Nuevos lazos
Fanfic por Cristal
Capítulo 1: La tormenta
El miró por la ventana... llovía...
Odiaba cuando llovía...
Era como ver el cielo llorando, pero por otro lado era justo, después
de todo, él mismo estaba llorando ese día.
Apoyado contra la ventana, mirando hacia afuera, sus ojos celestes
nublados...
Algunos rayos caían iluminando toda la escena.
LLevaba el cabellos recogido en una cola en la espalda, estaba mojado
y chorreaba sobre su polera negra, mientras permanecía abrazándose a
sí mismo, con fuerza.
No era la primera vez que las cosas salían mal en su vida, pero esa
noche el dolor era superior a otras veces...
Y no había nadie para consolarlo, nadie que susurrara en su oído que
todo pasaría...
Suspiró...
Mejor sería ir a dormir...
Pero la inconciencia no era un consuelo en ese momento, así que
decidió salir a caminar, solo se puso encima de la ropa un tapado
fino, y se abrochó apenas dos botones...
Sus botas hacían ruido en la acera, mientras que sus pantalones se
pegaban aún más a su piel al quedar mojados por el agua...
Aún entonces, las rebeldes seguían rodando por sus mejillas, pero
tampoco entonces hizo ningún intento por pararlas...
Y por una vez parecía inocente, su dolor era visible, parecía un
espectro moviéndose lentamente en la noche.
Suspiró cuando escuchó a alguien siguiendolo.
No le importaba quien fuera, ni cuales eran sus intenciones.
El extraño no tardo en ponerse a la par con él, pero Benimaru ni
siquiera lo miró.
-Estás perdido rubio?-
*De todas las personas, tenía que ser él?*
-No-
El pelirrojo a su lado parecío sorprendido de su corta respuesta, eso
no era habitual en él.
-Qué haces afuera con esta tormenta?.
Creí que estarías con alguien que mantuviera caliente tu cama...-
Benimaru ni siquiera se dió cuenta cuando le había lanzado un golpe
al otro luchador, pero luego tampoco le importó demasiado.
-Lo lamento, tienes todo el derecho a pensar eso, después de todo,
todos creen que soy una especie de ramera...-
Por qué le dolío que el rubio hablara así de sí mismo?.
Que era un chico fácil, de eso no había dudas en ninguna parte, pero
eso no quería decir que él tenía que... despreciarse? por eso.
-Tal vez si fueras capaz de quedarte con alguien lo suficiente para
conocerlo eso no pasaría-
-Iori... los hombres que se acercan a mí raramente quieren algo más
que lo que les doy...- Había un poco de tristeza y un poco de
resignación.
Este no era Nikaido Benimaru!.
-Tal vez entonces no buscaste en los hombres correctos-
-Por qué estás aquí?- Preguntó entonces de improviso, mirándolo por
primera vez.
-Estaba caminando-
-Buscabas a Kyo?-
-No, buscaba alejarme-
-De qué?-
-De mí mismo-
Al parecer esa noche jugarían a las confesiones.
Se quedaron en silencio, caminando uno al lado del otro, tratando de
no pensar.
-Realmente serías capaz de mantener una relación sería con alguien?-
-Define "seria"-
-Solo tú y esa persona, sin otros amantes, sin coquetear con
extraños...-
-No lo sé, si esa persona fuera capaz de hacer que no desee a nadie
más y de lidiar con mi necesidad de libertad...
Si pudiera cortarme las alas y hacer que no las extrañe, sí-
Caminaron un poco más y apenas dejaba de llover cuando Iori se dió
vuelta hacia él y lo detuvo tomándolo por el brazo.
-Es un trato- Dijo entonces y se acercó a él para besarlo, la dulzura
del principio del beso se perdió cuando el rubio respondió a la
invitación del pelirrojo, uniendo su lengua a la de él, danzando con
la de él, aumentando el ritmo.
Y luego de un momento se separó del rubio, teniéndolo entre sus
brazos, apoyado contra su pecho, respirando el mismo aire que él.
Benimaru lo miró, esperando sus siguiente movimiento...
Habría dicho en serio que aceptaba intentar una verdadera relación
con él, o solo era un truco?.
Una forma un poco más cruel que otros de llevárselo a la cama?
Dudaba de sus intenciones especialmente después de ese beso tan...
como describirlo...
*Hambriento* decidió al final.
Iori le sonrió como si hubiera adivinado lo que estaba pasando por su
cabeza.
-Vamos...-
-Dónde?-
-A casa, así tal vez podamos secarnos y evitarte una pulmonía-
-A casa?. A la mía o a la tuya?-
-Cuál te gustaría que fuera?-
-La tuya, quiero estar lejos de todo hoy-
Y el pelirrojo lo guío con la mano en su cintura, aferrandolo fuerte
pero con delicadeza, esta quizá fuera la última broma del destino,
pero quizá también fuese su única posibilidad de salvación.
*Tal vez, aún tengo un alma que perder...* Sonrió tristemente ante el
pensamiento.
Continúa
Capítulo 2