Caprichos 4
Fanfic por Cristal

El rubio estaba parado contra la barra del bar, en una
postura descuidada, quizá por primera vez desde que lo
conocían.
Su con el corazón latía apresuradamente, los labios
temblaban visiblemente y bajo el traje negro regalo de
su dominante su piel totalmente erizada de terror.
Las orbes color aguamarina se clavadas en el cuerpo
fuerte de su compañero entrelazado con el de una
criatura que le recordaba a él mismo unos meses atrás:
libre, sensual y algo desafiante, un verdadero reto
para el peligroso Yagami.
Nadie podía entender por qué se quedaba allí, pasivo,
sin intervenir ante la escena que tenía lugar delante
suyo, a unos pocos metros de distancia, sobre la pista
de baile.

Con el pulso inseguro tomó el trago que el barman le
había traído, invitación de la casa por los viejos
tiempos. Desapareció tan rápidamente por su garganta
que ni siquiera pudo dejarle algún sabor contra el
paladar, si lo hubiera echo quizá hubiera sabido que
se trataba de su favorito.
 
En silencio maldecía la hora que se le había ocurrido
rogarle al pelirrojo que lo llevara a uno de sus
sitios favoritos, un pequeño capricho que creyó
completamente inofensivo.
Mordiéndose los labios recordó las reglas que el otro
había fijado para esa noche:

Nada de bailar lentos con extraños.
Nada de desaparecer entre la multitud.
Nada de tragos exóticos que contuvieran suficiente
alcohol para prenderle fuego.

Había asentido entusiasmado y se había vestido con la
ropa que más le gustaba al otro, después de todo esta
era una noche especial, una noche para celebrar.

Apenas había llegado cuando todo su cuidadoso plan se
fue al demonio, en primer lugar varios de sus antiguos
admiradores se le acercaron listos para reclamar sus
viejos privilegios y la situación estuvo a punto de
acabar en tragedia.
Al fin pudo lograr asegurar a Iori que su lugar estaba
a salvo, pero el otro lo sorprendió colocándole la
maldita correa delante de todos, mostrando
orgullosamente su posesión.

Cuando lograron llegar a la barra un joven de unos 25
años de cabellos negros ondulados y ojos verdes se
acercó a su pareja, con total descaro y voz suave lo
invitó a bailar.
El pelirrojo ni siquiera lo dudó y él se vió
abandonado, reemplazado por ese desconocido que se
creía con derecho a robarle al único hombre al que
entregó su libertad, su completa rendición.
A pesar de su furia conocía perfectamente como
funcionaba la relación única que ellos compartían: no
podía intervenir, todo se iniciaba por decisión de un
dominante y acababa de la misma forma, no había lugar
a reclamos ni recriminaciones.
Se preguntó si quedaría forma alguna de salvar lo que
tenían, lo que compartían juntos, pero la actitud de
su amante, la forma en que permitía que el otro lo
abrazase, le hablase al oído, lo acariciase... allí
tenía su respuesta: no.
Cada segundo, cada movimiento de la maldita aguja del
reloj era una puñalada a sus pequeñas esperanzas...

Si hubiera sido cualquier otro, si no sintiera nada
por él, si la maldita correa que colgaba ahora de su
cuello sin nadie que la sostuviera no fuera un
recordatorio perpetuo de su situación... entonces el
podría pagarle con la misma moneda.
Maldito capricho!. Maldito Iori por olvidarlo con esa
rapidez!. Maldito él por respetar el juego!. Malditos
todos los desconocidos de ese bar y en especial el que
en este momento estaba jugando al gato y al ratón con
su luchador!.

El no era así!.
Estrujó el vaso vacío hasta que una mano en su bícep
le indicó que estaba a punto de hacerse daño.
Una lágrima rodó con lentitud por su mejilla, el dolor
de sentir como sus sueños y fantasías se hacían añicos
e inconscientemente aflojaba la presión en su puño.

