PASIONES...
Fanfic por Cristal.
 
Introducción: Deseo
 
ESTE CAPÍTULO ESTÁ DEDICADO COMPLETAMENTE A BENIGIRL Y JAI FARFY, LAS CUALES ME
INSPIRARON CON SUS FICS, ESPECIALMENTE JAI, CON SU FIC DE SADO...
 
"Domina nuestras vidas y nos convierte en sus esclavos/ prisión en la que todos
caen/ primo hermano de la locura/ ciega nuestros ojos/ la maldición que
camina..." Cristal
 
 
Caminaba silenciosamente deslizandose por la callejuela oscura, esa noche no
deseaba absolutamente nada, solo eso, caminar sin rumbo, sin destino.
Mientras se deslizaba perdido en sus pensamientos una figura surgió detrás suyo,
un ser que le conocía...
Se había salido de las reglas del juego, de su propio juego, el no era la clase
de personas meláncolicas, o no el era divertido, osado, atrevido.
Escuchó los pasos y se dió la vuelta. Casi a tres pasos suyos parado con
arrogancia y autoseguridad extremas, el salvaje pelirrojo, Iori Yagami.
-Qué desea Yagami-san? Kyo no está conmigo hoy, si lo está buscando-
-Acaso tu amante te ha abandonado?. O es que mantienen una moderna relación de
mutua libertad?- Preguntó con una cruel sonrisa en sus fríos labios, dandole a
entender que conocía la relación que los unía más allá de las apariencias.
-Es que acaso a usted le incumba?- Devolvió con una sonrisa seductora.
El Yagami encendió sus llamas dispuesto a castigar al rubio por el atrevimiento
de contestarle con esa arrogancia. Por el atrevimiento de ser el amante de su
enemigo, de darle la calidez y el amor que siempre le fueron negados a él mismo.
-Acaso desea pelear conmigo?- Benimaru activó su electricidad, y podía verse la
corriente chisporrotear alegremente en su mano.
Iori sonrió sin atacarle, caminó un paso hacia el.
Benimaru se negó a retroceder, se quedó allí mirando desafiante al peleador.
Yagami no estaba acostumbrado a esa falta de reacción en un oponente, pero era
obvio que este no era el Kusanagi.
-Dime, chico fácil, dónde está Kusanagi?-
-Por qué te lo diría a tí, pelirrojo lunático?-
-Veo que hemos abandonado el "usted"-
-Le molesta?-
-Al contrario- Afirmó con una sonrisa perversa.
Extingió sus llamas y acortó las distancias entre ellos. Quedó a unos pasos nada
más.
Por su lado Benimaru extingió su propia electricidad.
-Cuando acabe contigo me dirás lo que sea que quiera saber, y me darás lo que
sea que te pida-
-En serio? Y que haras para obligarme?-
Yagami sonrió ante el reto del rubio, demasiado burdo, demasiado vanal.
Este era un juego habitual para el rubio de ojos celestes, después de todo el
tenía más experiencia en estos juegos de lo que nadie sospechaba.
Iori lo tomó entre sus brazos y lo besó violentamente, apasionadamente mordiéndo
sus labios, haciéndoselos sangrar.
Benimaru sabía que cada acción que el pelirrojo realizara a partir de ese
momento sería para demostrarle poder, y el no se lo permitiría de ninguna
manera.
En lugar de quejarse por la violencia respondió uniéndose al beso, devolviendo
aquellos dolorosos movimientos, la presión y las mordidas sin sentido en sus
delicados labios.
-Acaso te gusta que te maltraten rubio?-
-Pues tu tampoco parecías estar quejándote- Susurró venenosa y encantadoramente
el rubio.
Yagami se enojó y le dió un fuerte golpe en la boca del estómago ocasionándole
un intenso dolor, que practicamente parecía que iba a desmayarlo.
Doblado de dolor, escupió un poco de sangre y luego se levantó para mirar
desafiante al pelirrojo más allá del dolor, que ambos sabían que sentía.
Para Iori aquello era una novedad, si bien Kyo solía ser arrogante, no era tan
desafiante, tan irreflexivo.
Kusanagi era definitivamente, más dócil que esta criatura, también era mucho
menos interesante.
En un instante el pelirrojo decidió que lo deseaba, que deseaba ser su dueño y
poseerlo como si fuese una obra de arte cualquiera, un objeto que uno puede usar
hasta cansarse y luego arrojar sin explicación alguna a la basura.
-Bah, tu no vales nada, solo quiero saber dónde está el Kusanagi, si no vas a
decirmelo tengo otras formas de averiguarlo... espero que hayas aprendido tu
lección- Comentó con desprecio al verlo todavía con rastros de dolor en el
rostro..
Se dió la vuelta dispuesto a marcharse, decidido a atacar de otra manera, cuando
el tenía un objetivo lo perseguía sin agotamiento, y su nuevo objetivo era
convertir al amigo de Kyo en algo de su exclusiva propiedad.
El hecho de que antes le hubiera pertenecido, que aún le perteneciera quizá, al
Kusanagi lo hacía todo más interesante.
 
