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Notas.- Los personajes que aparecen en ésta historia son del videojuego KOF; y pertenecen a  SNK. //lo siento, me quedé con esa idea//. Advertencia.-  El contenido de esta historia es Yaoi, y por ahí se me van las cabras de vez en cuando >,< así que tengan paciencia y ojala y les guste.

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Secretos Ajenos
Capítulo
XIII :
In a pale moons shadows.
Autor: Benigirl. <abenimaru@hotmail.com>


 

La luz del sol... Jamás fue tan ardiente;

Como un látigo que castiga a los pecadores que osan contrariar los deseos de los dioses qué erran bajo las sombras en la faz de la tierra. Sobretodo de aquellos que vagan encadenados al pasado, añorando permanecer ciegos por toda la eternidad.

La luz del sol... Jamás fue tan egoísta.

Con tan peculiar necesidad de adentrarse hasta en el rincón más oculto de la habitación,  desnudando el alma de aquellos que claman por piedad un segundo antes de perderse en la mirada de un extraño.

Maldita luz que abrazas con celo las penas de todo lo que encuentras a tu paso, intentando alejar los pecados cometidos en el nombre del amor.

-Uhmm...- Parecía que Kyo descansaba pacíficamente sobre la cama, inconsciente de la realidad, ajeno a la incomprensión de aquellos que desean o inclusive aman.

Su alterada respiración falló en alertar la atrocidad de la que fue victima;

Sus labios tenían el sabor del atacante,

Su cuerpo las huellas del delito,

Su mente los recuerdos que en unos minutos serían el peor de los tormentos.

Y por más que su mente grite, todo era en vano,

¿Era acaso que se negaba a despertar?, o tal vez deseaba seguir huyendo de lo que todos sus temores alertaban a más no poder.

A unos metros Benimaru, se admiraba en el espejo, no se podría deducir si estaba satisfecho, o si pasaba por un terrible momento de arrepentimiento. Su mirada parecía estar perfectamente amaestrada como para adivinarlo.

-¿Eres feliz ahora?- Se cuestionó vagamente, como si su conciencia hubiese tomado control total sobre él.

Su cabello cubría la mitad de su rostro, evidenciando la expresión maligna que había acurrucado en lo más profundo de todo su ser.

Su mirada se perdía al observar el cuerpo de aquel que tomó con tan peculiar bajeza... Tan solo un miserable reflejo.

-Me das asco- Se respondió momentos antes de admirar el pecado que traía en sus manos llenas de sangre; Símbolo del perdón que recorría lentamente a lo largo de sus brazos, cayendo finalmente en pecho;

Su cuerpo desnudo delataba su propia incertidumbre; sobretodo al observar a su victima tendida en la cama, recobrando apenas la conciencia.

Murmurando el nombre de aquél que alguna vez con un inquebrantable orgullo dijo ser su mejor amigo.

El rubio se volvió y se acercó; en su mano traía algo que acorde a la cercanía se percibía como una foto.

-Veo que has despertado. -Murmuró con ese tono tan personal.

Kyo intentaba coordinar la coherencia en sus movimientos; Movió su cabeza lentamente hacia un costado, mientras una de sus manos buscaba la sabana para cubrirse.

-¿Qué me has hecho?- Preguntó incrédulo al observar una notable mancha; Sus ojos insistían en negarse a sus propias percepciones; Al propio dolor de su cuerpo.

Ambos se miraban en silencio, sin embargo tenían tantas cosas que escupirse, tanto rencor procreado en tan solo unos minutos...

Tan profundo que  podría destruir una amistad que surgió desde la infancia.

Tan fuerte que debía ser liberado a toda costa.

-¿Tú... Por qué...?- Kyo recayó sobre el instrumento de su desdicha deseando extinguir la voluntad de pertenecer a la realidad presentada; De qué todo fuese una maldita pesadilla.

Pero de nada servían sus lamentos, ni su pena interna; y por más que lo deseara no dejaría de percibir ese peculiar olor a sexo en las sabanas, de sentir esa humedad en la entrada que fue tomada a la fuerza, de probar la esencia de los labios de aquel que lo profanó y revivir la sensación de cuando se aferraba al rubio al momento de ser tomado una y otra vez, pidiendo entre sollozos que se detuviera.

Se cubrió el rostro con temor, y no pudo evitar pensar en Yagami ¿Qué pasaría ahora que se de cuenta?.

-Ahh... No...- Gritó con asco, se arropó con las sabanas salpicadas de sangre; frotándose con ellas como si quisiera calentarse de un terrible invierno.

