como una persona civilizada; y es que últimamente cada vez que Iori se topaba con Kyo, el pelirrojo se le iba como fiera, parecía que estuviera molesto por algo.

-En fin, que truene esto de una vez y que pase lo que tenga que pasar. -Decidido a que el destino jugara con la suerte, marcó rápidamente y esperó a que contestaran el teléfono.

*Ring

*Ring

-Residencia Yagami.

-¿Me podrías comunicar con Iori?

-El Sr. Yagami está en una sesión. ¿Quién lo busca?

-Diablos. -Benimaru no había pensado en eso, sí decía que era él, de seguro se negaría.

-Es realmente urgente que hable con él. ¿Está muy ocupado?.

-Esta en su sesión de masaje. -El rostro del rubio se iluminó gracias a una perversa idea.

-Excelente, en un momento más sale la auxiliar con los productos faltantes.

Benimaru colgó el teléfono y se dirigió a su guardarropa. -... y pensé que jamás llegaría a usar todo esto.

Rápidamente se duchó y se alistó, tomó las llaves del carro, unas gafas de sol y salió en dirección de la Residencia Yagami.

-Soy capaz de fingir ser la ayudante, o de plano esposar a la masajista, a ver que diablos se me ocurre. -Meditaba apurado en como crear una oportunidad de estar a solas con el pelirrojo, por supuesto, después vería que decirle.

-Bueno aquí estamos. -Se miró en el espejo, retocando los últimos detalles de su maquillaje.

-Vaya eso si fue una compra relámpago.

-En menos de 20 minutos. -Agarró su nueva adquisición, un set de cremas y exfoliantes de aromas cítricos que estaba seguro que al pelirrojo le gustarían.

-Ni si quiera sé porque me molesto en comprar algo que le guste a ese tipo. -De pronto la imagen de Kyo apareció en su cabeza.

-Todo sea por una buena causa supongo.

Se paró frente a la puerta de servicio y llamó; rápidamente fue atendido por una señora de edad mediana.

-Qué bueno que llegó a tiempo, el Sr. Yagami esta molesto por su tardanza, ¿Podría darse prisa, por favor?.

-Claro. -Benimaru sonrió, al parecer andaba de suerte.

El ama de casa le miró extraño.

-Disculpa es que ando un poco afónica. ¿Podemos darnos prisa?

-Oh si!. Disculpe Usted.

-¿Quiere decir que mi asistente no ha llegado aún?. -Preguntó con una amplia sonrisa mientras caminaban en el interior de la casa.

-Así es, llamó hace un momento diciendo que mandaría a una auxiliar, supongo que no tarda en llegar.

-Ok, si llega por alguna razón, coméntele que la agencia ya mandó a una persona, que todo esta bajo control.

-Así lo haré. -Respondió el ama de llaves.

-Gracias.

-Por aquí Srita... ¿Cuál es su nombre?

-Llámame Niki y disculpa mi mala educación.

Ambos entraron a una habitación de ensueño, un cuarto amplio con plantas a todo su alrededor, una piscina al fondo y una mesa de masaje en medio con un pelirrojo recostado boca abajo cubierto por una pequeña toalla blanca. -Maldición, si fuera K' ahora mismo le saltaba encima. -Pensó Benimaru al imaginar el sin fin de cosas que haría en ese lugar con su amante.

El ama de casa se detuvo a unos metros de haber entrado. -En este cuarto está el material de trabajo. -Comentó abriendo las puertas de los estantes. -Aquí la ropa que puede utilizar y finalmente éste es el timbre por si necesita algo.

-Gracias linda.

La señora salió del lugar, Benimaru dio un profundo suspiro, aliviado por haber llegado hasta ese punto sin ser descubierto, ahora debía ponerse a trabajar y buscar una coartada; lo bueno apenas venía.

-Vaya todo lo que tengo que hacer por ti, Kyo. -Murmuró entre dientes al ajustarse un falso sostén que traía puesto.

Finalmente, parado a unos centímetros observaba al pelirrojo, le habló.

-Buenas Tardes Sr. Yagami, Lamento el retraso, pero tuve un...

-Comienza de una vez. -Interrumpió el pelirrojo.

-Si, como Usted diga. -La orden lo tomó por sorpresa; de inmediato abrió su maletín y sacó el exfoliante con extractos de naranja.

Tentó los músculos con sus manos. -Primero debe relajarse Señor

-Para eso la he llamado, para que me relaje. Ese es su trabajo; empiece de una vez.

