Caprichos 3
Fanfic por Cristal

Al principio solo una pequeña llama púrpura con el
corazón en un color aún más oscuro y cercano al negro
se manifestó en el centro de su mano, fue haciéndose
más y más fuerte, más y más ardiente hasta cubrir por
completo su mano abierta, en forma de garra.
La furia que lo quemaba ante la escena que se
desarrollaba frente a sus ojos podía ser tan peligrosa
como la controlada manifestación física de su poder
heredado.
Deseaba dañar, castigar a aquellos que se atrevían a
traicionarlo.

Lentamente cómo el depredador que era se acercó hacia
los dos seres que se abrazaban.

Sin embargo pese a todas sus precauciones ellos
parecieron oirlo, o quizá lo habían sentido, habían
sentido el peligro que él representaba, pues se
separaron volviéndose rápidamente a mirarlo.

No había en ellos arrepentimiento por lo que estaban
haciendo y eso solo aumentaba la hoguera interna en
que se encontraba.
Aunque si hubiera mirado con mayor cuidado quizá
hubiera visto como su sumiso bajaba la mirada y
hubiera sentido el corazón acelerarse con algo de
temor.

-Qué crees que estás haciendo aquí, Kusanagi?. Y por
qué crees que te dejaré vivir luego de haber tocado a
MÍ Benimaru-

Los ojos de su rubio se llenaron de sorpresa y la
mostraron.
Acaso había creído siquiera por un momento que le
permitiría el capricho de mantener a su pretendido
amigo?.
Evidentemente no había sopesado adecuadamente las
consecuencias de sus acciones.


El heredero del clan del Sol lo miró a los ojos,
desafiante y al mismo tiempo atemorizado, y hacia lo
correcto al temer, ni él ni ninguno de los de su
familia había enfrentado realmente a un Yagami
enfadado y celoso, a un dominante defendiendo sus
derechos.

-Iori no sé que crees que haces aquí pero esto es solo
entre Beni y yo-

La utilización de una abreviatura, la familiaridad con
ella en la voz, eso fue hechar combustible al fuego.
Eso y negarle lo que el de ojos azules le había
entregado.

-Te equivocas, cómo siempre, Kusanagi. Benimaru es
mío, todo lo que hace tiene que ver conmigo-

El cambio en su postura alertó al moreno que iba en
serio, se había puesto al ataque, el cuerpo hacia
adelante, los músculos en tensión, la respiración más
lenta para acumular fuerza y resistencia, los ojos
fijos, la mirada oscura y los labios curvados en una
sonrisa siniestra al mismo tiempo que colmada de
confianza.

El rubio caminó lentamente hasta su pareja, con la
mirada baja, todo su cuerpo comunicándole sumisión.
-Iori...- Apenas un susurro en su voz.

Sin embargo, aquella actitud suya pareció enfadar a su
viejo amigo, quien le gritó que saliera del medio de
la arena del duelo.
-El no tiene derechos sobre tí!. No puede reclamarte
como de su propiedad!. Eres mío Beni!- Celos, dolor,
el conocimiento de que había dejado pasar de una vez y
para siempre lo que alguna vez le había sido ofrecido
a él en bandeja de oro.

-Ya escuchaste, hermoso, apartate. Voy a borrar al
Kusanagi de este plano de la existencia-

El no quería esto!. Evitar esta situación era
exactamente la razón por la que había accedido a
hablar con el guerrero de los cabellos morenos a
espaldas de su amante, y ahora todo parecía haberse
vuelto del revés.

Podía realmente evitar que el Yagami matara al otro?.
Le consentiría eso como uno de sus caprichos?. Y si lo
hacía, podía su relación sobrevivir a que se lo
hubiera pedido?.

-Iori...- La voz suave, la actitud pasiva, la
deliberada decisión de ignorar al otro, todo en él
buscaba comunicarle a su dominante cuál era su deseo.
-Por favor... solo llevame a casa...-

Las orbes amatista se fijaron en él.
El calor oscuro y peligroso que emitían quemaba su
piel.
Los pasos lentos en su dirección lo hacían temblar.

A espaldas del pelirrojo el otro famoso luchador del
KOF hizo aparecer su propio fuego y a traición lo
dirigió contra su enemigo.

Aún antes de que el grito del rubio escapara de su
garganta, el lo había alejado del peligro y aunque no
había podido evitar parte del impacto, tenía listo el
contraataque...

El de ojos aguamarina miró desde un costado cómo
aquellas dos fieras salvajes luchaban una contra la
otra, por él. Y extrañamente en su corazón solo sentía
temor por que UNA de ellas no saliera del duelo.

