Titulo: Secretas Intenciones
Autores: Raist *X* Benigirl
Tipo: Lemon. 
Personajes: Iori x*x Benimaru


::: Secretas Intenciones :::

Iori contemplaba al rubio sin perder detalle, apoyado en una columna cercana.

            Benimaru se lamió los labios sensualmente justo antes de llevarse la botella de cola a la boca. El pelirrojo sabía que aquel gesto estaba perfectamente estudiado para seducir.

Sabía que era puro y simple coqueteo de Nikaido. No obstante, no pudo evitar tragar saliva cuando aquellos ojos de hielo se clavaron en los suyos mientras bebía.

            Al parecer, la fama que precedía a Benimaru era bien merecida. Iori había oído mil historias sobre el rubio en pasillos y duchas, siempre entre cuchicheos secretistas. El mejor amigo de Kyo era la mejor opción para pasar una noche inolvidable. Se decía de él que era como Cesar, el amado de todas las mujeres y la mujer de todos sus amantes

            El mejor amigo de Kyo...

            El pelirrojo avanzó unos pasos hasta quedar enfrente del rubio, que le sonrió con coquetería.

            -¿Quieres algo, Yagami?

            Iori se limitó a extender un brazo y arrebatarle la botella de entre las manos. Dio un largo sorbo sin apartar la mirada de aquellos ojos de hielo y le devolvió el refresco al otro muchacho.

            -Tenía calor -susurró el pelirrojo con una voz profunda y ronca.

            Benimaru captó en el tono de Yagami una invitación al sexo. Beni pensó en Kyo un momento... no, no iba a quitarle a Yagami, sólo iba a tontear un poco, a coquetear con aquel bello pelirrojo. No tenía nada de malo, ¿verdad? Sólo quería entretenerse un rato y además... Kyo nunca se enteraría.

Se echó hacia delante, sentándose en el borde del sillón. Iori se alzaba ante él como una montaña, grandioso, deseable, sensual. Se puso en pie lentamente, lamiéndose los labios con anticipación.

            -¿Calor? Eso tiene fácil arreglo –dijo, mientras que sus dedos comenzaban a desabotonar la chaqueta negra del descendiente de la Luna.

            Iori se quedó quieto, contemplando como aquel muchacho le quitaba la blusa, dejándolo con la camisa blanca suelta. Los largos dedos del rubio acariciaron de manera casual el pecho del otro luchador.

            -¿Mejor así, Yagami? –preguntó Benimaru con una voz dulce y untuosa como la miel.

            -No –contestó el otro, alzando con malicia un lado de la boca en una sonrisa partida-. Ahora tengo más calor.

            Nikaido sonrió levemente, y decidió seguir jugando en aquella arriesgada apuesta. No conocía a nadie que hubiera pasado una noche con el pelirrojo. En verdad le atraía la idea de poder decir que lo había tenido sólo para él... claro que... en realidad no iba a hacer nada, sólo coquetear. No podía hacerle eso a Kyo...

            -¡Oh! Si no se te quita el calor, iré a buscarte una botella de agua –dijo, con el tono más inocente que pudo. Se escurrió entre el pelirrojo y el sofá con un movimiento felino y líquido.

            Beni abrió la nevera, dándole la espalda. Yagami contempló aquella figura esbelta y elegante y comenzó a avanzar en su dirección. Visto desde atrás, Nikaido bien podría ser una preciosa muchacha. Sus manos se movían acariciando el aire con elegancia.

Se inclinó para tomar una botella de agua que nunca llegó a sus destino, puesto que se le escurrió de entre los  dedos al sentir las fuertes manos de Yagami sujetándole por las caderas. Iori ciñó su cuerpo contra la espalda del rubio, aspirando el aroma a limón y pimienta del cabello del rubio. Aquel cuerpo era tan frágil como elegante y lúbrico. Sintió que podría quebrar aquellos huesos si le abrazaba demasiado fuerte.

Benimaru tenía la delicadeza de una figura de porcelana translúcida, y su mismo encanto. El encanto de saberla delicada y quebradiza, de saber que un golpe podría terminar con ella. Pero, como los malos reyes, Iori adoraba despreciar el valor de las bagatelas y se complacía  rompiendo bellezas inservibles.

El amigo de Kyo.

Mordió el cuello del rubio hasta que escuchó un gemido de dolor. Deslizó una mano hasta los marcados huesos de sus caderas y le atrajo con fuerza hacia su cuerpo. Apretó su pelvis contra el trasero de Benimaru que, en ningún momento, dio muestras de querer alejarse.

-Yagami... sé que soy irresistible, pero vas demasiado rápido...

Iori se limitó a deslizar una mano por debajo de aquella ajustada camiseta de vinilo negro.

-¿Rápido?  No lo creo –Susurró, mientras jugaba con uno de los pezones del rubio-. No necesito que me calientes. Nos podemos saltar los estúpidos coqueteos. Son una pérdida de tiempo cuando yo ya estoy dispuesto y tú eres como eres...