El rubio abrió el envase y aplicó una cantidad moderada en su mano; esparciéndola sobre la espalda bronceada del pelirrojo. Una vez que terminó, se tronó los dedos y comenzó su masaje.

-¿Y como se siente, Señor?. Puede platicarme lo que guste, estoy aquí para servirle. -Postró sus ágiles manos por debajo del cuello del cliente.

Yagami la miró extrañado, pero supuso que era su primer trabajo.

-No se extrañe mi Señor, generalmente, los clientes que atiendo me cuentan sus problemas, es parte de la terapia, Usted sabe.

-Ja. -Rió Yagami. -Como eres nueva, te lo diré por primera y última vez. No aprecio que me hablen mientras recibo un masaje... prefiero que se dedique por entero a su trabajo. ¿Entendido? -El pelirrojo parecía realmente molesto.

-Además, mis problemas sólo me incumben a mí.

-Pero no tendremos buenos resultados, sí solamente hago un buen masaje, considerando que el stress viene por la tensión que sufre la mente, debido a los problemas o presiones que tenemos en la vida cotidiana.

Iori volvió a mirar a la rubia “¿Qué diablos se cree, psicóloga?” pensó irritado.

-Como ya sabrá, soy una figura pública... no puedo permitirme contarle mi vida a la primer masajista que se me presente.

Benimaru no veía forma de cómo iniciar una conversación con Iori, tal vez sí le decía que lo odiaba y que lo mataría algún día, podría conseguir algo. Rió al darse cuenta de lo que pensaba, actuaba como un completo idiota, su mente estaba en blanco; y es que toda la idea de presentarse en casa del pelirrojo fue algo que ni siquiera pensó; sólo se trataba de una oportunidad que se le presentó y aprovechó..

“Bueno, debo enfocarme al masaje por ahora y ya después a ver que se me ocurre” pensó.

Sus manos se detuvieron en un músculo especialmente tenso en el cuello del pelirrojo. -A como siento lo tenso que se encuentra, está sesión durará más de lo que pensé.

-Le pagaré el doble si es necesario. No estoy en mi mejor momento. Realmente necesito este masaje.

-Entendido señor. -Respondió el rubio mientras apretaba con fuerza los músculos que acariciaba con sus manos.

Iori gimió al sentir el dolor que los dedos expertos le proporcionaban, seguido del alivio de la tensión.

Benimaru puso más atención a la actividad que realizaba, cuando entonces se percató de las marcas tatuadas en la espalda de Iori.

“Son demasiadas” Pensó

Iori apretó los dientes y se concentró en los movimientos de aquellos dedos.

-Tiene demasiadas heridas. ¿A qué se dedica?

-Soy luchador profesional. Gajes del oficio. -Iori se ancló a aquella pregunta para cambiar de tema.

“La masajista” pasó su dedo por una cicatriz que cruzaba casi por toda la espalda del pelirrojo. -Esta, es grande. -Murmuró.

Iori se sobre exaltó un poco, nunca lo habían tocado de esa forma.

-¿Y qué tipo de luchador es?, ¿Cómo esos de la lucha libre que pelean en el ring?

Yagami sonrió -Esa casi me mata. -soltó la carcajada.

Benimaru le miraba, sorprendido al ver lo hermoso que se veía el pelirrojo al reír; preguntándose si Kyo alguna vez fue capaz de captarlo de esa manera.

-¿Ha escuchado hablar del torneo King of Fighters?. Soy uno de sus integrantes. -Comentó de mejor humor, con menos tensión que en un principio. -La verdad, es algo más que una simple lucha libre.

-Ahora que lo dice, Usted se parece a ese luchador famoso. -El rubio detuvo su masaje y fingió pensar un rato.

-Iori Yagami, ¿No es así?. -Benimaru no podía creer que estuviese comportándose de esa manera. Pero aún así, valía la pena quizás sus sospechas siempre fueron ciertas y no hizo mal en querer invitar al pelirrojo a la fiesta que estaba organizando para Kyo.

-El mismo. -Respondió el pelirrojo en todo indiferente.

-Algo he escuchado sobre cierta rivalidad entre Usted y Kyo Kusanagi. -Los músculos de la espalda de Iori se tensaron de golpe entre los movimientos de la masajista.

-Ese maldito.

-Algún día lo mataré. Lo juro. -Dijo en voz alta, más hablando consigo mismo que con la "chica" que le atendía..