 
Había dado dos pasos cuando sintió la descarga y llegó a correrse no sin que una
pequeña parte le hiriera el brazo.
Se dió la vuelta y vió a Benimaru con una expresión retadora en el rostro.
-Qué ocurre Yagami? Acaso pensaste que ese pequeño ataque me había debilitado
tanto que no podría responderte-
-No juegues con fuego rubio!- Le advirtió, pero el ya había decidido que tendría
que domarlo.
-Tu no juegues conmigo-
Molesto el pelirrojo se movió a gran velocidad y golpeó reiteradamente al rubio
una vez tras otra, hasta desmayarlo de puro dolor.
 
 
 
Aquello era indudablemente una habitación.
Estaba la cama, con barrotes de metal, enorme. Y estaba el mismo sobre ella,
completamente vestido, con las muñecas y los tobillos atados a la cama.
trató de soltarse pero era imposible, sencillamente imposible, sus muñecas
estaban esposadas y sus tobillos atados con sogas.
Escuchó que la puerta se abría deslizándose suavemente.
-Bienvenido, Rubio-
-Yagami!!!- Estaba sorprendido, pero más aún estaba asustado, nunca había visto
el esa mirada de lujuria tan desnuda en el pelirrojo.
Este estaba estudiando detalladamente su cuerpo.
Caminó lentamente hacia él y luego montó sobre la cama ubicándose sobre la
cadera del rubio, sentándose cómodamente sobre él, sin cuidarse si lo lastimaba
o no.
Benimaru abrió mucho los ojos no podía entender nada de lo que estaba
sucediendo.
-Qué preténdes Yagami- Exigió saber.
-Qué parece?. Quiero divertirme contigo!-
En una circunstancia normal el habría sonreído, pero no hoy, no en esta
situación.
NO era que el no hubiera jugado esta clase de juegos antes, pero siempre había
sido el quien estaba en la cima!!!
-Qué ocurre Rubio? Acaso nunca has jugado?-
-Sí pero no suelo ser yo quien está atado-
-Pues que lástima, porque hoy te toca-
Luego sin decir una sola palabra más, inclinó su torso hasta tocar sus labios y
lo besó ardientemente, después de acabar con el beso mordió descaradamente sus
labios, dejándolos hinchados y rojos, sangrando en algunos lugares.
Después de eso se levantó otra vez y con una sonrisa cruel encendió sus llamas.
-Sabes lo que podría hacer mi fuego sobre esa blanca piel tuya?. Te imaginas  el
dolor que podría ocasionarte? Las marcas que te dejaría?- Preguntó sensualmente
mientras acercaba su mano lentamente hacia el cuerpo de su prisionero.
Unas lágrimas de miedo acudieron y se liberaron de los ojos de Benimaru.
-Tienes miedo ahora, rubiecito?- La voz era extrañamente cruel.
Sintió como su ropa era consumida por el fuego, pero este no laceraba y
chamuscaba su piel, solo comía la tela, pero sabía que un movimiento en falso y
el dolor sería inolvidable.
Cuando el Yagami terminó y el estaba solo en ropa interior emitió un suspiro de
alivio...
Pero Iori no iba a dejarlo así de fácil. Con sus largas y rojas uñas cruzó el
pecho del luchador abriendo la sensibilizada piel por el reciente calor emitido
por sus flamas púrpureas.
El grito de dolor fue ensordecedor y el pelirrojo se alimentó de él como si
fuera un manjar.
-NO te quejes, rubio, estoy siendo verdaderamente amable contigo-
Las lágrimas se deslizaban rápidas y sin control.
El Yagami se las lamió rápidamente, con su caliente lengua.
En su crueldad esperó a que él otro se calmara un poco antes de volver a
atacarlo.
Lo siguiente fueron mordiscos sobre el tórax, lastimandolo aún más, marcandolo
como suyo.
Lamió suavemente la zona más sensible de su pecho, haciendo que tardara en
notarlo y reaccionar, pero cuando su cuerpo lo hizo, cuando podía sentir como su
respiración se había agitado un poquito, lo mordió con ferocidad, sacándole
sangre.
 