Benimaru se escurrió del abrazo del pelirrojo y se le enfrentó con el ceño fruncido.

-¿Y cómo se supone que soy, Yagami?

Iori le miró fijamente y habló con una frialdad de hielo.

-Fácil

            -¿Fácil?- preguntó el rubio mientras lanzaba una delicada carcajada

            -¿Me pregunto.. quien es el que esta detrás de mi, ansioso de cogerme hasta más no poder?- se volvió hacia el pelirrojo y lo miro a los ojos 

            -¿Dime el nombre del chico fácil?-murmuró mientras asesinaba la distancia entre sus bocas.

-¿De aquel que ha suplicado fríamente a que nos dejemos de la estúpida coquetería?- deslizó una de sus manos hacia la bragueta del pantalón de Yagami, acariciando el área donde estaba su miembro ya erecto, estrujándola entre esas delicadas manos que se convertían en garras felinas. - ¿Qué no eres tú?-

Miraba al pelirrojo, retándolo a que lo contradijera en palabras –Creo que cambié de opinión- susurró tentativamente, lamiendo el labio inferior de Yagami

-A que te refieres-

-Hahaha, no eres el único que puede ser la perra del cuento- Benimaru alcanzó otra de las botellas de agua, llevándola hasta sus rozados labios para abrirla sugestivamente mientras Yagami lo observaba encantado en el erotismo de los movimientos.

En un instinto brusco retiró la camisa del pelirrojo, para después arrojar lentamente desde su pecho el agua fría que cortejaba con sus manos, moviéndola tan lento como si se trataba del miembro del pelirrojo.

-Espero que el calor se haya evaporado con el placer de sentir el agua por tu cuerpo caliente- Benimaru lo miraba seductoramente, su cuello estaba ligeramente ladeado hacia uno de los costados, mostrando descaradamente unas pronunciadas marcas rojas hechas por el individuo que tenía frente a él.

Yagami rió malévolamente sujetando el mentón del rubio -Como una zorra que se siente atrapada en una esquina- secreteó a su oído, expulsando su aliento con una fuerza que estremecía al rubio al primer contacto.

- Que recurre a una táctica de desesperación para ocultar sus reacciones naturales- volvió a besar su cuello...

 -sus deseos momentáneos- agregó mordiéndolo a su voluntad, succionándolo para dejar nuevas marcas que lo hacían de su propiedad; aunque fuese por un momento, el rubio le pertenecía.

Benimaru detuvo sorpresivamente los placenteros besos que le daban -¿Por quien diablos me has tomado?- preguntó mofándose ligeramente de la actitud de Yagami.

Se acercó hacia su pecho de manera insinuante -¿Crees que soy como el estúpido de Kyo?-  murmuró mientras succionaba los residuos de agua mezclados con el sudor que habían quedado atrapados en los pezones erectos de Yagami, besándolos, mordiéndolos de la misma manera en que el pelirrojo lo había hecho en su delicado cuello.

-¿Qué puedes controlarme ante el más mínimo deseo que tengas en tu agobiada mente?- tomó al pelirrojo de la cintura, estrechándola con rudeza, esparciendo las pequeñas gotas de agua hacía dentro de su pantalón; tentando la exótica sensación al acariciar su firmes glúteos.

Benimaru estaba fríamente controlado, ocultando lo excitado que se encontraba, no podía demostrar que él también deseaba tener una aventura con  Iori Yagami, aquel loco que vivía dentro de una obsesión en torno a Kyo; sí, solo era eso;  una placentera experiencia que no estaba dispuesto a dejar pasar; como si se tratase de un trofeo más en su colección de romances.

Abrió lentamente la bragueta del pelirrojo, deshaciendo después los botones que encarcelaban su virilidad -¿Dónde te ha dejado Kyo?- preguntó el rubio mientras sacaba lentamente el miembro erecto de Yagami  -Qué has venido hasta mí- humillándote a que te deje hacerme lo que te plazca.

Yagami lo observaba incapaz de reaccionar ante los situados comentarios del rubio, su mente estaba atrapada en el placer que le daban sin misericordia alguna.

            -¿Tienes sed?- murmuró el rubio, mientras lamía lentamente la pelvis de Yagami, deteniéndose por un momento por su ombligo;

-¿Qué quieres que te ofrezca, lunático?- continuó por su bien formado abdomen, hasta llegar a sus pectorales, acariciándolos levemente con la punta de su lengua.

-Deja de fingir...-  Culminó en la boca del pelirrojo, que esperaba entre abierta lista para succionar la bien formada boca del rubio que ocultaba celosamente una traviesa lengua cargada de un placer desbordante, capaz de arrancar sus gemidos ahogados en la contención de no demostrar  lo placentero que era la sensación que le propinaban.