Nikaido lo observaba asombrado de la facilidad con la que el pelirrojo podía cambiar de un estado de ánimo a otro, todo por causa de Kyo. -Tanto le odia Señor?.

-Jajaja, Digamos que es algo... genético. TENGO que odiarle.

-Siempre pensé que su rivalidad se trataba de una estrategia de mercadotecnia. ¿Porqué desea matarlo?

-¿Quién ha dicho que desee matarlo?. Sólo he dicho que tengo que hacerlo.

-No comprendo Señor.

-El muy bastardo arrogante... siempre con esa mirada de superioridad y esa pose chulesca tan.... -Las palabras murieron en la boca de Iori, quien parecía sumirse en sus propios pensamientos.

-Maldición... Kusanagi es el culpable de todo, de cualquier cosa que tenga que ver con mi vida. ¿Comprende?. Cualquiera. Todo gira en torno a él y el muy maldito ahora... -volvió a perderse en el silencio

-Un momento, está hablando del famoso heredero Kusanagi, que contraerá nupcias en unas semanas?

Las uñas de Iori se clavaron en la camilla de masaje, pero no dijo palabra alguna.

-Escuché que se casará con... me parece que se llama Yuki.

-Es un traidor. -susurró el pelirrojo en tono amargo.

Benimaru por el contrario estaba emocionado por el interesante descubrimiento ¿Quién iba a decir que Yagami tenia algo para Kyo después de todo?

-¿Traidor?. No le comprendo. ¿En qué forma le traicionó?.

Yagami casi explota de coraje. -¿De qué forma?, ¿De QUÉ forma?. Maldición... Mi vida se centra en él, en matarle, en destruir a su clan... ¿Y él? Su vida gira en torno a sí mismo y a esa mediocre.

-No debería ser así.

-Supongo que Usted desea que el abandone una vida normal para seguir con esa supuesta rivalidad.

-Yo le odio y le mataré.

-¿Qué piensa hacer? -Preguntó la masajista mientras trabajaba la parte baja de la espalda.

-¿Qué?. Lo único es... pagarle con su misma moneda. Mi padre lleva dos años queriéndome desposar con una rica heredera. Creo que es momento de hacerle caso y olvidarme de Kusanagi y esa maldita promesa. -Susurró, pero su tono sonó más bien desesperanzado.

-¿Promesa? -Preguntó casi con miedo.

-La promesa de mi clan de dedicarnos en cuerpo y alma a destruir a cualquier Kusanagi, esa promesa que no puedo llevar a cabo porque Kyo no ha cumplido su parte, porque ahora ha decidido no acatar plenamente  nuestra lucha y si a andar con ridiculeces que no le corresponden.

-Por eso digo que es un traidor.

-¿Es sólo ese su interés por Kusanagi? -Las manos del rubio se posesionaron de las nalgas de su cliente.

Iori dio un pequeño respingo... aquél movimiento le tomó desprevenido. No se esperaba ese contacto, y menos mientras se hablaba de Kusanagi.

-Entonces, todo es por Kyo Kusanagi. ¿Neh? -Un leve color rojo tiñó el rostro de Iori.

Benimaru estaba haciendo bien su trabajo, el hablarle de Kyo al tiempo que le trabajaba partes tan sensibles hacían que Yagami sacara a flote algo de sus sentimientos.

-¡Eso no tienen nada que ver!. Lo primero es lo primero... y lo primero para él debería ser YO. -Gritó exasperado, perdiendo el control, aunque al instante se arrepintió de haber dicho de más..

El rubio se percató del sobresalto del pelirrojo, cada vez que hablaba de su enemigo. -Y le ha dicho eso a Kusanagi. -Preguntó entonando en el nombre de su amigo, al tiempo que ejercía más presión en la carne que trataba con sus finos dedos.

-Yo no debo hablar con él, sólo debo matarle. -Iori se sentía indefenso por haber descubierto todas sus dudas en voz alta.

-Pero dio a entender que no desea matarle. ¿Qué caso tiene hacer algo que uno no desea?.

El pelirrojo guardó silencio.

Benimaru observó el reloj, ya había pasado el tiempo de la sesión (o mejor dicho el que tenía para invitar a Iori a la susodicha fiesta), debía irse de inmediato, en casa le esperaba su bombón, quien por cierto ya debía estar muy impaciente.

“No conseguí nada... “ vaya que se sentía mal por ello, pero al menos el riesgo no fue en vano.

