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Notas.- Los personajes que aparecen en ésta historia son del videojuego KOF; y pertenecen a  SNK. //lo siento, me quedé con esa idea//. Advertencia.-  El contenido de esta historia es Yaoi, y por ahí se me van las cabras de vez en cuando >,< así que tengan paciencia y ojala y les guste.

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Secretos Ajenos
Capítulo
 
XI: Encuentro con el pasado.
Autor: Benigirl. <abenimaru@hotmail.com>

 

-Hijo.

-No te esfuerces padre.

-...Debemos hablar. -Saishu estaba débil, pero aún así, deseaba hacerlo.  

Kyo le tomó de la mano, apretándola como muestra de apoyo -Aquí estoy viejo, escuchándote entonces.

El penúltimo de los Kusanagi acarició el rostro de su hijo, un muchacho que apenas tomaba sentido a la vida; tal y como le ocurrió a él tiempo atrás.

-Primero dime a que has venido.

Kyo hizo una pausa, posiblemente buscando las palabras correctas para cuestionar  a su padre sobre un evento que sucedió algunos años atrás.

-Recuerdas... bueno.

Saishu lo miraba en su propio sufrir, impaciente por entenderlo -Dime.

-La foto. -Gritó en un sobresalto -Aquélla donde tu y él...

-Esa foto no está en mi poder. -Observó la reacción de su hijo, quien parecía sorprendido.

-¿Sucede algo?

-¿Hijo? -Kyo escuchó unas palabras a su alrededor, pero su mente estaba sumisa en una persona en particular.

-Eh?-

-Necesito hablarte de algo importante... -Finalmente, la conversación que pretendió evitar a toda costa, era inminente, habiendo llegado el momento de enfrentarla.  

-Te preguntaras que hacía el padre de Yagami aquí. -Kyo asentó la cabeza;

Jamás esperó verlo en la morada del Clan Kusanagi.

Saishu cerró sus ojos y comenzó a relatar lo que fue el principio de su condena.

-Te había mencionado sobre un suceso entre Yasakani y Yo; la última pelea que sostuvimos juntos en contra de Orochi. También te confesé que fui la causa de la maldición que él y todo su descendiente padece. -Kyo se estremeció sorprendido, jamás pudo sospechar que una verdad de esa magnitud estuviese entre los secretos de su padre.

-El culpable de que él decidiera mantener la maldad dentro de su cuerpo. -Saishu vio directo a su hijo, estudiando su desconcierto.

-¿Pero como ocurrió eso?.

Saishu estaba inseguro del limite que debían tener sus palabras; -Bien debes saber cual es el fin del representante del Clan Yagami.

-Me has dicho que la muerte. -Respondió Kyo.

-Uno de los secretos mas dolorosos por el que pasamos los representantes de un Clan, es enfrentar un suceso que jamás pensaste experimentar. -Alcanzó un recuerdo que atesoraba con gran secreto.

-Yo me di cuenta de ello unos segundos antes... -La acarició con esos frágiles dedos que temblaban cuando su mente se estremecía entre los recuerdos. 

-... y no pude matarlo.

-No comprendo... ¿Orochi?

-El sol representa a la vida, mientras que la luna a la pena y soledad en medio de un cautiverio eterno, llamado mundo.- Saishu hizo una pausa y tragó saliva,  manteniendo una fuerte postura en ese momento.

-Matar a Orochi...significaba terminar con la vida de Yasakani.

- Y el no terminar con él significaba mi muerte.

Kyo escuchaba atento, tratando de mantener lejos, el sin fin de cuestiones en su mente.

-Orochi descubrió el más profundo de los sentimientos en ambos guardianes, tomando ventaja de aquel eslabón débil.

-¿Cómo fue eso?

            -Los sentimientos de Yasakani al igual que los míos, eran demasiado transparentes... Y yo me negué rotundamente a terminar con su vida.

         Poco a poco el penúltimo representante del Clan Kusanagi, dejó al descubierto aquél día en el que el destino de los guardianes siguieron una tradición llena de sufrimiento y amargura.

            -Si el guardián del sol fallaba en su misión, estaría condenado a la muerte, por esa razón Yasakani prefirió maldecir a toda su descendencia al aprisionar a Orochi en su corazón.

Dentro del silenció, se escuchó un gemido cargado de impotencia. 

-Ese momento.. fue demasiado para mi.