Benimaru se acomodó a su lado y lo observó con frialdad, como si no le importase lo que veía; suspiró tan fuerte que sintió como un terrible peso le abandonaba.

-Estarás bien... fue sólo sexo...

Kyo no respondió, no deseaba estar en ese lugar ni con esa persona, su cuerpo temblaba de dolor, frío e impotencia; su mente se había cerrado a la realidad, tan sólo palabras innatas salían de su boca.

-¿Porqué?- Una y otra vez, siempre con un tono más desesperante.

El rubio miró el pañuelo blanco, dejándolo caer al suelo, exponiendo finalmente una foto muy familiar para ambos,

-¿La Reconoces?- Preguntó sonriente como si no le importase la condición de su mejor amigo.

-Obsérvala muy bien. -La dejó caer a un costado del aperlado, quien apenas si levantó la cabeza. Sus manos temblorosas se desplazaban lentamente hacía la foto, tomándola con delicadeza.

La observó... y la arrugó con coraje.

-¿Por qué? -Preguntó casi en silencio; su lágrimas brotaron rápidamente.

-Tú siempre... -Tantas que sentía ahogarse.

El rubio se levantó en silencio, dirigiéndose hacia la ventana, despejando totalmente las cortinas.

-Exacto... Siempre la tuve en mi poder. -Respondió volviéndose a su victima.

-Como un tesoro personal.

-Pero.. es que ¿Acaso lo eres realmente?.

-¿Kyo...?

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            -No puedo evitar  tu destino.- La voz moribunda de Yasakani suplicaba con desdicha ante la mirada de Iori, que le observaba en silencio.

Parecía inquebrantable, su semblante indiferente insinuaba la fuerza necesaria para sobrevivir a la maldita herencia que su ancestros le habían dejado con tan peculiar orgullo .

-Perdóname por se tan débil.  -Se lamentó

-Ya no puedo mantenerlo en mi cuerpo.

El pelirrojo se acercó y se postró a su lado.

-Cuando te piensas morir de una buena vez. -Tomó el cuello de su progenitor, estrechándolo sin compasión.

-Tanto tiempo odiándote. -Su mirada penetraba perdida en la de su padre perdiéndose.

-I...ori... argh..! -Yasakani gemía con dolor al sentir tanto resentimiento presionando en su cuello.

-Esperando por este momento. -Una maléfica sonrisa se formó en los labios del pelirrojo.

Kyouki estaba admirada tan terrible escena,

-Ya basta... te lo suplico -Corrió hacia ellos e intentó detener a su hijo

-No puedes matar a tu padre.

Iori la miró con una profunda expresión.

-¿Matar?- Preguntó con inocencia; perdiendo finalmente el pequeño destello de bondad.

-Hijo... Debes controlarte. -Se llevó las manos al pecho, impotente, resignada a observar la voluntad del destino.

Un débil hilo de sangre brotó finalmente de la boca de Yasakani, descontrolando al pelirrojo.

-Morir.  -Sus manos apretaban con furia, sus ojos perdían el hermoso destello para tornarse rojo sangre.

-¿Qué no es ése nuestro destino final?.  -Preguntaba en gritos.

-Muerte. -Su cuerpo temblaba, consternado por sus actos,

-¿A lo que debes enfrentar una vez que has cumplido con tu razón de existir?

-Muérete ya... -Lanzó un estruendoso gritó al mismo tiempo que destruía el cuello de Yasakani.

-Libéralo y deja que todo siga su curso normal.

-Kusanagi!!!!-  Maldición que me encadenas por toda la eternidad... Inclusive mi sufrir en el peor de los infiernos.

Iori cayó exhausto sobre el cuerpo de su padre, susurrando el Apellido de aquel que amaba... hasta perder conciencia.

El corazón de Yasakani finalmente se detuvo, sus brazos yacían postrados sobre la espalda de su primogénito, como si aun después de muerto desease protegerlo del mal..

Kyouki se acercó y miró directamente a los ojos de su amado que parecían observarla.

-Finalmente has perdido la batalla que sostuviste durante tantos años... Sin otro tormentoso pecado que arrastrar hasta el infierno-  La madre de Iori sonrió cínicamente.

            -Mas que el haber sido el eslabón débil qué se dejo morir..en el nombre del amor

-Si... -Agregó entre risas -Aquél qué se convirtió en maldición pura.

Tomó la mano de Iori y la estrechó fuertemente -Siempre lo odiarás.... por todo lo que te hizo sufrir...-

Observó nuevamente la mirada perdida de Yasakani -Aunque hayas sido controlado por la maldición a la que tu mismo te condenaste... siempre serás el culpable de todo.

-¿Pero qué no es ese tú destino?-

 

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