-Vaya, vaya, jamás creí que llegaría el día que te
viera a tí llorar...- Esa voz de pura burla provenía
de algún lugar cerca suyo.
-Yo tampoco...- Susurró cerrando los ojos para no ver
a quien tenía en este momento su dulce venganza.
-Debería disfrutarlo, sabes?. Te lo merecerías, pero
nunca pude verte mal...- Una lengua limpiaba su
rostro.

La sorpresa y el terror se pintó en su rostro por
partes iguales, pero apenas un segundo después recordó
que el pelirrojo estaba bastante ocupado como para
preocuparse por lo que le sucediera ahora que ya no
resultaba una mascota interesante.
-Damien...- Finalmente el reconocimiento había llegado
a su mente traspasada por el dolor.
-Qué ocurrió, Benimaru?!. Cómo pudiste dejar que
alguien te colocara un collar?!-
Entonces se dió cuenta que el otro se había acercado
solo porque lo había reconocido sin fijarse realmente
en todo lo que su atuendo representaba y por el horror
en su voz pudo adivinar que acababa de comprender el
error que había cometido traspasando la propiedad de
otro.
Con una sonrisa de desprecio por si mismo se dió la
vuelta y le ordenó al barman que le acercara un
refresco de naranja, aunque esta fuera la última noche
como sumiso del Yagami iba a obedecerlo.

Una mano en su codo lo volteó violentamente.
-Es decir que si te hubiera tratado como una cosa en
lugar de a la criatura más hermosa que conocí te
hubieras quedado conmigo?-
Se soltó del agarre bruscamente mientras trataba de
contener el impulso de darle una descarga, el derecho
de tratarlo de esa forma correspondía a una sola
persona, aún cuando ella no quisiera seguir
ejerciéndolo.
-Iori no me trata como a una cosa!-
-Entonces por qué estás aquí parado como un perchero
mientras él se divierte con Ciel?- Veneno, rencor,
pero se había alejado de él.
-Porque es su decisión y su derecho- Lentamente,
doliéndole cada palabra, pero al mismo tiempo sabiendo
que era la única verdad, sería mejor que comenzara a
comprenderlo.
-Eso es estúpido!- Molesto, casi furioso -Él es un
estúpido si te deja por ese moreno-.
-No es tu problema Damien, mis relaciones son mías-
Con una sonrisa cruel que recordaba tiempos en los que
él era el cazador - Cuando digo adiós lo hago
definitivamente y no voy a aceptar la oferta que tan
poco sutilmente estas intentando hacer, vete de aquí-
Y los despidió con un gesto despectivo de su mano.
Con su mirada buscó al dominante que había elegido...
no estaba en ningún lado!. Tampoco el moreno que lo
había encarado tan desvergonzadamente.

Salió del bar cuando comprendió que a donde hubiera
ido su amante no pensaba volver rápidamente ni
reclamar lo que acababa de abandonar.
Sus pasos eran lentos, se abrazaba a sí mismo mientras
lloraba prohibiéndose emitir un solo sonido, aún
cuando algún suspiro se escapara de vez en cuando.
La correa aún colgaba de su cuello, el collar un
recordatorio cruel de lo que había perdido, por
primera vez realmente se sentía una "muñeca".
Tomó el primer taxi que encontró y con voz quebrada la
dió la dirección mientras el conductor lo miraba por
el espejo retrovisor con ojos de sorpresa y algo
parecido a desagrado.
Abrió la puerta de su hogar mientras rogaba porque no
hubiera nadie allí y al mismo tiempo deseando con todo
su ser lo contrario.
No sabía si sentirse feliz o aún más destrozado frente
al silencio que lo recibió.
Entró al dormitorio que habían compartido hasta ese
instante, se sentó del lado de su amante, y acarició
con lentitud la colcha, cerrando el puño con furia,
deseando destruír todo el lugar, pero finalmente logró
controlarse.
Con las lágrimas aún barriendo su bello rostro abrió
el armario, tomó un bolso y comenzó a poner su ropa
allí, solo aquellas cosas que siempre fueron suyas,
ningún regalo, ningún recuerdo, no podía hacer eso.
Se metió a la ducha... pero tenía tantas imagenes
hermosas asociadas a aquel sitio en su cabeza, tantos
sueños, tantos abrazos y caricias compartidas, tantas
escenas de seducción había tenido su origen allí...
por primera vez realmente le llevó solo cinco minutos
salir.
Se puso un jean azul y una remera del mismo color en
tono metálico.
Volvió a entrar en el dormitorio y dejó sobre la cama
el traje, cuidadosamente doblado, sobre este el collar
y la correa.