-Señor, su sesión está por terminar; desea continuar o seguir esto después. Tengo un centro de masaje donde podría atenderlo.

-¿Está muy lejos de aquí?

-No, esta ubicado en el centro, aún así no es una zona muy concurrida.

El pelirrojo hizo una mueca de que estaba de acuerdo.

-He de reconocer que da excelentes masajes... pese a ser mujer, tiene la fuerza de un hombre.

-Entonces, ¿Qué es lo que el señor desea?. -Benimaru se sonrojó.

-Seré honesto, mi horario es muy apretado... sólo tengo libres las noches. Dudo que quiera atenderme a esas horas.

-Los clientes que atiendo tienen todo mi tiempo. -El rubio estaba más que feliz, el mismo Yagami se ofrecía a ser servido en charola de plata

Iori se incorporó al sentir que las manos se apartaban de sus glúteos. Utilizó la toalla para taparse, sin ocultar el estado de semi-erección de su entrepierna.

-Si me da la dirección, podremos concertar una cita.

Benimaru le dio la espalda a su cliente, sabía que era de mala educación cometer ese tipo de indiscreciones; sin embargo una duda muy peculiar le pegó en la vanidad, por lo que miró a Iori de reojo.

Ya no había más dudas, -pensó- Kyo significa algo para el pelirrojo, y ahora la situación era más emocionante que antes.

-En un momento se la anoto. ¿Me disculpa?

-Por supuesto.

De inmediato corrió el cuarto donde tenía sus pertenencias y buscó la invitación en la falda con la que se había presentado, de inmediato paso la dirección a un papel en blanco junto con su número celular.

-Se la dejaré en la mesa. Disculpe mi rudeza.

-No ha sido ruda, además hace bien su trabajo, que es lo que importa.

El rubio se sintió incomodo por el comentario, lo único que le faltaría era que Yagami lo tomara por confidente, pensando que es en realidad una mujer.

El abultado miembro de Iori poco a poco iba volviendo a la normalidad. El pelirrojo no le daba ninguna importancia, sabía que las masajistas tenían costumbre de ver esa clase de erecciones en sus clientes.

-Me despido. Esperando su llamada.

-Estupendo.

El rubio salió de la habitación así como andaba, no se podía arriesgar a ser descubierto, no ahora que había avanzado mucho, aunque eso no era lo que en un principio tenía en mente.

Caminaba rápido hacía la cocina, cuando la mirada insistente del ama de llaves le detuvo.

-Lo lamento, la tela es tan suave y cómoda que no pude resistir a pedírsela; y el señor fue tan amable que me la regaló.

La señora le miraba todavía.

“Que no vea mis piernas”

Cuando Iori vio cerrarse la puerta, retiró la toalla y se dirigió al sauna para liberar toxinas y aprovechar el aceite que le habían untado. Su mente sólo pensaba en una cosa: Kyo.

El calor hacía que su cuerpo comenzara a sudar. Se sentía lúbrico y excitado. Aquella chica había conseguido hacerle pensar en Kyo de un modo que llevaba tiempo negándose. Sus manos en su trasero mientras hablaba de Kusanagi.

Benimaru, al momento de abrir la puerta de servicio, recordó que no había hecho cita con Iori, estaba tan nervioso que lo olvido por completo, y como no. Si se había ido a meter a la boca del demonio.

-Maldición, ahora debo regresar y hacer el ridículo otra vez.. -Murmuró molesto.

El ama de llave vio nuevamente a la rubia, aunque ahora parecía ansiosa y preocupada.

-Le puedo ayudar en algo Srita. Niki. -Le llamó apenas la vio subir por las escaleras.

-No es nada linda. -Respondió. -Sólo que olvide una de las exfoliantes que traje conmigo, y la necesito, tengo otro cliente en la lista. ¿Me permites subir y tomarla?. Disculpa mi torpeza.

La señora le sonrió, esa chica era diferente a las otras que llegaban y le hablaban como si fueran superior.

-No hay problema linda, pero recuerda tocar la puerta, al señor le irrita que le molestemos sin antes llamar. Y no pases hasta que él lo indique

-Por supuesto linda. Lo tendré en mente.

Por su parte Yagami, libre de las miradas de sus súbditos (sabía que nunca osarían entrar sin llamar) deslizó un mano por su propio torso desnudo, extendiendo el sudor y haciendo reaccionar aún más a su propio cuerpo.

Comenzó a pensar en el último combate que había tenido con Kusanagi.