-El ver como me protegía con su Ki.. "tan frío"... mientras su alma era desgarrada.

-Tal y como debiste haberlo sentirlo tú aquél día en el hospital. ¿Cierto hijo?

El chico abrazó a su padre, transmitiendo ese confort que alguna vez Saishu deseo sentir.

-Kyo..

-No te atormentes más con eso.

Saishu rompió tan hermoso gesto dado, mirando a su hijo -Debes dejar a Yagami.- sus palabras fueron frías.

-No quiero hablar de eso.  -El corazón de Kyo se sintió agudizado, como si hubiesen destrozado alguna parte de él, prefería huir de ese tema.

-Además... Orochi ya no existe, lo destruimos Yagami y yo en el Torneo del 97. - Se predispuso a levantarse del lado de su padre, cuando éste mismo le detuvo del brazo.

-Las reglas del Clan me impiden hablarte con ciertas verdades... Bien sabes que tendrías que morir.  

-Me condenaste cuando estaba en el hospital.

-¡No entiendes nada, Kyo!.

-¿Qué me quieres decir?. -Los ojos de Kyo se estremecieron; jamás pensó oír eso de boca de su padre.

-¿Qué debo acobardarme al igual que tu?... -Su voz desaparecía ante una opresión siniestra sobre su pecho.

-¿Por qué diablos no me hablas con la verdad?. -Más aguda... golpeada con tan terrible dolor.

-Te casarás tan pronto como Yuki regrese.

Kyo se aproximó a la puerta, deteniéndose un momento; reflexionando su decisión.

-Nuestro destino... no será como el de ustedes.

-Eso es lo que más me aterra hijo. -Pensó Saishu una vez que su descendiente salió de la habitación.

-Ojala pudieras perdonarme. -El alma perdida, se arrastraba ante la mirada de aquel virtuoso capaz de perdonar la más terrible de la traición..

-y comprendieras que...  -Una esperanza creada por aquellos sedientos de paz, bajo un hechizo que duerme el alma dejándola caer en la más profunda de las felicidades.

-Existo gracias a ti... Yasakani. -Eterna melodía que se ha clavado en mi cabeza hasta enloquecer. 

-No me rechaces.

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-Madre.. ¿Eres tú?- El pasado latía al cruce de la ciudad; justo frente aquélla mansión,  que cuidaba con celo a los condenados por el destino como castigo de sus osadías.

Yasakani controlando la maldad aprisionada en todo su ser, descansaba en la habitación mientras Kyouki velaba por él, pensativa de cómo las cosas habían salido fuera de control.

En la entrada de aquélla prisión, Yagami observaba hacia la luz presente en una de las habitaciones.

-¿Has llegado?- No pudo evitar el murmurar a su madre mientras acariciaba el portón que siempre odió, sintiendo la frialdad a través de sus manos, haciéndolo estremecer.

-Hijo- De inmediato Kyouki sintió el ki de su retoño ahora convertido en todo un hombre, emocionada tomó un chal de hilo y corrió hacia la ventana en busca de su pequeño.

-Iori- exclamó con alegría acurrucando las manos en su pecho, escondiendo su rostro lloroso entre las extremidades de su chal.

Yagami la observaba a lo lejos, sin expresar emoción alguna .

Caminó hacia la puerta principal, cruzando por viejas memorias, unas mejores que otras; pero que a final de cuentas formaban parte de él.

Se detuvo un instante al recordar la primera vez que estuvieron frente a frente; eran apenas unos niños cuando entonces su enemigo llegó por detrás; confiado de sus actos.

El sol se había ocultado; el cielo a sus hombros estaba vació, sin alguna mancha de contrastes que pudiera opacar la luna que brillaba envidiablemente.

Cerró la puerta a sus espaldas y abrió sus ojos lentamente, encontrando a su madre; permaneció en silencio, limitándose a observarla.

-Iori- Gritó la dama mientras corría a abrazarlo, mas él parecía ajeno al acontecimiento, sin dar muestras de aceptar o rechazarla.

-Kyouki... -El reclamo se incrustó en lo más sensible del corazón..

-Hijo. -Bendito fruto que reniega de su naturaleza, saciando hasta el más oculto de los resentimientos. 

De pronto Yagami sintió a su alrededor el calor maternal que siempre gustó sentir cuando era niño, aquél que no debía sentirse jamás.