Tomó su bolso y comenzó a caminar hacia la puerta de
calle.
Le enviaría las llaves por correo al día siguiente se
juró.

En ese momento el sonido de alguien que llegaba lo
paralizó.
No era justo!. No quería tener que escuchar como el
salvaje pelirrojo daba por terminada su relación!.
Pero sabía que no tenía escape.
Se dejó caer en un sofá, con el bolso al costado de
este, en el suelo. Se limpió las lagrimas a toda
velocidad y en apenas un minuto compuso una cara que
no decía absolutamente nada.
El podía hacerlo, era un artista. Repetía esa
afirmación como un mantra.
La mitad de su ser esperaba ver entrar al desconocido
detrás de Yagami, la otra lo temía.

La puerta se abrió de golpe, siendo azotada contra la
pared.
No pudo evitarlo y se sobresaltó. Tragó saliva,
preguntándose si quizá, solo quizá Ciel había
rechazado a Iori, pero luego se dijo que eso era
imposible. ¿Por qué estaría entonces tan enojado el
amo del fuego violeta?

Juntando todo su valor lo miró a los ojos y lo vió
apoyado contra la puerta, ahora cerrada, enorme,
amenazante.

Contra su voluntad tembló, en sus ojos se reflejó la
preocupación y el temor, no entendía lo que estaba
sucediendo.

-No sé dónde crees que vas pero será mejor que en los
próximos cinco minutos tus cosas vuelvan a estar en el
armario- El sonido de su voz era firme.

No se atrevía a mirarlo a los ojos ni a moverse.

Apenas un momento más tarde una de las manos de su
amante lo tomaban de la barbilla levantándole el
rostro.
No le hacía daño, pero tampoco era amable.
Quería gritarle que lo soltara, que él no estuviera
jugando con él, que él era quien había renunciado a
sus derechos.

-Dije que volvieras tus cosas al armario- Frío,
controlado, el hombre del que se había enamorado.

Por primera vez no le importó volverle la cara, y
permaneció inmovil, sin decir una palabra su vista a
la pared.
Comprendió que había cometido un error cuando una
garra se cerró en su cuello.
-DÓNDE ESTÁ TU COLLAR?!!!-
Qué derecho tenía a estar enfadado?. Acaso esperaba
realmente que se lo llevara?. Para qué?.

-En el dormitorio, con el resto de tus cosas- El
temblor en su voz, el dolor que se podía sentir, se
odio por haber respondido, por no poder resistir el
hechizo de su amante.

De repente se vió libre.
Un momento después había quedado solo en la
habitación.
*No fue tan malo* se dijo mentalmente, mientras con
una de sus manos levantaba el bolso que había dejado a
su costado y se incorporaba dispuesto a desaparecer de
la vida del pelirrojo.

-Si das un paso más te conviertes en ceniza, rubio-
Era el viejo Iori, el domador que aquella noche aceptó
su oferta, el que asesinó a Kyo, el que había dejado
de verlo como a un reto, el que esa noche lo dejara
por un desconocido en un bar y ahora esperaba que él
se quedara en el mismo lugar donde había pasado tantos
momentos felices sin la esperanza de volver a
tenerlos.
Aún dándole la espalda levantó los hombros y desafió
la autoridad que él mismo le había dado como regalo
dando un paso adelante.

El jarrón que estaba sobre una mesilla a su costado
voló en mil padazos,  destrozado por una llamarada tan
poderosa que habría eliminado a un ser humano en un
momento.

-Dije quieto-

Él nunca podría atacar al Yagami, así que obedeció,
quedándose allí en medio de la sala.

