Nuevos Lazos
Fanfic por Cristal
 
Capítulo 4: Planes
 
Benimaru entró junto con el Yagami en la casa, y lo
primero que hizo fue caminar al dormitorio en donde
había dejado descansando a Joy, listo para anunciarle
las buenas noticias.
Estaba tan feliz que parecía flotar en lugar de
caminar, y estaba tan en su mundo que no notaba la
cara de preocupación que había quedado plasmada en el
pelirrojo, pese a su casi completa felicidad.
Distintas dudas corrían por su cabeza como gotas de
lluvia... *No pude protegerlo!. Era un trampa!.
¿Cómo pudo el Kusanagi haber sabido de Joy?. No habría
sido Benimaru el blanco?. Después de todo es evidente
que el Kusanagi estaba tras de él...*
Pero al final pudo disfrazar su rostro con esas
técnicas aprendidas por la experiencia, por las
dolorosas experiencias de su vida.
 
 
 El jovencito dormía en la enorme cama que sus pronto a
ser padres compartían, parecía tan inocente como esas
figuritas de ángeles... aunque de entrada había
parecido un pequeño demonio y más tarde solo un
muchacho demasiado asustado y demasiado lastimado.
-Despierta!- Lo llamó alegremente el rubio
sacudiéndolo un poco -Te tengo noticias!-.
El muchacho abrió sus ojos y lo miró con poco interés.
-Vamos a ser familia!- Terminó el rubio con una
sonrisa de oreja a oreja, arrodillado como estaba a su
lado y con los brazos abiertos.
El moreno se levantó y abrió mucho los ojos.
-De qué hablas?!-
-Iori y yo vamos a casarnos y te adoptaremos
legalmente!-
El muchacho lo miró en silencio, pero Beni se veía tan
feliz... tan completamente honesto, que decidió que
con él nunca sería traicionado otra vez, que el rubio
haría lo imposible por protegerlo, como ya había
demostrado esa mañana. ¿Pero quién podía culparlo por
ser tan desconfiado siempre?.
Finalmente se avalanzó hacia él por segunda vez, y lo
abrazó con tal fuerza que el otro pensó que se
quedaría sin respiración.
  
Ese fue el momento que el pelirrojo eligió para entrar
en la habitación.
La imagen frente a sus ojos era una que quería guardar
por siempre en su memoria, una que esperaba se
repitiera de seguido.
*Tendré una verdadera familia... Joy tendrá el cariño
que merece... cuándo pensé yo que podía llegar a ser
tan feliz?.
Y quién se hubiera atrevido a decirme que lo sería con
el rubio?*
Permaneció allí apoyado en el reyano de la puerta, no
se atrevía a pasar del todo porque sabía que no era el
momento, pero su sonrisa era mayúscula... no más
máscara.
  
Cuando Joy lo soltó, ambos tenían nuevamente los ojos
llenos de lágrimas y se rieron al pensar que era la
segunda vez que les ocurría lo mismo.
Ambos se hicieron consientes del ser que los
observaba, el que los había reunido y ya era parte de
sus vidas, al que amaban y que los amaba, aunque le
costara decir seguido esas palabras.
-Vienes?- Le preguntó Benimaru y ambos le abrieron los
brazos...
Ahora sí, como correspondía los tres juntos...
abrazados...
*Una familia... mi familia*
 
 Apenas una semana después estaban preparando todo para
la ceremonio civil.
Joy era el más emocionado, el más nervioso, quería
asegurarse de que todo fuera perfecto, pero además
dedicó todo lo que podía de su tiempo a aprender
acerca de su nuevo "padre", porque aunque se habían
arrojado un par de chistes al respecto no estaba
dispuesto a llamar, ni permitir que nadie lo hiciera,
a Benimaru "mamá".
Descubrió que era una persona divertida y leal, acerca
de sus poderes, acerca de su pasado y que podía
confiarle lo que sea, y así fue como él le contó todo
acerca de su propia historia...
y Benimaru lloró con él y por él, y Joy supo que era
sincero, y lo amó aún más por eso, por no decir
palabras estúpidas de consuelo, por abrazarlo cuando
él lo necesitaba.
 
El rubio por su lado había tomado como responsabilidad
propia prepararlo todo, desde sus trajes hasta la
decoración de su nuevo hogar, en las afueras de la
ciudad, al que se mudarían después de su unión,
dispuestos a dejar atrás el pasado.
Yagami se dedicó a retar a los miembros de su familia
que se opusieran a la unión, principalmente porque no
podía lograrse el heredero que esperaban, ni podían
controlar al consorte.
 
 Mientras una sombra los vigilaba atentamente, sin que
ninguno de ellos se percatara, y estaba descubriendo
cosas cada vez más interesantes, cosas que
indudablemente le servirían en la competencia que se
avecinaba, y cosas que hacían que deseara aún más a
ese tesoro de cabellos rubios.
 
Pero un pensamiento era el único que dominaba su
mente... no podía permitir que sus presas se uniesen,
porque entonces todo su trabajo, todos sus planes ya
no tenían ningún sentido, ya nunca podría poseer
completamente a Benimaru.
Debía actuar de inmediato y al mismo tiempo ser astuto
y no revelar su mano completa.
  
Mientras meditaba en su guarida acerca de cuándo
actuar y cómo hacerlo decidió bajar a hacerle una
pequeña visita a su moreno cautivo, era bello, no como
Banimaru, pero se veía bien, pensó en un momento
mientras lo veía allí indefenso.
Había despertado apenas unos días antes, y había
pasado mucho tiempo intentando entender por qué sus
llamas no acudían a su órden, y aunque era divertido
verlo perdido, tal vez podía decirle lo que quería
saber.
Se acercó a él.
 
-Es el collar, Kusanagi- Comentó con la voz fría,
mientras lo veía buscandolo en la oscuridad del sitio
en que lo tenía atrapado -En tanto lo lleves puesto
eres un gatito sin garras...-
El moreno aunque no podía encontrar el sitio exacto de
donde provenía la voz mostró todo su odio en los
ojos... sí, esa era una buena mirada para él.
Lo vió pelear para arrancar los grilletes con que lo
mantenía atado y rió ante sus vanos esfuerzos,
haciéndolo enfurecer aún más, pelear con más ahínco, y
no lograr nada excepto lastimarse.
Demasiado orgulloso para pedir nada, mucho menos rogar
y no estando en posición de exigir su libertad
permaneció en un obstinado silencio, jurando que haría
pagar al maldito por esa humillación, cuando fuera que
estuviera libre, bajo las circunstancias en que lo
encontrara...
-Tranquilo... ya tendrás la oportunidad de intentar
acabarme... y quién sabe, quizá hasta puedas poseer a
ese rubio que tanto te atrae-
  
 
Y Kusanagi se supo solo, perdido entre sus
pensamientos, en su humillación, en su orgullo, y
aunque nadie podría suponerlo nunca en él, perdido en
su propio miedo, miedo de no saber donde estaba, ni
las intenciones verdaderas de su cautivo, de que nunca
vería a Benimaru de nuevo y podría pedirle perdón por
su estupidez, miedo de morir sin saber siquiera la
razón, en manos de un enemigo invisible
 

Continua Capitulo 5