            -Aún no me has respondido- volvió a cuestionar

-Estas tan perdido en mi placer- agregó mientras succionaba su cálida lengua -¿Qué ha sucedido con Kyo?-

            Iori sintió aquella lengua explorando su boca con deleite, oprimiendo sus labios hasta perder el aliento. El rubio sabía perfectamente lo que hacía, intuía el momento exacto en el que apretarse contra su cuerpo, en el que imprimir ritmo a sus labios. Parecía calcula matemáticamente sus gemidos en periodicidad e intensidad para que cada uno de sus actos tuvieran la mayor carga erótica posible.

-¿Te ha dejado caliente y por eso has venido? –susurró Beni, justo en el momento e el que Iori comenzaba a entrar de lleno en el juego.

-¿Quieres follar o prefieres hablar sobre Kusanagi? –preguntó Iori.

Los larguísimos dedos de Nikaido se deslizaron en un hábil movimiento en la ropa interior del pelirrojo. Su mano comprimió el miembro con una experta caricia que consiguió que todos los nervios de Yagami reaccionaran con un espasmo. Sí... aquel muchacho sabía lo que se hacía, y Iori comenzaba a no poder responder de su excitación.

Pero entonces Benimaru retiró la mano y se alejó de su cuerpo reculando, con una sonrisa fina trazada en su hermoso rostro. Se dejó caer en el sillón y cruzó los brazos.

-Prefiero hablar sobre él, la verdad –sentenció.

Iori se giró como una cobra y se acercó hasta el rubio. Odiaba aquellos juegos que lo inflamaban, el tira y afloja de Benimaru. Apostaba por la fría indiferencia. Por la banalidad del coito... Y funcionaba. Pero Yagami decidió pagarle con la misma moneda.

Se dejó caer en el otro lado de sillón ante la asombrada mirada de Nikaido. Y sonriendo con crueldad, cruzó las piernas y se recostó sobre el respaldo.

-Bien. ¿Y qué quieres que te diga sobre él?

Benimaru se retorció incómodo en su asiento. Aquella actitud de Yagami lo había dejado completamente descolocado. Hasta ese día, todos sus amantes en aquella situación se habían abalanzado sobre él para intentar tomarle por la fuerza. Eso es lo que había esperado... Demonios... estaba demasiado excitado como para solazarse  el los preámbulos de hablar de Kyo. No quería pensar en él... sólo deseaba tomar a Yagami, sometiéndole a sus deseos.

Iori sonrió con malicia ante la evidente incomodidad del rubio.

Benimaru se echó hacia delante en el sillón, poniéndose a cuatro patas sobre los cojines. Se acercó al pelirrojo con la cadencia de un hermoso animal salvaje. Se detuvo cuando su rostro casi rozaba el de Yagami.

-¿Tan rápido has cambiado de idea, Nikaido? ¿Ya no quieres hablar de Kusanagi? ¿Prefieres follar?

Beni entrecerró los ojos hasta convertirlos en sendas ranuras del color del hielo. Luego entreabrió los labios y sacó aquella hábil y placentera lengua de puta. Lamió suavemente los labios de Iori, causándole unas excitante y perversas cosquillas.

-No. Deja que te cuente algo sobre Kyo... porque los dos estamos haciendo esto por él. Yo porque eres algo prohibido, algo suyo... y mi orgullo me impide aceptar que algo que le pertenezca a Kyo no pueda terminar siendo mío también. Tu haces esto para causarle daño, como venganza.  Quieres que sufra al ver esta doble traición, la tuya como amante y la mía como amigo. Pero tranquilo –susurró a su oído con su cálido aliento-. No me ofenderé si me llamas por su nombre en algún momento...  Y te aseguro que de mi boca Kyo no se va a enterar de una palabra sobre este asunto.

Iori rió fríamente. La postura a cuatro patas del rubio era absolutamente irresistible. Extendió una mano para acariciar aquel rostro perfecto. La crueldad de sus ojos era tan profunda que Benimaru se echó hacia atrás asustado, justo a tiempo de evitar que las llamas que surgieron de aquella mano calcinaran su bella cara.

Yagami no apagó sus llamas.

-¿Te gusta jugar con fuego, Yagami? Cuidado. A veces quema –susurró.

Nikaido juntó ambos dedos índices y los separó lentamente, formando entre ellos un arco de electricidad chispeante-. ¿Sabes? Hay quienes dicen que el fuego y la electricidad son excelentes compañeros del sexo. Por mi propia experiencia, te aseguro que puede llegar a ser bastante placentero. ¿Querrías probarlo, Yagami?

Iori dejó que se extinguieran las llamas púrpura entre sus dedos mientras la dirigía hacia el pecho del otro luchador. En un movimiento rápido y brusco aferró el brazo del rubio he hizo que su cuerpo cayera hacia delante.

En menos de lo que dura un suspiro, oprimió el envés de su mano derecha contra el cuello del rubio.

El grito de Benimaru casi le rompe los tímpanos. Sintió la suave piel del cuello lacerarse y combarse como papel de fumar, el olor dulzón y acre de la carne quemada. El sello de los Yagami que Iori llevaba en su dedo le grabó al fuego una quemadura indeleble.