-Ven aquí-
-Dijiste que me quedara quieto- Aunque pretendió que
sonara como su viejo yo le fue imposible, la voz del
otro lo hacía temblar de deseo, de furia.
-Aquí, ahora-

Caminó lentamente hasta quedar frente al tigre de ojos
amatista y él fue el primero en desviar la mirada,
bajando los ojos en gesto de sumisión casi automático,
odiándose por no poder aceptar que entre ellos se
habían roto los lazos que los unían.

Una de las manos fuertes del pelirrojo rematada en
rojas garras se entreveró en sus cabellos atrapando su
nuca, luego los labios fríos, exigentes del luchador
se apoderaron de los suyos exigiéndole que se
rindiera.
No pudo o no quizó luchar contra la fuerza
avasalladora de su amante, la forma en que reclamaba
lo que siempre había sido suyo y dejado ir.

-Dónde creías ir?-
Esta vez no podía revelarse, ni moverse, ni evitar los
ojos acusadores del pelirrojo, cómo se atrevía?!.
Sospechar de él!
-Ciel no querrá la competencia en casa...-

La risa Iori resonó por la sala mientras lo arrastraba
hacia el dormitorio.
El bolso quedó olvidado en el medio del suelo donde lo
había arrojado después de sacárselo de las manos.
Una vez que lo tuvo dentro de la habitación cerró la
puerta con llave y por segunda vez se apoyó contra
ella mientras lo miraba.

-A qué juegas Yagami?!- Volvió a mirarlo a los ojos
justo antes de desviar la mirada hacia el sitio donde
había dejado los símbolos de propiedad del otro, allí
estaban descansando justo y cómo él los había dejado.
-Voy a hacerte la misma pregunta, rubio, y me vas a
contestar-
-Jugar?. Yo?!- En ese momento todo lo que durante esa
noche se estuvo acumulando estalló en una descarga que
si el pelirrojo hubiera tenido reflejos menos afilados
hubiera sido su fin.

De inmediato se vió atrapado bajo el cuerpo fuerte de
aquella fiera, ahora verdaderamente furiosa.
Los ojos dilatados y una mueca salvaje en su boca.
Tan peligroso como sensual... Beni no pudo resistirlo
y se unió a él en un beso salvaje, sin sutilezas ni
delicadezas...
Su unión se volvió frenética, no había caricias, ni
palabras, eran arañazos, mordiscos y jadeos.
Animales, sin sentido, casi inconcientes de lo que
estaban haciendo, guiados solo por el instinto y la
necesidad de demostrar al otro que solo podían estar
uno junto al otro, que no habría nadie más, para
ninguno de los dos.

Casi dos horas mas tarde habían vuelto a la realidad,
sus pieles mostraban fieles reflejos de lo que acababa
de ocurrir, sus ojos aún estaban dilatados y sus
respiraciones se habían normalizado pero emitian
pequeños sonidos casi incongruentes.
-No vas a dejarme- Era una afirmación -Así tenga que
mantenerte atado a la cama, no vas a irte. Me diste tu
sumisión y yo la acepté, renunciaste a tu libertad
hasta que yo decida dártela-
Las palabras del pelirrojo confundían al de ojos
aguamarina.
-Iori...- La suavidad en su voz hizo que el pelirrojo
inclinara el rostro para verlo.
Su cabeza descansaba comodamente en el sitio donde se
encuentran el brazo y el hombro, casi sobre el corazón
de su amante, el resto de su cuerpo estaba a medias
montado sobre el cuerpo fuerte del amo del fuego
púrpura, las piernas entrelazadas de tal forma que el
luchador cuyo símbolo es la luna lo mantenía atrapado
en la postura que se encontraba, un brazo lo atrapaba
por la cintura impidiéndole cualquier escape.
-Creí que tú habías terminado nuestra relación...-
Con un dedo suave el otro le acarició el rostro.
-Nunca creí que sintieras tanta inseguridad respecto
de mis sentimientos por tí, ni que me tuvieras en un
concepto tan bajo-

Benimaru correspondió las caricias lentamente,
intentándo entender de qué hablaba su... nuevamente?
dominante.