Su camisa negra había quedado prácticamente destrozada, dejando ver su cuerpo moderadamente musculoso donde brilla el sudor y la sangre que él mismo le había provocado. Aquella ocasión, sintió como una erección se formaba entre sus piernas, igual que la sintió ahora. El calor era asfixiante y muy erótico

El recuerdo del cuerpo de Kyo, le hizo no poder evitar hacer descender su mano hasta su entrepierna; comenzó a acariciarse suavemente, pero en seguida aumentó el ritmo, llevado por el calor y la humedad..

Recordar sus jadeos por el cansancio... ¿Sería igual al gemir en la cama?. Sin darse cuenta, su mano comenzó a apretar su pene de forma dolorosa.

-Ah, Kusanagi. -Sus jadeos se intensificaron igual que sus caricias.

Estaba a punto de explotar, justo antes un único pensamiento pasó por su cabeza: la pose de Kusanagi antes de cada combate: altivo, masculino, sensual.

-Mnh... ¡KYO!

En ese momento Benimaru entró el la habitación

-AH, SI. ¡Kusanagi!

El Rubio escuchó el nombre de su mejor amigo resonar a todo su alrededor; asombrado se acercó lentamente hacía dónde la voz venía, encontrándose con una cortina blanca que bloqueaba su mirada indiscreta.

La tocó y observó por una pequeña abertura, para hallar un impresionante descubrimiento.

Los ojos de Nikaido casi caen al suelo al ver al pelirrojo derramar su propio líquido entre sus manos. Y disfrutar de su propia esencia.

-Dios, Iori masturbándose.

Yagami alzó su mano manchada y la miró con ojos entornados... luego lamió lentamente su propia semilla.

-Ah... Kyo. Te deseo tanto. -Al escuchar esas palabras, el rubio retrocedió en completo shock y por descuido, movió un stand que estaba a su lado.

De inmediato Iori escuchó un ruido y sintió una presencia. Se volvió como una cobra hacía el sonido.

-Espero que no me haya escuchado. -Rezaba el rubio. -Sí me encuentra estoy perdido.

El pelirrojo se levantó sin cubrirse y se acercó a las cortinas, corriéndolas de un movimiento brusco.

Benimaru, como si ya supiera lo que le esperaba se cubrió el rostro. -Disculpe mi impertinencia., se lo ruego. -Gritaba “despavorida”.

Iori, al ver a la rubia allí, sonrojada y cabizbaja, tuvo que contener sus impulsos de partirle la cara.

-¿Olvidaste algo o simplemente disfrutabas del espectáculo?.

“La rubia” separó dos de los dedos que protegían su rostro, dejando que uno de sus ojos diera la cara al pelirrojo.

-Ss.. Si. -Tartamudeó.

-Sí a cual de las dos. -Preguntó el pelirrojo molesto.

-Esa... Por supuesto que esa. Su cita.

Iori dejó escapar el aire y relajó un poco su postura, sin siquiera pensar en cubrir su cuerpo desnudo.

-Tengo libre todas las noches. ¿Cuándo le vendría bien?.

El rostro del rubio se iluminó con una gran sonrisa que obviamente escondía bajo sus manos.

-¿Le parece mañana Señor, a las 21:00 hrs.?

-Estupendo. Puedes irte.

-Sé que no tengo perdón, pero lamento haber profanado su intimidad.

-Con permiso. -“La rubia” se volteó, predispuesta salir; cuando entonces Iori le habló.

-Aguarda.

-¿Si Señor.?

El pelirrojo se llevó la mano que aún guardaba su esencia hasta la boca. Y lamió sus dedos lascivamente.

-Si escucho algún comentario sobre esto. La mataré.

“La chica”, cerró los puños; pero antes de ser más obvia optó por relajarse.

-Entendido.

/Como si me fuera a dejar maldito engreído /. Pensó.

-Fuera.

“La rubia” salió de inmediato, bajó las escaleras tan rápido que parecía que había visto al mismo demonio.

Sus brazos se agitaban de la misma manera que sus piernas avanzaban. -Debo salir rápido. -Pensaba.

-¿Encontró lo que había olvidado? -Preguntó el ama de llaves, a unos metros antes de interceptarla.

-Si, muchas gracias, por preocuparse.

-¿Le sucede algo Señorita?

-No, sólo que se me ha hecho muy tarde. Gracias por su atención.

Benimaru no se percató de la mirada extraña que le lanzó el ama de casa.

-Raro... ¿Traía pestañas postizas?

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