-Ahora –murmuró el pelirrojo con cinismo-, me gustaría saber cómo vas a explicarle a Kyo el que tengas mi marca en el cuello. ¿Cómo vas a evitar que se de cuenta de que eres mío?

Benimaru tocó la marca que había sido pasmada en su cuello, sintiendo un nítido dolor que se pronunciaba con los latidos de su corazón;  por una extraña razón el sello impuesto por Yagami estaba vivo, clamando por que fuese vengado.

-Mierda contigo- gritó molesto manoteando contra su atacante -No solamente has osado lastimarme, si no que te has atrevido a marcarme como si fuera un animal-

El pelirrojo lanzó una carcajada siniestra tomando al rubio del cuello, lastimando esa pequeña marca que emergía notablemente -...y que si quiero que seas de mi propiedad también..- murmuraba mientras lo acercaba a su rostro -Que seas mi esclavo como el amigo que te coges a mis espaldas-

El rubio aprovechó la corta distancia -Me tiene sin cuidado tu maldita obsesión por él-  susurró mientras se impulsaba lentamente contra los labios de Yagami, mordisqueándolos incontrolablemente logrando que un dulce brote de sangre saliera de su boca; bebiéndola como si se tratase del más codiciado licor.

-Me vale un puto carajo quien te pertenece-  terminó de succionar hasta la última gota que salía de la herida del labio inferior de Yagami.

-O quien te controla como un títere

Benimaru, aún molesto por la marca que Yagami le había propinado colocó sus frágiles brazos alrededor del cuello del pelirrojo

 -Apuesto a que deseas quebrarme los huesos mientras me posees mal nacido. -Murmuró, colocando sus nalgas a un costado de la hombría de Yagami..

Su cuerpo delgado se acoplaba perfectamente a la distancia existente entre el abdomen de Yagami y su pene arqueado, rozándolo con alevosía, moviendo deliberadamente sus caderas, fingiendo una penetración;

Sus contoneos descontrolaban a Iori, quien por momentos deseaba atraerlo hacia él para poder tenerlo a su merced, para enterrarse dentro de aquella entrada que hasta el momento no había podido admirar.

 Fuera de control, lanzó un ahogante gemido lleno de placer; enterró su rostro en el pecho del rubio, escondiendo la debilidad pasajera que agobiaba los nervios de su cuerpo.

Finalmente Benimaru vio la oportunidad de vengar la terrible marca que Yagami le propinó por sorpresa; su plan había salido a la perfección; Yagami estaba a su merced, era lo único que necesitaba para pagarle con la misma moneda, tan solo unos segundos.

-Te gusta la sensación maldito bastardo- tomó los testículos de su victima y los acarició con una de sus manos...

-Haré que te vengas -

Con su otra mano; tomó la cabeza de Yagami, recostándola lentamente hacia atrás,

-Que te humilles- acariciando sus rojos cabellos, enredándolos entre sus dedos.

-¿Puedes sobrevivir sin Kyo?...- preguntó mientras se adentraba en la mirada del pelirrojo -Padecer de la soledad..-

Iori cerró los ojos y exhaló profundamente, como si estuviese meditando la cuestión hecha -Soledad... -murmuró con amargura

“Te tengo  En un instante Benimaru creó una descarga sobre sus manos, dando un terrible shock lleno de placer a la parte más sensitiva de Yagami, logrando que en un movimiento innato se impulsara contra el rubio.

-Tu también me perteneces- repentinamente Yagami sintió una dolorosa sensación que recorría su columna vertebral; un shock que lo mantuvo inmovilizado por unos segundos;  El rubio se puso de pie, mordiéndose los labios, conteniendo el placer que parecía estar al límite de la cordura.

Yagami lo miraba, jadeando en placer -¿Qué hiciste perra?-

El rubio le brindo una inocente sonrisa, mientras se acercaba a su rostro.

 -Debes cuidarte de que Kyo no te descubra esa marca que tienes en toda tu espalda...

-  lo besó nuevamente lamiendo traviesamente sus labios,

 -...o estarás condenado a la soledad-

Yagami tomó sorpresivamente ambas manos del rubio, postrándolas detrás de su cuello -Tu juego es demasiado peligroso- su mirada se clavaba como una flecha en los ojos de Benimaru.

-Pero ahora dime tu... ¿Que sentiste al beber la sangre de un maldito condenado por Orochi?- preguntó tajantemente.

-¿Qué quieres decir?- Benimaru lo miraba desconcertado la pequeña herida en uno de sus labios, una marca que parecía estar orgullosa de existir...

Yagami se puso de pie, tomando a su merced el cuerpo del rubio, como si lo estuviese amenazando de muerte “Has bebido de mi sangre maldita...”

Los ojos de Benimaru se engrandecieron en un completo shock.

            -Veamos que serás capaz de hacer cuando te vuelva loco y te tenga a mi merced pidiéndome que te destroce una y otra vez....

Con una fuerza increíble, Iori estampó a Nikaido contra la pared más cercana. Le acorraló con sus brazos mientras mordía su cuello. Deseaba someterlo por sobre todas las cosas. Yagami lo estaba pasando en grande, consiguiendo de aquel muchacho lo que nunca encontraría en Kyo: Dignidad.