-No debes estar aquí...

-Es muy peligroso que estés cercas de tu Padre.- Como una maldición en espera de dominar el corazón abrumado del débil.

 

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“Kyo esta mucho mejor, ya esta fuera de peligro”

“Mañana estaré a primera hora, tengo tantos deseos de verlo."

“No Yuki.... mejor deja que se compongan las cosas... Aún debemos esperar a la reacción de Kusanagi-Sama”

“Bueno, pero no apagues el celular. Te hablo pasado mañana ¿ok?”

El joven apagó el teléfono llevándoselo a los labios;

Caminó hacía el área de espera, asomándose entre los pasillos de acceso.

-¿Todo bien señor?- preguntó una de las enfermeras de guardia.

El chico titubeó por un instante, dejando caer el celular de sus manos -Si, gracias...- Respondió sin dar cara a la voz amable.

La enfermera buscó un calmante y se lo ofreció -Lo peor ya pasó Señor-

-Si...- Susurró con lejanía, como si los pensamientos fuesen absorbidos por sus propias cuestiones en disputa.

Por primera vez, después de que Kyo fue internado; salió del hospital. Era de madrugada y las calles estaban vacías, tan sólo un sin fin de luces como su única compañía.

Estacionó su automóvil,

Su semblante era suicidamente tranquilo, como si apenas acabase de llegar de alguna complicada junta de trabajo.

Activó la alarma del carro y se dirigió hacia el ascensor privado.

En el 59vo piso las puertas se abrieron mostrando un elegante corredor, alfombra roja contrastada con luces ámbar a lo largo del mismo, lo llevarían al final del pasillo en donde su destino se encontraba.

Antes de entrar, se detuvo para contemplar las luces que vigilaban alertas por todas la ciudad.

-Kyo...- murmuró ante la ironía de que aún había gente que podía moverse libremente entre ellas sin ser delatado.

Introdujo la llave con pereza, ¿Era acaso que estaba arrepentido de estar ahí?.

-Te esperaba...- Los besos no se hicieron esperar, una vez que atrajo a quién se había convertido en el guardián de Kyo.

-¿Qué es lo que harás?- Las manos acariciaban los glúteos de aquél indeciso que aún permanecía en silencio.

-Veo que piensas demasiado las cosas. -Agregó entre caricias, tentando sus nervios.

-Estoy feliz de que este con vida... temía perderlo para siempre.- La voz suave del rubio chocaba contra el silenció del cuarto.

El extraño se acercó más, colocando el mentón sobre su hombro. -¿Qué alguna vez te perteneció?.- Murmuró entre abrazos.

-¿Alguna vez?-

-Sólo... Aléjala de aquí...-

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               Kyo entró en el departamento donde vivía,  todo estaba en silencio, las cortinas cubrían las grandes ventanas evitando las luces de la ciudad.

-¿Dónde estás? -Caminó hacía la habitación del rubio, notando que la puerta estaba abierta; ése detalle era un tanto extraño, pues Benimaru era del tipo de personas que amaba la privacidad, nunca dejaba que alguien mirara al interior sin su consentimiento; ni siquiera Kyo.

 La vida del rubio era un enigma para todos, inclusive para su mejor Kyo;

 Entró en la habitación y por primera vez se sintió ajeno a todo ello, como si fuese algo nuevo e incomprensible.

Nunca había escatimado en apreciar el buen gusto del rubio, desde el material de la puerta de acceso, hasta la textura del las cortinas en su ventana. Sus ojos seguían curiosos en percibir ese mundo ajeno a él, cuando algo atrajo su atención. El espejo del tocador estaba completamente estrellado.

Alarmado corrió hacia él, notando manchas de sangre esparcidas cercas del lugar,  como si hubiesen sido provocadas por algún impacto.

Tomó uno de los pedazos con sus manos, y automáticamente se obligó a buscar su propio reflejo..

-¿Kyo?- Escuchó una voz por detrás;  se volvió a ella, encontrando a Benimaru que lo observaba desde el marco de la puerta.

El joven Kusanagi soltó el fragmento de espejo, -Me asustaste- respondió sin dejar de observar a su alrededor.

-¿Qué ocurrió aquí?- preguntó nervioso

Benimaru se acercó, quedando justo a sus espaldas  - Más bien Tú, ¿Qué haces aquí?-

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