Caprichos 2
Fanfic por Cristal
No es fácil distinguirlo entre la multitud, ni entre
las sombras, y aún cuando alguno lo logra rapidamente
huye, algo en su rostro, algo en su aura los aleja sin
remedio..
Su cabello rojo lacio cae descuidadamente sobre un
lado de su cara mientras sus ojos amatista observan
fríamente todo lo que ocurre a su alrededor.
Su cuerpo es alto, musculoso, perfecto, su cuello
pálido, largo y delicado es cortado bruscamente por
una cinta color negra con una hebilla plateada, esos
son sus colores, esos y el rojo sangre.
La presa a la que busca está allí cerca, coqueteando,
burlándose, esperando ser cazada, ser reclamada.
Lentamente, moviéndose con cuidado, sin hacer el menor
ruido se acerca al hermoso ser, tomándolo por la
cintura lo pega a su cuerpo.
-Te atrapé, belleza- Susurra en su oído con aquel tono
bajo, oscuro que hace arder de pasión la piel del
otro.
Lentamente la cabeza rubia se echa hacia atrás
apoyándose contra su hombro, descansando sobre él,
mostrando a quien quiera ver el collar del mismo color
y tamaño que el del otro en su propio cuello, solo que
el broche es una luna creciente que envía un claro
mensaje acerca de quién es su dueño.
-Siempre lo haces...- La respuesta en tono dulce, tan
bajo, tan sumiso, tiene efecto inmediato en él.
Se besan en los labios delicadamente, pero pronto esto
es dejado atrás y la pasión animal los gana.
Se desean, se necesitan, se aman y se odian.
Las manos del pelirrojo rodean con más fuerza la
cintura de su pareja, acariciando el cinturon con
forma de cadena que le regaló, luego suben por su
torso recorriendo la línea de botones de la camisa de
seda, mientras el rubio tiembla contra su cuerpo.
-Debemos detenernos ahora- Suplica, pero sus
movimientos inconscientemente emiten el mensaje
contrario.
La lengua húmeda del Yagami recorre su oreja, caricias
delicadas, y llenas de deseo.
-Siempre dices eso justo antes de rendirte...-
-Estamos en medio de la calle...-
Aunque fuera de noche, aunque no hubiera mucha gente a
su alrededor.
-Creí que te gustaba la aventura...-
Una de su manos largas, pálidas llega hasta su
barbilla y le obliga al más bajo a inclinar el cuello
para darle acceso a aquella zona tan sensible, tan
exquisita, tan perfecta para marcar con su dientes...
Una garra de su amante se enrieda entre su cabellos,
justo del lado contrario al de aquella cortina
protectora, sabe que su rubio lo quiere más pegado a
él, para poder sentir exactamente cuánto lo desea.
El gatito gime en el momento que le conciente su
capricho, y su performance se vuelve mucho más vocal
cuando con sus labios comienza a aplicar presión en el
sitio que liberó para su placer unos segundos antes.
-Por favor...- Iori sonríe para sí mismo, y la
sensación produce deliciosos escalofríos en la columna
de Benimaru -No aquí...-
En ese momento toda acción se detiene. Sin embargo sus
cuerpos permanecen pegados por el abrazo del
pelirrojo.
-No aquí, Benimaru?. Creí que podías hacerlo en
cualquier sitio, en cualquier momento, sin importar
quien pudiera verte...-
El rubio baja su rostro y cierra los ojos,
apretándolos fuertemente como si no quisiera llorar.
-Creí que harías cualquier cosa que yo deseara... qué
fue lo que prometiste mmm...? cumplir todas mis
fantasías... si no estoy recordando mal...-
-Es esta es una de ellas?- Su voz era apenas un hilo,
un susurro. Al haber aceptado a Iori como su
dominante, tenía ciertas obligaciones que cumplir.
El tono de voz afectó al pelirrojo, le hizo comprender
que su pequeño no estaba coqueteando, realmente no
deseaba estar allí.
-Quiero oir tu explicación-
Ese tono de voz... era una orden. Sin embargo una que
no podía cumplir, no podía decirle al Yagami lo que le
ocurría, no tenía las palabras.
Cuando los segundos pasaron y el no había hablado su
amante lo soltó, solo para voltearlo, poniéndolos
frente a frente, un brazo rodeando su cadera
posesivamente, evitándole todo escape.
El deseo se había borrado por completo de la mirada
amatista, al igual que de su cuerpo. Benimaru maldijo
el autocontrol de Iori.
Con aquellas peligrosas manos rematas en garras negras
tomó por segunda vez la barbilla del rubio, esta vez
para obligarle a sostenerle la mirada.
-Tu pasado?. Uno de tus amante?. Sabes que no
consentiré tu capricho de silencio-
"Caprichos"... siempre llamaba así a sus deseos, y a
él le encantaba, pero no hoy, no ahora.
Negó con la cabeza.
-Benimaru- No eran las palabras, era el tono de voz
del pelirrojo lo que lo hizo temblar, lo que le dijo
que estarían allí toda la noche aunque el cielo se
abriera hasta que él contestara.
-Yo... de acuerdo Iori, hagámoslo aquí-
La mirada de su dominante se volvió oscura, total y
completamente.
-No. Habla-
Sus labios se encogieron en una línea amarga.
La garra negra se cerró en torno a su nuca,
produciéndole dolor, se mordió los labios para no
llorar.
-Realmente estás dispuesto a sangrar antes que
decírmelo?. Abre... los... ojos- Le ordenó secamente.
Le costaba respirar, pero asintió, una lágrima de
cristal escapó de sus orbes aguamarina.
Un dedo largo la retiró de su mejilla, y la llevó
hasta los labios fríos que se la bebieron.
-Sólo habla, no te preocupes por nada mas...-
-No puedo!- Confesó en un susurro, el no podía gritar,
eso no estaba permitido.
-Confías en mí?-
Era una trampa y él no tenía más que caer.
-Estar aquí... donde cualquiera puede verme...
vernos... me hace sentir expuesto...- Lo que no dijo
era que le hacía sentir que estarían en peligro, pues
decirlo era como insinuar que no estaba seguro en los
brazos de su tigre.
Lentamente, demasiado, su recompensa por ser un buen
sumiso llegó, un beso apasionado y suave, que le dijo
que era perdonado por su desobediencia temprana, pero
que aún así habrían consecuencias, y el las aceptaría
de buena gana.
Un momento apenas después el pelirrojo sin soltarlo
del todo le dió algo de espacio para permitirle
algunos movimientos.
-Vamos a casa... y luego... usaras la correa por una
semana...-
Odiaba esa correa... por eso era el castigo perfecto,
con ella sus movimientos quedaban restrigidos a un
metro del pelirrojo, y el la tenía entre sus manos
todo el maldito tiempo!.
Hizo un pequeño gesto con sus labios, lo que solo hizo
que su amante sonriera.
Fin
SIGUIENTE