Era tan fácil someter a Kyo, hacerle caer de rodillas a cada palabra... Pero aquel rubio era un caso a parte. Podría parecer una bella muchachita inexperta y débil, pero su mirada… aquel fuego de odio, placer y diversión era, junto con su aire sumiso, lo que le excitaba de aquella manera. Un lobo con piel de cordero… y pensaba amaestrar a aquel lobo, hasta que fuera como un perro.

En un movimiento deliberado, introdujo su rodilla entre las piernas de Rubio.

Podía sentir su erección presionando contra su muslo. Iori sonrió al notar como el cuerpo de Benimaru comenzaba a moverse imperceptiblemente contra su pierna. Muy levemente, pero aún con todo, al pelirrojo le encantaba aquel pequeño descontrol por parte de su amante…

Ambos se sentían atrapados; por momentos deseaban perder esa batalla que sostenían para dar rienda suelta al placer que explotaría de un momento a otro; pero Benimaru no quería ser el eslabón débil;

El rubio jadeaba; tan femeninamente... tan profundo, logrando encontrar una debilidad en Yagami; que lo besaba desenfrenadamente al escuchar esa exótica voz que parecía morir en sus brazos, estrujándolo como una fiera a lo largo de su bien formado talle, acariciándolo una y otra vez, como si le quisiera quitar su delicada piel.

-Oh.. Yagami... -Benimaru tomó el cabello del pelirrojo -¿Es este el placer que le das a Kyo cada vez que…-

Yagami cerró los labios del rubio; quien por un impulso aferró sus piernas a la espalda de su amante, moviéndose rítmicamente hacía su ser; chocando sus duros glúteos tentando el pene de Yagami al chocarlo intencionalmente con sus movimientos.

-La mejor jodida que puedes dar...-

Los gritos de Yagami se transformaban en gemidos..

–Benimaru- gritó eufórico;

-ahh...-el rubio gemía nuevamente mientras disfrutaba la pasión a la que Yagami era sometido; como si hubiese tomado control de su mente; como si Kyo no existiera en ese momento, pero lo menos que quería hacer era pensar en su mejor amigo; tan solo en Yagami, disfrutar al mejor amante que jamás pudo haber tenido.

Iori se encontraba extasiado escuchando los gemidos del rubio. Le encantaba el tacto de sus piernas al rodearle, el olor a limpio de sus cabellos. Pero quería más… necesitaba más de aquel muchacho andrógino.

Presionó al otro con más fuerza contra la pared, deteniendo sus envites. Benimaru se deshizo en un quejido  de súplica por que siguiera.  Iori llevó ambas manos a sus hombros, besando su boca

Con pasión.

Luego presionó hacia abajo, guiando al rubio hacia el lugar donde deseaba que estara.

-Yo no soy Kyo...- Yagami se detuvo por un momento, desconcertado de la pretensión del rubio...

Le tomó del cuello con ambas manos, estrujándolo como si deseara terminar con su vida

-Suéltame- ordenó sutilmente.

-Ya te dejé ir demasiado lejos...- Yagami le miraba, en incontrolable jadeo.

Sumiso en un silenció, tomó al rubio lentamente con una mano contra la pared, haciendo oídos sordos a las tonterías que el rubio decía; sabía perfectamente que él también lo deseaba, y que todo se trataba de una de sus estúpidas "estrategias" de detener el momento, para enloquecerlo o bien para llamar la atención.

-Ya basta de juegos, Nikaido -susurró a su oído-. Ahora te vas a arrodillar y vas a chupar lo que yo te diga que chupes.

La risa de cascabeles de Benimaru se escuchó como una música. El rubio alzó una mano y apartándola del pelirrojo, de su cuello. Luego Agachó la cabeza lo suficiente como para lamer uno de los pezones de Yagami como un gatito.

-¿Y si soy yo el que te pide que te arrodilles y me la comas? -preguntó, haciendo danzar sus largos dedos por la hombría de Iori.

Aquel contacto demasiado leve hizo desesperar al pelirrojo que se limitó a gemir entrecortadamente.

-¿Quieres más, Yagami? -Dijo el rubio-. Pues gánatelo.

Yagami lo miraba; sus labios acumulaban una pequeña cantidad de saliva que parecía hacerse más viscosa al imaginar tener el hermoso pene de Benimaru en su boca. Tan bien formado y masculino; sin duda alguna todos los rumores que lo engalanaban eran cierto, aunque fuesen exagerados.. aunque no lo quisiera admitir... El amante que tenía en sus brazos, era casi perfecto.

Benimaru sonreía cínicamente, mientras se acercaba al oído del pelirrojo -solo si me haces venir- murmuró a su oído mientras lo mordisqueaba entre gemidos. -Te dejaré...-

- Por ahora disfruta solo una muestra de lo que soy capaz de hacer- sin pudor alguno el rubio se agacho quedando frente al pene de Yagami; mirándolo como si fuese el fruto prohibido más codiciado sobre la tierra.