-Si ya no te deseara en mi vida te habría asesinado-
La frialdad, la verdad de la aceveración lo congeló.
Y sin embargo le produjo un enorme alivio, el no ya no
podía vivir sin el Yagami.

Cuándo se había quedado dormido?. Inmediatamente
después de las palabras del pelirrojo?, Mientras el
otro lo acariciaba con suavidad?.
Ahora despertaba en su cama, en su dormitorio, solo...

Se levantó apartando suavemente las sábanas y la
colcha. Notó que nuevamente era de noche y sonrió,
nunca hubiera pensado estar tan agotado.
Cerca suyo había una silla con una bata de seda blanca
y un sobre.
Se colocó la prenda y leyó la nota... dos veces.
Inmediatamente después la dejó sobre la colcha abierta
y caminó al baño, necesitaba darse una ducha, esa era
la forma en que aclaraba sus ideas... media hora, ese
fue todo el tiempo que le tomó.

Se dirigió al placard con solo una toalla alrededor de
sus húmedos cabellos.
Eligió la ropa con cuidado y se vistió lentamente:
pantalon negro, pies descalzos, una remera negra que
había sido regalo de su dominante tiempo atrás y su
cabello al natural enrulado cuidadosamente.


Después caminó sin prisa hacia la sala para
encontrarse con el pelirrojo, su mente repitiendo
lentamente las palabras que le había escrito, su
decisión tomada, la felicidad haciendolo brillar,
vibrar...

"No soy una persona noble, rubio, pero esta es la
única oportunidad que voy te voy a dar para salirte...

si te quedas conmigo, si te pongo mi collar por
segunda vez, es para siempre"

Lo estaba esperando sentado sobre el afeizar de una de
las ventanas mirando hacia la ciudad.
Vestía su tradicional traje de pelea, su postura no
era tensa pero tampoco relajada, en su mano, apretado,
el collar negro que hasta hacía poco había sido el
suyo.
Por primera vez desde que lo conocía el rubio se
preguntó si quizá el otro temía cuál podía ser su
respuesta, pero luego desechó ese pensamiento, no era
posible algo así, verdad?.

-Iori...- Su voz suave, una vez mas en su lugar de
sumiso, la mirada clavada en la alfombra.
El amo del fuego violeta caminó hacia donde estaba y
le tomó la barbilla, poniendo sus ojos a la misma
altura.
El silencio del dominante era la indicación de que le
tocaba hablar a él.
-Cuando te elegí esa noche... yo sabía lo que
hacía...- Se mordió los labios algo nervioso -Quiero
usar tu collar...-

Su recompenza fue un beso salvaje y la suave sensación
de ese símbolo que creyó jamás volver a portar...
Una de las manos de su amante se enredaba en su
cabello mientras la otra le acariciaba suavemente la
espalda, las uñas rasgando delicadamente la piel
suficiente fuerza para dejar marcas rojas pero no para
abrir heridas.

-Nunca vuelvas a dudar de mí, rubio- Una orden, la voz
apasionada de su dominante.

Su mirada se opacó, aún cuando asintió.

-Aún quieres saber lo que ocurrió, verdad?-

No quería contestar, tal vez lo mejor era dejar que
todo quedara en el pasado, mirar solo hacia el futuro,
olvidar lo que había sucedido en la seguridad de que
él era quien había sido elegido por la fiera que tanto
amaba.

-Benimaru, quiero una respuesta- Nuevamente su juego
habitual.
Caricias suaves, ojos fríos.
-Sí...- No podía desobeder ahora, así que fue honesto.
-Ciel quería un trío- Furioso.


El silencio cayó entre ellos una pregunta aún flotaba
en su mente pero no se atrevía a formularla sin el
permiso del Yagami.
-Adelante, rubio, hoy puedo permitirte un capricho...-
Casi con una sonrisa en los labios, tan relajado que
era extraño.
-Por qué desapareciste?-
Una sonrisa cruel fue su primer respuesta y luego las
palabras confirmaron su sospecha...
-Yo no comparto-

Fin