El intercambio de flamas continuó haciendo
resplandecer el cielo por lo que parecían ser horas...
pero solo fueron 20 minutos, al cabo de los cuales, la
fiera más fuerte permanecía de pie frente a su eterno
enemigo acostado, inmóvil... un recuerdo en la mente
de algunos de los que lo conocieron, de los que
lucharon contra él, quizá de los que lo amaron...
imposible de decir en realidad.

Y él, sentado en el suelo, su vista baja, esperando...

Volvería Iori por él, o quizá lo juzgaría culpable,
dejándolo solo.
Su corazón tembló de temor, esta vez por sí mismo, por
su destino.

Las botas ahora anunciaron con seguridad la presencia
inquietante del ser al que se había entregado por
completo, por el que había temido.

-Vamonos a casa...-

Por alguna razón el pelirrojo no lo tocó, no lo
abrazó, no lo besó, y eso no lo calmó. Quizá solo
buscaba alejarlos de la escena, el juicio aún no había
llegado.

Se levantó por sus propios medios y caminó lentamente,
esperando y temiendo llegar a destino.


Yagami le indicó que entrara primero, y luego le dijo
que esperara en el sofá.

Con cada gota que escuchaba caer cerca suyo, en la
ducha que estaba tomando su aún dominante, sus
esperanzas parecían escurrirse y perderse...
Se preguntó por un instante si no sería mejor irse en
ese momento, después de todo quizá luego desearía
haberlo hecho. Pero no podía los lazos que lo ataban a
los deseos del pelirrojo eran más fuertes que los
suyos propios.

Una mano se cerró sobre su garganta, sin asfixiarlo en
lo más mínimo, solo haciendo la presión suficiente
para anunciar la presencia del objeto de sus
pensamientos y su estado de ánimo.
-Temiste por él?-
La pregunta lo descolocó por un segundo, pero no dudó
en dar una respuesta honesta.
-No-
-Por qué fuiste a su encuentro sin decírmelo?-
-Él me dijo que de esa forma no tendrían que
enfrentarse...-
-Y en ese momento temiste por él?-
-No, no quería su sangre en tus manos... no quería
enfrentar la posibilidad de que cuando lo hubieras
asesinado ya no tuvieras lugar para mí en tu vida-
Había intentado que su explicación fuera lo más larga
y segura posible, necesitaba que el otro comprendiera.
-Eso crees?. Qué te liberaré ahora que él no está
entre nosotros?-
*El nunca estuvo entre nosotros* Pensó con seguridad,
pero no se atrevió a vocalizarlo.
-No sé lo que haras... ahora-
-Quieres que te libere?-
-No-

Los labios de su amante se acercaron a su oído, la
punta de la lengua acariciando las suaves formas que
lo protegían.
-Lo sé... ahora dime... qué debo hacer contigo?-

Por su columna vertebral corrió una descarga
eléctrica. Sus ojos se abrieron mucho... la última vez
que Iori le había dicho eso... el recuerdo aún
permanecía fresco en su mente, había sido la
experiencia más exitante y aterradora de toda su vida.

Pero antes de eso... antes de contestar a esa pregunta
de la forma en que su pareja quería necesitaba algo.
-Iori...-
-Qué ocurre?- No parecía estar enfadado, era casi como
si estuviera esperando esto.
-Necesito... necesito...-
Se humedeció los labios antes de continuar.
-Necesito que me perdones...-
-Por qué?-
NO!. El Yagami estaba convirtiendo su pedido en uno de
sus juegos de mente.
-Por no haberte dicho de mi reunión con él-

Lentamente una correa se cerró en torno a su cuello,
evidentemente el pelirrojo la traía con él cuando
regresó de su baño porque no se había movido un
centímetro de dónde estaba.
-Shh... nunca vuelvas a pensar en él... esa es la
condición para que te conceda este capricho en
particular-
Luego con la otra mano le obligó a levantar la
barbilla y giró la cabeza de modo que sus ojos se
encontraron.
El Yagami pudo leer en ellos la única respuesta que
necesitaba.
Benimaru nunca dejaría de ser suyo. Nunca. No
importaba cuantos más retaran su dominio sobre él.


Entonces lentamente lo besó en los labios, con
suavidad.
Esta noche en particular necesitaría asegurar al jóven
que aún lo amaba, que aún lo deseaba...
Y para ello recurriría a aquello que más lo
desesperaba, que lo hacía rogar y jurar todo lo que
quisiera...
Le haría el amor de forma torturantemente lenta por
horas.

FIN

SIGUIENTE