Levantó sus brazos, tocando los fuertes pezones de Yagami, acariciándolos levemente con las yemas de sus delicados dedos; tentándolos con las afiladas garras que parecían de porcelana fina. -Quiero que gimas imbecil-.

Yagami cerró sus ojos y sin darse cuenta obedeció a la orden del rubio

-Te lo has ganado- Sus manos bajaron bruscamente, logrando rasgar su caminó hacia el abdomen del pelirrojo;

Su boca cubrió el miembro erecto de Yagami, dando una prolongada succión, acariciándolo con su cálida lengua desde el nacimiento hacia la punta, sintiendo como los tejidos se movían a merced de sus labios.

-mmm... Así me gusta pelirrojo de puta-, murmuró lanzándolo sobre el suelo; logrando que Yagami se golpeara un poco la espalda

-Hahah- rió sorprendido -Eres toda una puta ficha- .Sorpresivamente le dio una leve patada al rubio en una pierna, logrando que cayera sobre el suelo.

El rubio lejos de molestarse, vio una perfecta oportunidad de tener otro altercado con Yagami. Acercándose a él como si fuera un perro amaestrado

-Esta es la única vez que me verás como tu mascota....-  su rostro había perdido esa inocente sonrisa;  demostrando por primera vez ante Yagami, una seriedad que parecía ajena a su personalidad.

Se sentó en las rodillas del pelirrojo, tomando el miembro entre sus manos -Es increíble que aun no te vengas- susurró como si le estuviese hablando al "pequeño" amigo propiedad de Yagami.

-Lo mismo digo de ti...- la voz de Yagami se percibía más ronca que nunca,  exhausta, ansiosa de desperdiciar los últimos gritos entre el eco del placer.

Benimaru se le acercó, besándolo por primera vez de una forma diferente, no más sarcasmo, no más provocaciones; tan solo un beso, que incitaba a la locura conforme el roce de sus cálidas lenguas.

-....Te daré lo que quieres- murmuró mientras le daba la espalda.

-Te apuesto que esta no la has hecho con Kyo- comentó seguro, un segundo antes de introducirse nuevamente el pene de Yagami en su cálida boca; emitiendo cortos pero pronunciados ruidos en cada succión.

Yagami dio un terrible gemido; lo estaba gozando y Benimaru estaba conciente de ese punto.

El pelirrojo admiró las caderas que se contoneaban frente a su rostro; tomándolas para dar un placer mutuo al que el rubio le daba, estrechando los glúteos del rubio entre sus manos, mientras las movía acorde a sus succiones

Yagami sentía la hábil lengua del rubio como mantequilla derretida. No podía procurar darle lo mismo al otro muchacho. Hacía rato que olvidó la lucha por la supremacía en aquella batalla...

Estaba rozando el cielo con los dedos, sintiendo los movimientos rítmicos Benimaru contra su boca, saboreando el delicioso ahogo de aquel miembro entrando demasiado dentro.

Nikaido acariciaba con mil mariposas los testículos del pelirrojo.  Pero no, él no había olvidado aquella lucha. Tenía muy claro quién seguía arriba y quien iba a continuar abajo...

Combinando a la perfección sus movimientos, fue acariciando levemente la entrada de Yagami. Sabía que él apenas se daría cuenta en aquel estado de excitación, lentamente, fue presionando cada vez con más fuerza, notando como los músculos de aquella entrada cedían paso lentamente. Sabía perfectamente como penetrar a un virgen sin que sintiera dolor.

Un movimiento brisco de su mano y dos dedos se alojaron en el interior de Iori. Pero era más entretenido que lo sintieran. No hubo grito, tan sólo un gemido constreñido. Benimaru sintió la boca de Iori cerrarse con fuera sobre su miembro, los dientes clavándole, el dolor lacerante... En aquel momento de lascivia, encontró aquel dolor realmente excitante.

No se molestó en dar explicaciones al pelirrojo...tan solo volvió a su labor de lamer su miembro y, ahora, mover aquellos dedos aprisionados.

Iori, invadido por aquella nueva sensación, dejó de atender a la hombría de Nikaido. Sólo se veía con fuerzas para gemir y gritar.

-¡Oh, Dios! mmmhhhh... sígue, zorra...

-Te está encantando, ¿verdad? -susurró el rubio-.

-Ahhhhh... mmmhhh.... Sigue... oh, Kyo... más.... 

Benimaru se apartó del pelirrojo como si su piel le quemara.

-¿Qué has dicho?-

Yagami aun permanecía con la boca abierta, encadenado al espasmo de placer que abordó su cuerpo ante las excitantes maniobras de Benimaru.

Respiraba agitado, aun sin fuerzas de poder hablar coherentemente

 -... kyo...-

-... Benimaru....- pronunció finalmente, como si estuviese decepcionado de encontrarlo a él en lugar de Kyo.

