PASIONES
Fanfic por Cristal
Capítulo 3: INDOMABLE
"Lo único que nunca podrás
dominar será mi corazón, el resto será tuyo mientras
así lo desees o lo ordenes.
En tu caso ambas cosas son lo
mismo"
Cristal
Yagami continúo besando a
Benimaru, ante la mirada del Kusanagi, quién
finalmente optó por irse, ya no
podía soportar aquel espectáculo.
Cuando finalmente Iori soltó al
rubio sonrió con maldad al ver el sitio vacío.
Benimaru miró en la misma dirección
y entonces comprendió cuál había sido la
idea del pelirrojo.
Entonces el también intentó
irse, intentó, porque una fuerte mano lo tomó de la
muñeca y lo jaló pagándolo al
frente del cuerpo del luchador.
-Dónde crees que vas?-
-Ya conseguiste lo que querías,
lo humillaste a Kyo, a mí. Conseguiste que el se
fuera, ya no me necesitas-
-Tu te quedarás aquí, de hecho
tu harás lo que yo te diga!-
-En serio? Por qué lo haría?-
Preguntó con una sonrisa traviesa, quería
provocarlo, enfurecerlo... o quizá
solo quería venganza... o quizá demostrarle
que no podría dominarlo de
ninguna forma por mucho que lo intentara.
-Simple, porque me perteneces,
eres mío estás marcado, querido- Comentó
recordandole con saña que le
pertenecía.
-No soy tu mascota Yagami, no soy
un animal al que le pones un collar y lo
dominas-
-Quieres jugar a amos y mascotas?
No tengo ningún problema-
Entonces lo jaló de allí, obligándolo
a caminar hacia el estacionamiento donde
tenía su auto.
Al notar la resistencia de
Benimaru a subir, lo giró violentamente.
-O subes o como la última vez, te
llevo inconsiente. Tú eliges-
Tan digna y orgullosamente como
pudo el rubio optó por subir al auto, mientras
Iori no podía dejar de pensar en
lo divertido que podía llegar a ser domar a
este salvaje minino.
Una vez dentro de la casa Iori lo
arrastró al dormitorio y una vez allí lo tiró
sobre la cama, sin demasiada
ceremonia, después lo miró y cuando habló su voz
fue fría.
-Ahora tienes dos opciones, rubio,
te comportas o descubriras tu lado
masoquista-
-No voy a permitirte dominarme
Yagami!-
Aún en aquella posición el sabría
resistirse, el sabría mantener la cabeza en
alto, su orgullo seguiría
intacto.
Al escuchar esas palabras Iori
sonrió malvado, era exactamente lo que quería
escuchar, iba a divertirse esa
noche.
Corrió hacia Benimaru quien esta
vez logró conectarle una descarga que lo envió
por el aire directo al suelo.
Ahora estaba furioso, por haverse
visto sorprendido y exitósamente derribado.
Mientras continuaba en el suelo el
otro intentó huir, pero lo derribó con una
patada lo suficientemente fuerte
en la pierna, una vez que lo tenía tumbado en
el suelo le ató las manos a la
espalda con la cinta que utiliza para atar sus
piernas.
-No debiste haber hecho eso,
mascota- Y esas palabras fueron dichas venenosa y
friamente.
Lo obligó a levantarse y lo
condujo de regreso a la cama donde lo arrojo, allí
ató sus pies con una soga que tenía
en la mesa de luz y lo dejó allí mientras se
dirigía a una cajonera.
Cuando se dió la vuelta traía en
sus manos un largo látigo de color negro y un
collar de perro.
Ató el collar al cuello de
Benimaru luego de comprobar que continuaba utilizando
la cinta que él le había
colocado el día anterior.
-Ahora eres mi gato-
Benimaru se decidió a negarle el
placer de verlo humillarse, las lágrimas
podrían deslizarse por su rostro
pero el no le daría la satisfacción de rogarle
nada.
Lentamente Iori aseguró la correa
del collar a su muñeca y le liberó las manos y
las piernas.
Al mismo tiempo comenzó a
quitarle la ropa. Benimaru se dejó hacer como si fuese
un muñeco.