Se deslizó como lo haría una serpiente, sin darle un respiro, ni el mínimo.
Y entonces se enfrentó con la exitación del rubio. Sonrió cruelmente y comenzó a
exitarlo con su lengua...
Lentamente, casi dulcemente. Benimaru reaccionó al ritmo preciso que el
ordenaba.
Cuando sintió que su espalda se curvaba de placer, solo entonces se detuvo.
-Yagami!- Aulló Benimaru desesperado.
-Qué ocurre rubio, es demasiado para ti?-
Se levantó y se quitó la camisa roja que llevaba con enloquecedora calma,
acariciándose a si mismo con lentitud, mientras sentía como el rubio abajo suyo
reaccionaba ante su encantador espectáculo.
-Lo estas disfrutando? Porque aún hay más...-
Desabrochó los ajustados jeans, y comenzó a deslizarlos, luego la ropa interior,
y gimió un poco, como si fuera su compañero quien lo estaba desvistiendo.
Benimaru no podía calmar su respiración, su corazón latía enloquecido, salvaje.
Nunca había sentido algo así, algo tan enloquecedor.
Iori sacó su lengua como si fuera a retomar su tarea, pero en lugar de eso lamió
su ombligo, luego su maltratado pecho, y finalmente introdujo la lengua en la
boca del rubio.
-Qué pretendes Yagami- Preguntó finalmente Benimaru haciendo coraje.
-Hacerte mío, poseerte-
-Entonces hazlo y acabemos con esto de una buena vez!-
-Acaso crees que será tan sencillo, koi?- Aquella palabra fue dicha con ironía,
con maldad. -Tendrás que rogarme-
-Yagami!!!-
Pero el solo sonreía mientras deslizaba su mano hacia la entrepierna, volviendo
a exitar a Benimaru pero sin permitirle nunca liberarse.
-Ruega!!- Le ordenó.
-Por favor, Yagami- Aulló Benimaru humillado.
Con una sonrisa deslizó sus dedos hacia la entrada del muchacho. Se sentía tan
caliente y apretada como si nunca hubiera recibido a nadie... Era
sorprendente...
Deslizó sus dedos, lentamente, y con su boca mordió el lóbulo de la oreja del
rubio.
-Luego me dirás si alguno de tus amantes te ha exitado tanto como yo...-
Después de esas palabras entró en él sin aviso previó.
Mientras estaba dentro de él, usó sus manos para acariciar al rubio con un poco
más de fuerza y desición.
Los gritos de Benimaru eran de puro placer, de delirante y delicioso placer, el
maldito era excelente!.
Finalemente ambos llegaron al orgasmo, liberandose con un grito que fue
ensordecedor. Luego llegó la calma, acompañada por el sueño, el rubio se hallaba
agotado y el pelirrojo también.
 
 
Cuando Benimaru despertó notó que continuaba atado a la cama y que Yagami lo
miraba con una mirada que lo aterraba.
-Esperaba que despertaras, quería que fueras muy conciente de lo que pasará a
continuación-
Como si se tratara de un ritual privado se sacó una cadena la cual llevaba el
símbolo de su familia, la luna, separó la medalla de la cadena y se la fijó en
el dorso de su mano usando la palma de la suya. Encendió su fuego púrpura y
marcó al bello luchador, quien gritó de dolor.
-Ahora estas marcado, soy tu dueño-
Benimaru lloraba de dolor, su piel no estaba acostumbrada a ese tipo de cruel
trato.
-Pero aún no termino, no te permitiré olvidar que me perteneces...-
Colocó la figura en el medio de su pecho y la fijo.
-Por favor, no- Rogó Benimaru, pero nada podía detener al Yagami.
El aullido de dolor volvió a desgarrar la garganta del rubio, que ahora lloraba
amargamente.
Finalmente el pelirrojo sacó de un cajón una cinta de cuero de 5 cm de ancho,
con una hebilla de plata y se la ajustó en el cuello al rubio.
-Si alguna vez llego a ver que te la quitas, sabras lo que se siente ser
envuelto completamente por mis llamas, y conoceras el verdadero sufrimiento que
soy capaz de darte- Le dijo suavemente mientras lo soltaba. Pero Benimaru solo
lloraba amargamente.
-Puedes irte si lo deseas... y si vez a tu amiguito dile que ahora me
perteneces... y que voy a reclamarte todas las veces que quiera...-
El sabía lo que eso significaba... no tenía demasiados significados posibles...
 
 
Benimaru se levantó y se vistió, el pelirrojo lo observaba sentado en la cama y
luego sentado en el sofá mientras lo veía juntar el valor para irse de aquella
casa.
-NO me vas a dar un beso antes de irte?- Preguntó sarcástico.
-Debería?-
-A menos que quieras que te oblige- El rubio cerró los ojos y caminó hacia donde
se encontraba.
Se inclinó hacia el pelirrojo y lo besó profundamente usando toda su
experiencia.
Iori lo miró un segundo cuando se separaron.
-Eso estuvo excelente rubio-
Benimaru sonrió con segura arrogancia, no le permitiría ver cuanto lo había
lastimado, cuando lo había marcado.
Luego sin mirar hacia atrás se retiró de aquella casa, sabiendo que la pesadilla
no había sino comenzado.
 
Fin de la introducción
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