-Eso...- murmuraba el rubio molesto

-El mismo que llamaste zorra unos instantes antes de clamar por Kyo.-

-El mismo que clamaste cuando se aferró a ti....- Se acercó nuevamente al pelirrojo volteándolo boca abajo dócilmente,  acariciando sus tobillos, recorriendo el largo  de sus piernas hasta llegar a sus glúteos; separándolo para admirar la entrada que segundos antes profanaba.

-Tu primera vez....- murmuró con satisfacción -Te daré la mejor de mis técnicas-... Levantó un poco las piernas del pelirrojo, buscando la oportunidad de tener acceso a los testículos; 

Los abarcó con su ardiente boca, empapándolos de su viscosa saliva, succionándolos lentamente, intentado descontrolar los nervios de Yagami que estaban a punto de colapsarse.

Sus manos se entretenían entre los firmes glúteos de Yagami; los estrechaba descargando la humillación de que le llamarán Kyo, después de todo, aunque el mismo aceptó que no le molestara, la realidad era otra.

Como si fuese un movimiento innato, las manos del rubio separaron las nalgas de Yagami, descubriendo la estrecha, que invitaba seductoramente a ser profanada. -Siempre supe que me deseabas-

Su lengua partió desde los testículos que yacían duros, empapados por la calidez de Benimaru; llegando hasta la entrada, "hhmm.." jadeo el rubio, conciente de provocar una reacción en Yagami.

Iori sintió como la lengua del rubio recorría su entrepierna, deslizándose hasta la entrada. Respiró profundamente, intentando escapar del letargo del orgasmo. Aquellas caricias estaban enervándole profundamente. ¿Cómo se atrevía Nikaido a tratarle de un modo tan humillante?

Cuando la boca alcanzó su entrada, Iori pudo escuchar el gemido quedo del rubio. Podía notar en sus ansiosos movimientos, que Benimaru deseaba alcanzar con prontitud lo que él ya tenía.

Apartó de su mente los escalofríos de placer que el rubio estaba consiguiendo que volvieran a recorrer su cuerpo. Ahora... ahora era su turno de aprovechar a aquella belleza exótica.

Con una mano comenzó a acariciar los suaves cabellos del rubio.

Benimaru tomó aquel gesto como un incentivo para seguir y comenzó a morder suavemente aquella prieta estrella.

 

Sin embargo, Iori propinó un fuerte tirón, echando para atrás la cabeza del rubio. Nikaido le contemplaba con sorpresa y lujuria, buscando en su mirada una explicación para aquella molesta interrupción

Iori le hizo recostarse contra la pared, mirándole con una sonrisa aviesa. Recorrió los labios de rubio con un dedo.

Benimaru no pudo contener el impulso de lamerlo, sin dejar de mirar al pelirrojo.

-¿Quieres venirte, Nikaido? -susurró con el tono más profundo de su voz

-Deja que te ayude. -Yagami deslizó una mano desde el hombro del rubio hasta su mano. Comenzó a jugar con los dedos del muchacho, acariciándolos, recorriéndolos con los suyos propios. Luego le asió con suavidad de la muñeca, y obligó al rubio a poner aquella mano sobre su propio miembro.

Sujetándola desde encima, Iori comenzó a guiar al rubio, con movimientos lentos y pausados, que pronto el otro fue intensificando.  Benimaru gemía sonoramente, mientras su propia mano guiada por Yagami le masturbaba. No podía dejar de mirar a los ojos del pelirrojo, a su boca, a su cuerpo.

Imprimía su propio ritmo, cada vez más rápido, más fuerte, más duro...

Apenas se percató del momento en el que Iori dejaba de tocarle y se apartaba para contemplar el espectáculo.

Benimaru se retorcía como un gato, excitado hasta casi el climax, absolutamente eclipsado por la pasión. Dándose a si mismo lo que tanto deseaba...

-Oh, dios, Nikaido... me estás poniendo muy caliente -susurró el pelirrojo, sin poder evitar mover su mano sobre su propio miembro-. Me excita mirarte así, me encanta... mmmhhh

Iori se puso de rodillas entre las piernas del rubio. Sin dejar de acariciarse, con una mano, con la otra comenzó a explorar el perineo del rubio.

Benimaru, ante aquel contacto, arqueó la espalda con un profundo gemido

no podía apartar la vista de las manos de Yagami, una sobre su pene, la otra comenzando a perderse entre sus profundidades.

Estoy deseando poseerte -gimió Yagami, sin dejar de cernirse sobre el otro muchacho. Benimaru intentó calmar el ritmo de su propia mano, o aquellas caricias unidas a las palabras del pelirrojo, harían de tuviera un orgasmo en segundos.

-Sólo tienes que decírmelo, Nikaido... Sólo dime que lo deseas.

       -Quiero que me cogas......Pero...ahhh...- continuaba mientras mordía nuevamente sus propios labios. -Déjame tenerte....- agregó entre caricias..

-Que seas mío por una vez...-

Yagami introdujo el pene en su boca, introduciendo a la par sus dedos dentro del rubio, percibiendo su interior, gozando de esa calidez que de un momento a otro sería totalmente de él.