En un instante sintió el collar
ajustarse como si el pelirrojo pretendiera
ahogarlo, abrió mucho los ojos y
lo miró.
-Mantén los ojos abiertos,
mascota-
-No se a quien le estas hablando-
*Demonios!* Penso el Yagami, era
la primera vez que alguien se resistía de esa
manera y el sospechaba que ni
siquiera el Kusanagi tendría tanto aguante, de
hecho suponía que ha estas
alturas estaría rogando o en su lugar llorando
descontrolado preguntando por qué.
Se alejó unos pasos para
contemplar el magnífico cuerpo de su compañero, que
ahora solo utilizaba la cinta
negra (puesto que no se la había quitado), el
collar, y una sonrisa orgullosa.
-Ven aquí-
Al final acabó jalándolo del
collar, lo que produjo que se fuera derechito al
suelo, a escasos cms del
pelirrojo.
-Qué estas esperándo? Tú sabes
que hacer-
Benimaru se paró, aún cuando era
varios centímetros más bajo que el pelirrojo
seguía dispuesto a hacerle
frente.
-Te divertirás tanto conmigo como
con una muñeca de plástico y la verdad... si
así es como tratas a todos tus
amantes comprendo que siempre estes solo-
Al escuchar esas palabras, el reto
en ellas, golpeó con fuerza la mejilla de
Benimaru dejándosela colorada.
Unas lágrimas se deslizaron por su rostro ahora
caliente, pero se negó a dejar
escapar sonido alguno.
-Alguien tendrá que enseñarte a
obedecer!-
-Pues no serás tú-
Iori lo golpeó del otro lado.
Luego tomándolo de la nuca lo besó
salvajemente. Al final llevó las manos del
rubio hacia su ropa.
-Si no quieres saber lo que se
siente un látigo lacerando tu piel, hazlo-
-Pídemelo-
Benimaru sintió que lo arrojaban
al suelo y una vez allí pudo sentir el
restallar del látigo, aunque por
suerte logró pararlo enrollandolo en su
antebrazo.
-Yo no soy tan fácil como los
idiotas con los que te has acostado-
-Lo mismo para tí-
Finalmente Iori dejó el látigo y
se acomodó encima del rubio. Al notar que este
iba a darle otra descarga tomó la
mano que había marcado por la muñeca con una
mano y con en la otra encendió su
fuego... -Quieres de nuevo este dolor?-
Benimaru apagó su descarga, y
cerró los ojos, acababa de mostrarle al Yagami una
de las únicas cosas con las que
podía herirlo.
-Ahora pórtate como buen chico y
has tu trabajo- Dijo lentamente con una sonrisa
-Quizá hasta te de un premio-
-Te suicidaras?-
-No, pero quizá no vaya a buscar
a Kyo y lo asesine delante tuyo-
Aquello tocó otra veta de terror
y esta vez no opuso ningún reparo en quitarle
lentamente la ropa al pelirrojo,
lamiendo cada zona de piel que iba
descubriéndo.
Iori gimió bajo...
-Te preocupa él no es cierto? Qué
encantador...-
Benimaru tembló entre sus brazos,
puesto que Iori lo abrazaba acercándolo a él,
sosteniéndolo en una extraña
posición entre sentado y acostado.
El Yagami dejó al rubio darle
placer con su lengua hasta que se cansó y quería
avanzar, quería volver a marcarlo
como suyo... quería... quería estar dentro de
él.
Benimaru lo supo en cuanto sintió
aquellos dedos deslizarse por su columna.
Sabía bien que no podía negarse
y lo que había sucedido una vez, volvería a
suceder y lo que más lo lastimaba
es que nuevamente lo disfrutaria.
Pecadoramente.
Al poco rato se había convertido
en una estatua viviente. Moviéndose a un mismo
ritmo, respirando el mismo aire,
besándose, atrapados en un remolido de algo
parecido a la pasión, algo que
quemaba desde el interior y sensibilizaba todos
sus nervios a cualquier toque del
otro.
Pero todo acabó. Dejando a Iori
con la satisfacción de volver a haber hecho suyo
al rubio y a Benimaru con el dolor
de saber que otra vez había cedido y
disfrutado y a ambos con la
seguridad de que aquello se volvería a repetir.
Continúa capítulo 4
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