-Nywaaaa..: - Las manos de Benimaru se refugiaban en los rojos cabellos de Yagami, sus caderas chocaban contra el rostro de quién le producía tan desquiciadle placer.

Yagami levantó la mirada, levantándose lentamente, quedando frente a Benimaru -¿Quieres que te coja?-

 

-.....- El rubio permanecía en silencio, contendiendo su debilidad, más sus mejillas rojas y su respiración tan agitada lo delataban; no era necesario que respondiese algo tan obvio.

-Ruega...- la voz de Yagami era fría, evitando demostrar emoción alguna, en espera de ser reconocido como el dominante de esa  relación.

"Siempre tan frio..." pensó el Rubio

Yagami atrajo a Benimaru, jugando con sus caderas...

-Implora por ello- su pene erecto chocaba ocasionalmente con la línea de los bien formados glúteos del rubio.

Benimaru le miró directamente, sonriendo a unos cuantos milímetros de él -No me importaría ser tu esclavo..- murmuraba como si suplicara por ser profanado.

-Aunque sea por un momento...-

Yagami abrió los glúteos del rubio, guiándolo lentamente sobre su pene erecto; quedando a unos escasos centímetros. Tras una pausa calmada que desesperó a Nikaido, Iori apolló su miembro contra la entrada del rubio.

No, un "no me importaría ser tu esclavo" no era lo que buscaba de Benimaru

Con toda su fuerza de voluntad, Iori se obligó a no empujar contra las nalgas del rubio. Se quedó ahí quieto, esperando, retándolo a que él mismo se clavara sobre el miembro erecto que tenía prácticamente a su merced.

Benimaru desesperaba de necesidad... Sabía que estaba a punto de llegar al orgasmo, y aquel pelirrojo aún seguía con sus juegos. Su miembro caliente presionaba de manera insinuante.

No pudo controlar  su cuerpo. Necesitaba aquello, necesita a Yagami en su interior. Sin dejar de acariciarse, irguió de golpe sus caderas, tensó sus músculos y se impulsó contra la hombría de Yagami.

-Aaaahhhhh.. mmmmhhh!!!!!!- Aquella sensación de placer y dolor fue magnífica para ambos.

Iori sentía como Benimaru se desesperaba por ampliar aquel contacto, por hacerlo más intenso, más rápido, más profundo.

El miembro de Yagami estaba totalmente dentro de Benimaru, quien permanecía inmóvil, disfrutando de la sensación de tener la hombría del pelirrojo dentro de el.

Ambos en silencio, observándose el uno al otro; Yagami aun en shock por el impulso del rubio...

Benimaru disfrutando del placer que había propiciado; sus ojos entrecerrados, su hermosa boca entre abierta, respirando lentamente;  pasando por desapercibido  que las manos de Yagami se dirigían lentamente hacia él.

-Ahh..- gimió mientras cerraba sus ojos en su totalidad, al sentir unas fuertes manos postrarse sobre sus glúteos. Ninguno de los dos decía algo; limitándose a continuar el ritual del que eran participes. Yagami las acariciaba, estrechándolas delicadamente impulsándolo; propiciando  que su miembro entrara y saliera lentamente del cuerpo de Benimaru.

-Desss..pacio..- murmuró el rubio -Quiero sentirte-

        “sentirme...” como si ese término tuviera algún significado en especial para el; lo beso en el cuello, lamiendo esa marca que lo hacía de su propiedad.

Sus manos seguían impulsando las nalgas de Benimaru,  ayudando a que la penetración fuera tal y como el rubio la exigió en un principio, simplemente desgarrador.

-Nywaa.- Benimaru gritaba, atormentado por el delirio de tan hermoso placer...

-Continua...- rogaba aferrándose al cuello del pelirrojo, besándolo nuevamente, mordiéndolo con tan delicada sutileza muy propia de él.

-Mas fuerte...- su voz se agudizaba hasta quedar en el silencio total.

“desgarrame...”  Su mente parecía perder el control; como si algo extraño estuviese tomando su voluntad; sus afiladas uñas partían siniestramente la espalda de Yagami, rasgando la herida situada a lo largo de su columna vertebral; pronunciando las marcas en él.

-Arghhh...- gimió Yagami al sentir el contraste del placer y el dolor en su cuerpo.

-Puta...- jadeaba incrementando el ritmo de penetración.

-Me enloqueces.....- sus manos gozaban de tan bien formados trasero que tenía a su total disposición, tomándolo a su voluntad y deseos, estrechándolo sin pudor como si quisiese arrancarlos de su dueño.

-Déjate llevar por el placer que te doy...- murmuró Yagami sin dejar de admirar su hermosos rostro.

La mirada de Benimaru perdió finalmente la picardía que lo caracterizaba, tornándose siniestra, sus ojos azules parecían dos pedazos de hielo, como si estuviesen congelados en la frialdad de la mirada acosadora Yagami.

-Yagami.... –

 

 

 Continuará......